Así es el robot agricultor con forma de perro que recorre los cultivos y analiza cada planta con inteligencia artificial
Una nueva generación de robots comienza a caminar entre los cultivos y marca el rumbo hacia la automatización de tareas clave en el campo, con la inteligencia artificial como aliada.

Su silueta recuerda a un perro, pero no ladra, no se distrae y no se cansa. Avanza dentro de los lotes para medir, contar y analizar cada planta con ayuda de inteligencia artificial.
La compañía tecnológica Frutas AI desarrolló este “perro agrónomo”, un robot que recorre cultivos de baja altura y recopila información que hasta ahora dependía del ojo humano.
El dispositivo tiene cuatro patas y una estructura compacta que le permite moverse con estabilidad en terrenos irregulares. Lleva cámaras y sensores que capturan imágenes e información en tres dimensiones. A medida que avanza, registra datos planta por planta.

El sistema aprende patrones del cultivo a lo largo de la temporada y ajusta sus parámetros en función de lo que observa. Esa información alimenta modelos computacionales capaces de estimar las características generales del cultivo y las posibles irregularidades en las plantas. Si detecta sectores que requieren atención, los marca para intervención humana.
En septiembre de 2025, los ingenieros de Frutas AI probaron el robot en viñedos de Chile. El sistema mostró altos niveles de precisión en la medición de tamaño, uniformidad y color de la fruta, además de una disminución marcada en errores de ajuste.
“Conozca al robot con memoria de elefante y el instinto de un agrónomo experimentado”, dice el sitio de la compañía. “Este cuadrúpedo recorre hileras, observa cada planta, recuerda lo que midió y piensa sobre la marcha. No solo sigue un camino. Cuenta brotes, racimos y bayas con una exactitud que ningún muestreo manual puede igualar”.
Tecnología para un sector que se automatiza
El desarrollo busca mejorar los costos y los tiempos de revisión de los cultivos, así como el nivel de detalle de la inspección.
Según explica la empresa, la mayor ventaja es la amplia cobertura espacial. Mientras que una inspección humana suele abarcar una fracción del lote, el robot puede recorrer el 100% del área designada. Eso reduce el margen de estimación y mejora la precisión en decisiones como fertilización, riego o cosecha.
Cuando necesita energía, vuelve solo a su base para recargarse. Si pierde conectividad -algo habitual en zonas rurales- continúa trabajando y almacena la información. Los datos se cargan a la nube cuando recupera señal o regresa a la estación de carga.

Para el productor, esto se traduce en menos desperdicio de insumos, mayor previsibilidad en el rendimiento y datos más consistentes para planificar la campaña. También libera tiempo del agrónomo, que puede enfocarse en el análisis y la estrategia en lugar de pasar horas caminando y contando.
El “perrobot” puede recorrer toda la superficie de un campo. Se mueve de manera autónoma y puede seguir una ruta programada o ser supervisado desde una aplicación móvil. También tiene un modo asistente: acompaña al encargado de la finca mientras este revisa las hileras.
Las limitaciones
No es una máquina todoterreno. Necesita caminos relativamente despejados ya que los obstáculos pueden interrumpir su marcha. La conectividad también puede ser un problema, aunque el robot puede operar sin conexión y sincroniza los datos al volver a la base. Eso implica que la información no siempre está disponible en tiempo real.
No reemplaza al agrónomo. El criterio humano sigue siendo clave para interpretar la información y tomar decisiones complejas. La tecnología funciona como una herramienta de apoyo, no como sustituto total.
El mercado global de robots agrícolas crece con fuerza y distintas empresas desarrollan soluciones para tareas que van desde la recolección hasta el monitoreo de cultivos. Los campos completamente automatizados aún pertenecen más al terreno de la imaginación que al presente, pero dispositivos como este muestran hacia dónde se dirige el sector.