Cómo el primer fósil de dinosaurio hallado en la Antártida pasó 40 años olvidado en un cajón

Un error de clasificación en 1985 hizo que una pieza clave para la ciencia terminara en un depósito de Cambridge. Ahora, un grupo de expertos descubrió que el hueso pertenecía a un titanosaurio.

El histórico hallazgo reescribe la cronología de la exploración paleontológica polar y demuestra la conexión terrestre entre los continentes del sur. Crédito:Tony Jolliffe/BBC News
El histórico hallazgo reescribe la cronología de la exploración paleontológica polar y demuestra la conexión terrestre entre los continentes del sur. Crédito:Tony Jolliffe/BBC News

Un hueso que pasó cuatro décadas guardado en un depósito de la ciudad de Cambridge resultó ser el primer fósil de dinosaurio descubierto en la Antártida.

El hallazgo original ocurrió en 1985 en la isla James Ross, pero el equipo de geólogos lo clasificó por error como el resto de un reptil marino común.

Ahora, una revisión de las colecciones del British Antarctic Survey (BAS) reveló que la pieza pertenecía en realidad a la cola de un titanosaurio. Este redescubrimiento confirma de manera definitiva que estas grandes bestias habitaron el continente blanco hace 82 millones de años.

El descubrimiento del error

El Dr. Mark Evans, responsable de las colecciones geológicas del BAS, encontró el fósil entre miles de muestras traídas de antiguas expediciones polares. Al revisar el contenido de los muebles, detectó que la forma del hueso, de unos 10 centímetros de ancho, no coincidia con la de un animal acuático.

Para confirmar su sospecha, Evans convocó a especialistas del Museo de Historia Natural de Londres, que identificaron de inmediato una articulación esférica en el hueso, una característica anatómica que es exclusiva de los titanosaurios.

Hace 82 millones de años, la Antártida era un entorno sin hielo, cubierto de bosques exuberantes que albergaban fauna prehistórica.
Hace 82 millones de años, la Antártida era un entorno sin hielo, cubierto de bosques exuberantes que albergaban fauna prehistórica.

Los científicos estiman que este ejemplar medía entre 6 y 7 metros de largo. Esto significa que era pequeño en comparación con otros miembros de su familia, que llegaron a medir 35 metros y a pesar 60 toneladas.

Los expertos evalúan dos hipótesis: podría tratarse de un dinosaurio joven que aún estaba en etapa de crecimiento o de una especie enana que adaptó su tamaño a la escasez de recursos de un entorno insular.

Revisando la historia de la historia

Este tipo de revisiones en los archivos se volvió fundamental para la paleontología moderna. Debido a que el clima extremo de la Antártida y las gruesas capas de hielo dificultan enormemente las excavaciones tradicionales en el terreno, los científicos pasan meses buscando pistas ocultas en las rocas subyacentes.

Por eso, los depósitos de los institutos de investigación funcionan hoy como un segundo campo de exploración, donde colecciones enteras recolectadas hace décadas esperan ser reexaminadas con ojos y tecnologías actuales.

Esta pieza fue desenterrada el 9 de diciembre de 1985 por el geólogo Dr. Mike Thomson. En su cuaderno de campo de ese día, Thomson dibujó el fósil a lápiz y anotó que parecía la "vértebra de un reptil grande".

Boceto original del geólogo Dr. Mike Thomson, fechado el 9 de diciembre de 1985, donde catalogó la pieza provisionalmente como la "vértebra de un reptil grande". Crédito: Tony Jolliffe/BBC News
Boceto original del geólogo Dr. Mike Thomson, fechado el 9 de diciembre de 1985, donde catalogó la pieza provisionalmente como la "vértebra de un reptil grande". Crédito: Tony Jolliffe/BBC News

Dado que el equipo buscaba fósiles marinos en esa zona, asumieron de forma lógica que el hueso pertenecía a un reptil acuático de la era mesozoica, como un plesiosaurio.

Por este motivo, el ejemplar se embaló y se archivó en el Reino Unido sin recibir análisis paleontológicos profundos. El Dr. Thomson falleció en 2020 sin conocer el verdadero valor de su hallazgo.

Por qué es importante para la ciencia

La ratificación de este fósil aporta datos clave sobre el pasado del planeta.

Por un lado, confirma que hace 82 millones de años, durante el Cretácico Superior, la Antártida no tenía hielo. El continente estaba cubierto por bosques templados y exuberantes que servían de alimento a estos animales.

Además, este hallazgo aporta evidencia a la teoría de que la península antártica funcionó como un corredor terrestre que unía las masas continentales de América y Oceanía antes de que se separaran.

Aunque en los años posteriores a 1985 se descubrieron otros restos prehistóricos en la región, este fragmento olvidado en un mueble quedó ahora catalogado oficialmente como el eslabón inicial de la historia de los dinosaurios en la Antártida.