El hielo antártico se derrumba y la ciencia acaba de descubrir por qué
Durante décadas, la Antártida pareció resistir el calentamiento global. En 2015 todo cambió de golpe. Un estudio publicado en Science Advances acaba de desentrañar el mecanismo que explica el mayor colapso climático del registro moderno.

Durante los primeros quince años del siglo XXI, mientras el Ártico perdía hielo a un ritmo alarmante, la Antártida hacía algo desconcertante: crecía. El hielo marino austral incluso marcó récords positivos entre 2012 y 2014. Los climatólogos lo llamaban "la paradoja antártica" y no terminaban de explicarla. Luego llegó 2015, y la paradoja se rompió de la forma más brusca posible.
Tal como revela un estudio publicado el 8 de mayo de 2026 en la revista Science Advances, el hielo marino antártico cedió ante vientos intensos que perturbaron las capas del Océano Austral, reemplazando agua superficial fría y relativamente dulce por agua más cálida y salada que desencadenó el derretimiento inicial. Lo que siguió fue una cadena de retroalimentaciones que amplificó el proceso más allá de cualquier proyección. Datos previos muestran que la extensión de hielo marino alcanzó su mínimo histórico en febrero de 2023 y que en julio de ese año la Antártida perdía una superficie de hielo mayor que Europa Occidental. El continente no se ha recuperado desde entonces, con extensiones de hielo que permanecen por debajo del promedio de 1981-2010 en 2025 y principios de 2026.
Antarctic glacier collapses with astonishing speed, setting an ice-loss record that was captured by NASA satellites.https://t.co/5BwE1vKBBU
— Earth Accounting (@EarthAccounting) May 22, 2026
"El sistema está comportándose de una manera diferente", advirtió Aditya Narayanan, oceanógrafo físico de la Universidad de New South Wales en Australia y de la Universidad de Southampton en el Reino Unido, y autor principal del estudio. "Obviamente, algo ha cambiado." El mayor cambio climático en curso del sistema terrestre ya tiene nombre, mecanismo y, potencialmente, un final que depende de las decisiones que la humanidad tome en los próximos años.
Tres fases para un colapso anunciado
La investigación reconstruyó el proceso utilizando un modelo híbrido que combina observaciones satelitales y sensores oceanográficos con simulaciones numéricas. El resultado es la primera explicación mecánica completa de lo ocurrido entre 2013 y 2023, articulada en tres fases consecutivas.
Entre 2013 y 2015, el hielo marino crecía, pero bajo la superficie fría algo estaba cambiando. El co-autor Theo Spira, investigador del Instituto Alfred Wegener en Alemania, documentó en un trabajo paralelo publicado en Nature Climate Change que la capa de "Winter Water", una banda gruesa de agua helada que actuaba como barrera protectora entre la superficie y las aguas más cálidas en profundidad, llevaba adelgazandose desde 2005. El mecanismo: los vientos del oeste del Hemisferio Sur se intensificaron debido al agujero de ozono sobre la Antártida, que fortaleció el vórtice polar antártico y, a su vez, recrudeció los vientos.

Esos vientos del oeste más fuertes desplazaron las aguas superficiales hacia el norte, obligando a las capas más profundas a ascender para reemplazarlas. La respuesta inmediata del océano fue, paradójicamente, producir más hielo marino: agua fría y dulce llegaba más lejos a lo largo de los márgenes del continente. Pero el calor acumulado en profundidad seguía subiendo lentamente. Era la calma antes de la tormenta.
En 2015, los vientos del oeste se intensificaron aún más. Para entonces, el agujero de ozono se estaba recuperando, pero el calentamiento atmosférico por emisiones humanas de gases de efecto invernadero tenía el mismo efecto de recrudecer los vientos. El agua circumpolar profunda , más cálida y salada, penetró la capa de Winter Water y alcanzó la superficie. "Después de 2015, se observa claramente una mezcla aumentada desde abajo de calor y sal", señala Narayanan. "El iniciador de la pérdida de hielo marino fue ese calor desde abajo."
El punto de no retorno: cuando el océano empieza a cocinarse a sí mismo
Para 2018, el proceso se había convertido en autorreforzante. La pérdida de hielo marino redujo la cantidad de luz solar reflejada al espacio por esa superficie blanca y aumentó el calor absorbido por el Océano Austral, especialmente en verano. Eso retrasó el crecimiento del hielo cada otoño subsiguiente: el océano debía transferir su exceso de calor a la atmósfera antes de poder producir hielo. Cuanto más tarde se forma el hielo, menor es su extensión y más calor absorbe el océano. Un bucle sin freno visible.

La sal también jugó un papel determinante. El hielo marino es fuente de agua dulce cuando se derrite en verano, lo que ayudaba a mantener fría y estratificada la superficie del Océano Austral. Al haber menos hielo en invierno, hay menos agua dulce disponible para mantener esas capas naturales. "Un océano superior más salado significa que podés mantener la estratificación vertical débil y el mezclado vertical en marcha", explicó Narayanan.
Las consecuencias van mucho más allá del hielo en sí. El Océano Austral ha absorbido aproximadamente el 75% del exceso de calor en la atmósfera durante los últimos 50 años, y el hielo marino cumple un rol central en ese almacenamiento. Cuando el hielo se forma, libera sal que crea corrientes densas que fluyen hacia el norte, transportando calor y carbono desde la atmósfera hacia las profundidades del océano. A medida que el hielo marino se reduce, la sal se concentra menos, impidiendo que el agua se hunda y almacene calor y carbono en profundidad. El pulmón climático del planeta está perdiendo capacidad respiratoria. La pérdida de hielo marino ya está afectando el ecosistema antártico a través de mortandades masivas en colonias de pingüinos emperadores.
Referencia de la noticia
Aditya Narayanan et al. ,Compound drivers of Antarctic sea ice loss and Southern Ocean destratification.Sci. Adv.12,eaeb0166(2026).DOI:10.1126/sciadv.aeb0166
Spira, T., du Plessis, M., Haumann, F.A. et al. Wind-triggered Antarctic sea-ice decline preconditioned by thinning Winter Water. Nat. Clim. Chang. 16, 583–590 (2026). https://doi.org/10.1038/s41558-026-02601-4
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