El Niño apaga el sumidero de carbono de los bosques sudamericanos: por qué 2026 preocupa a los científicos
Un estudio que midió árbol por árbol 123 parcelas de bosque en Sudamérica tropical comprobó que, durante El Niño de 2015-2016, la absorción neta de carbono se detuvo por completo. Con un nuevo Niño en marcha, los bosques del borde del Amazonas son los más expuestos.

El bosque amazónico almacena alrededor de 123.000 millones de toneladas de carbono: más que cualquier otro ecosistema terrestre del planeta. Durante décadas funcionó como un sumidero neto, es decir, retiró de la atmósfera más dióxido de carbono del que devolvió. Ese servicio, silencioso y gratuito, viene amortiguando una parte del calentamiento global que de otro modo ya estaríamos sintiendo con más fuerza.
Pero ese servicio no está garantizado. Una investigación publicada en la revista Nature Climate Change, liderada por Amy Bennett, investigadora de la Universidad de Leeds, y firmada por más de un centenar de científicos, encontró que durante el El Niño extremo de 2015-2016 el sumidero de carbono de la biomasa de los bosques sudamericanos dejó de funcionar. El balance de carbono se volvió estadísticamente indistinguible de cero: −0,02 ± 0,37 megagramos de carbono por hectárea y por año. Hasta entonces, esos mismos bosques venían almacenando en torno a un tercio de tonelada de carbono por hectárea cada año.
As of July 19th update, the Nino 3.4 sea-surface temperature is now more than 3.7 standard deviations above the 1991-2020 mean.
— Prof. Eliot Jacobson (@EliotJacobson) July 20, 2026
With the warming just getting started, this El Nino is still in charted territory, but just barely. pic.twitter.com/zwdm27pOVs
La pregunta obvia es por qué esto vuelve a ser noticia ahora, casi tres años después de la publicación. La respuesta está en el Pacífico. El 11 de junio de 2026, la NOAA de Estados Unidos emitió un aviso de El Niño: el fenómeno ya está presente, no es un pronóstico. Y las actualizaciones posteriores del Climate Prediction Center indican que se fortalecerá hacia fin de año, con alrededor de un 63 % de probabilidad de alcanzar la categoría de "muy fuerte". Dicho de otro modo: el experimento natural que los científicos analizaron en 2015-2016 podría estar por repetirse, y con más intensidad.
Por qué un bosque deja de absorber carbono
El mecanismo básico es más simple de lo que parece. Los árboles absorben CO2 a través de los poros de sus hojas, llamados estomas, y lo convierten en biomasa mediante la fotosíntesis. Cuando el aire se vuelve excesivamente cálido y seco, la planta cierra esos poros para no perder agua. El problema es que, al cerrarlos, también corta su propio suministro de combustible: sin CO2 entrando, la fotosíntesis se frena y el crecimiento se detiene.
El Niño: The equatorial Pacific continues to warm beneath the surface, with the peak subsurface temperature anomaly reaching +8.6°C the highest of the event so far.
— Ben Noll (@BenNollWeather) July 29, 2026
As westerly wind bursts continue, more warming is expected. The peak subsurface anomaly could soon exceed +10°C. pic.twitter.com/PjVOA5fcc6
Ahora bien, el estudio mostró que la historia no termina ahí, y este es el punto más interesante del trabajo. Durante El Niño de 2015-2016, cuando las temperaturas sobre el continente estuvieron al menos un grado por encima de lo habitual, la mortalidad de árboles subió del 1,8 % al 3 % anual en el conjunto de los bosques tropicales sudamericanos. Pero el promedio esconde lo importante: en los árboles medianos (más de 20 centímetros de diámetro) y grandes, la mortalidad prácticamente se duplicó.
Ese patrón es una firma diagnóstica. Los árboles grandes y de madera menos densa murieron a tasas mucho más altas que los pequeños y los de madera dura, y eso apunta con fuerza a una falla hidráulica, no a una lenta inanición por falta de carbono. Los investigadores midieron más de medio millón de árboles de unas 4.000 especies, en seis países sudamericanos, a lo largo de más de tres décadas, y encontraron que la vulnerabilidad estaba estrechamente ligada al clima de base de cada sitio. Los bosques más secos, los del borde del Amazonas, fueron los más castigados: allí, cada 0,5 °C de aumento de temperatura se tradujo, en promedio, en una pérdida del 0,5 % del carbono almacenado en la biomasa aérea.
Lo que hay que mirar en 2026
El estado actual del Pacífico no deja mucho margen a la ambigüedad. Según el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia, la anomalía de temperatura del mar en la región Niño 3.4 pasó de +0,48 °C en el trimestre marzo-mayo a +0,94 °C en mayo de 2026, y la medición semanal centrada en el 17 de junio ya trepaba a +1,7 °C. El grueso de los modelos ubica el pico del evento hacia el trimestre septiembre-noviembre de 2026, y una porción mayoritaria de ellos lo proyecta en categoría "muy fuerte".
The #Amazon is being transformed from lush #forest into charcoal. The #rainforest is burning faster than ever before, with a record number of #fires. #Heatwaves and #droughts have turned the region into a barrel of gunpowder, just waiting for natural or unnatural ignition. pic.twitter.com/Y0TOFPw0oT
— Peter Dynes (@PGDynes) August 30, 2024
A esto se suma una tendencia de fondo que conviene no perder de vista: en los últimos 60 años hubo el doble de El Niño "muy fuertes" que en los 60 años anteriores. Si los eventos extremos se vuelven más frecuentes e intensos, el margen de recuperación del bosque entre uno y otro se acorta. Los autores del estudio advierten que los extremos climáticos posiblemente ya estén empujando a los bosques del borde amazónico más allá de su capacidad de adaptación. La conclusión incómoda es que la adaptación a la sequía estacional no alcanza para protegerlos de un evento extremo.
No obstante, el propio trabajo concluye que los bosques tropicales sudamericanos intactos, tomados en conjunto, no resultaron más sensibles al El Niño extremo de 2015-2016 que a eventos previos menos intensos, y que siguen siendo una defensa clave frente al cambio climático, siempre y cuando se los proteja. La lectura correcta, entonces, no es "el Amazonas dejó de absorber carbono y no hay nada que hacer". Es más precisa y, en el fondo, más accionable: los bordes degradados y secos son los que se apagan primero, y por eso mantener el bosque intacto pesa hoy más que nunca.
Referencia de la noticia
Amy C. Bennett. (2023). Impact of the 2015–2016 El Niño on the carbon dynamics of South American tropical forests.