La maravillosa potencia de los Géiseres: cómo se forman y dónde ver los más espectaculares, incluso en Argentina

Columnas de agua hirviendo y vapor que irrumpen desde el subsuelo y revelan lo que ocurre a kilómetros de profundidad.

Estas columnas pueden alcanzar varios metros de altura en cuestión de segundos.
Estas columnas pueden alcanzar varios metros de altura en cuestión de segundos.

No es un espectáculo que se vea todos los días, ni en cualquier lugar. El suelo se abre, el agua irrumpe con fuerza y una columna de vapor se eleva como si la Tierra exhalara. Dura segundos o minutos, pero alcanza para crear una visión sobrecogedora.

Un géiser es una fuente termal que entra en erupción de manera intermitente, expulsando agua caliente y vapor a presión.

Para que exista, tienen que coincidir factores muy específicos: calor subterráneo, agua infiltrada y una red de conductos que permita acumular presión. Por eso aparecen en muy pocos lugares del planeta.

A medida que el vapor se enfría, crea escenas casi etéreas en el entorno.
A medida que el vapor se enfría, crea escenas casi etéreas en el entorno.

El mecanismo es bastante simple: el agua en superficie se filtra y desciende hasta zonas donde el calor del magma la eleva a temperaturas muy altas. Pero no hierve como en una olla común. Al estar bajo presión, puede superar el punto de ebullición sin convertirse en vapor.

Hasta que una pequeña liberación de presión desata una reacción en cadena: el agua se transforma en vapor, se expande y empuja todo hacia arriba. El resultado es una erupción de columnas de agua y vapor al aire. En algunos géiseres, puede alcanzar más de 100 km/h al salir por la abertura, impulsada por la expansión del vapor bajo presión.

Después, el sistema se descomprime… y vuelve a empezar.

No todos los géiseres son iguales. Algunos forman conos y expulsan chorros más definidos, mientras que otros, llamados de fuente, emergen desde piletas y tienen erupciones más amplias e irregulares.

Dónde ver géiseres: pocos lugares, muy especiales

Los géiseres suelen formarse cerca de zonas volcánicas o con actividad geotérmica activa o reciente. Por eso hay relativamente pocos en el planeta y concentrados en lugares muy específicos.

Algunos de los más importantes son:

Parque Nacional Yellowstone (Estados Unidos): el mayor campo de géiseres del mundo, con cientos de ejemplares activos, entre ellos el famoso Old Faithful.

Área geotérmica de Geysir (Islandia): el sitio que le dio nombre al fenómeno. Muy cerca está Strokkur, que entra en erupción cada pocos minutos.

Valle de los Géiseres (Rusia): una de las mayores concentraciones del planeta, en la península de Kamchatka, en un entorno remoto.

Rotorua (Nueva Zelanda): una región con intensa actividad geotérmica, donde los géiseres conviven con piscinas de barro y vapor.

El Tatio (Chile): uno de los campos de géiseres más altos del mundo, activo especialmente al amanecer en pleno altiplano andino.

    ¿Hay géiseres en Argentina?

    Sí, pero con una salvedad importante: no en la escala ni con el comportamiento clásico de los grandes campos del mundo.

    El principal punto de interés es el Área Natural Protegida Domuyo, en Neuquén, uno de los centros geotérmicos más activos del país.

    Allí hay manifestaciones como fumarolas, solfataras, aguas termales y emisiones de vapor a alta temperatura. En algunos sectores se observan expulsiones intermitentes que se asemejan a pequeños géiseres, aunque no alcanzan la regularidad ni la potencia de los sistemas más conocidos.

    En la zona de Varvarco, también en Neuquén, aparecen fenómenos similares vinculados a la actividad volcánica.

    Más al norte, en Cátua (Jujuy), en plena Puna, hay emisiones de vapor y actividad termal a gran altura. En condiciones de frío extremo, el contraste térmico genera escenas muy llamativas, aunque se trata más de actividad fumarólica que de géiseres clásicos.

    Cada erupción es el resultado de un delicado equilibrio entre calor, agua y presión.
    Cada erupción es el resultado de un delicado equilibrio entre calor, agua y presión.

    En la Puna de Catamarca, especialmente en la zona de Antofagasta de la Sierra, también hay manifestaciones geotérmicas como fumarolas y aguas termales, vinculadas a la actividad volcánica de la región.

    No forman campos extensos ni predecibles como Yellowstone o El Tatio. Son más aislados y, en muchos casos, más difíciles de acceder.

    Un fenómeno raro, pero revelador

    No es solo una cuestión estética, aunque lo visual impacta. Los géiseres son una ventana directa al interior de la Tierra: procesos que ocurren a kilómetros de profundidad aparecen, de repente, frente a los ojos.

    También tienen ritmo. Algunos erupcionan cada pocos minutos; otros son impredecibles. Y hay un contraste difícil de ignorar: la erupción es violenta, pero el vapor que queda flotando crea escenas casi irreales.

    Los géiseres son escasos porque requieren una combinación muy precisa de condiciones que casi nunca se da. Pero, cuando se crean, el resultado es difícil de olvidar. Lo que normalmente permanece oculto se vuelve visible. Y la Tierra deja de ser silenciosa, para dar indicios de su potencia oculta.

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