Ni litio ni paneles: logran guardar energía solar por meses imitando al ADN humano
Mientras millones de personas se ponen protector solar para evitar que la radiación ultravioleta dañe su piel, un grupo de científicos encontró justamente ahí una pista para resolver uno de los grandes problemas de la transición energética

¿Y si pudiéramos "embotellar" el calor del verano para usarlo en pleno invierno? Parece una idea de ciencia ficción, pero la ciencia acaba de dar un paso gigante. Un equipo de investigadores de la Universidad de California logró lo que parecía imposible: almacenar energía del Sol durante meses dentro de moléculas que funcionan como "resortes" invisibles, inspirándose nada menos que en nuestra propia piel.
El “truco” químico que usa nuestra piel para defenderse del Sol
Cuando la piel recibe demasiada radiación UV, algunas moléculas del ADN sufren deformaciones. Es uno de los mecanismos detrás de las quemaduras solares. Pero ciertos organismos desarrollaron, a lo largo de millones de años de evolución, sistemas capaces de reparar ese daño gracias a enzimas especiales.
Ahí apareció la idea que impulsó esta investigación.
Un equipo liderado por la química Grace Han, de la Universidad de California en Santa Bárbara, tomó como modelo esas transformaciones moleculares naturales para diseñar un sistema capaz de almacenar energía solar de manera extremadamente compacta.
Este nuevo trabajo parece haber dado un salto importante.
Una molécula diminuta que almacena energía como si fuera una batería
El corazón del sistema es una molécula inspirada en componentes del ADN llamada pirimidona. Cuando recibe radiación ultravioleta de alta energía, cambia su estructura y queda “tensionada”, almacenando energía química en ese nuevo estado.
Después, mediante un disparador químico, vuelve rápidamente a su forma original y libera toda esa energía acumulada como calor.
En resumen, funciona así:
- Captura: recibe la luz UV y cambia su forma, quedando "tensionada" y cargada de energía.
- Almacenamiento: puede quedarse en ese estado durante días, semanas o incluso años.
- Liberación: mediante un "disparador" químico, la molécula vuelve a su forma original y suelta todo ese calor de golpe.
Dato de impacto: en las pruebas, una cantidad mínima de este material liberó suficiente energía como para hervir agua al instante.
¿El fin de las baterías? Por qué este sistema le gana al litio
Lo que más sorprendió a los especialistas no es solo que funcione, sino su potencia. El sistema alcanzó una densidad energética de 1,65 megajulios por kilogramo.

Para que tengamos una referencia: esta cifra supera la capacidad de muchas baterías de ion-litio que usamos hoy en celulares o autos eléctricos. La diferencia clave es que aquí no guardamos electricidad, sino calor puro, algo vital para un mundo que todavía depende del gas y el petróleo para calefaccionarse.
El desafío no es guardar energía: es liberarla de manera práctica
Ahora bien, todavía estamos lejos de ver esta tecnología instalada en casas o edificios.
El propio estudio reconoce varios obstáculos importantes. El primero tiene que ver con la luz necesaria para activar el sistema. Actualmente la molécula responde a radiación UV de unos 300 nanómetros, una franja muy energética de la luz solar que llega en cantidades relativamente pequeñas a la superficie terrestre.
Además, para liberar la energía almacenada utilizaron ácido clorhídrico, una sustancia corrosiva y poco práctica para aplicaciones masivas.
Y ahí aparece otra idea interesante: ventanas inteligentes.
Ventanas que almacenan calor solar: la idea que empieza a tomar forma
Algunos equipos ya trabajan en versiones sólidas de esta tecnología. En lugar de líquidos o compuestos que deban circular dentro de tuberías, imaginan recubrimientos transparentes capaces de almacenar calor directamente sobre superficies. Por ejemplo, ventanas que absorban energía durante el día y la liberen más tarde para calefaccionar ambientes o evitar condensación.
Suena futurista, pero también bastante lógico. En el fondo, la naturaleza lleva millones de años haciendo química solar ultracompleja usando moléculas diminutas.
La diferencia es que ahora los científicos intentan copiar esas estrategias para resolver problemas muy humanos: almacenar energía limpia, reducir emisiones y depender menos de los combustibles fósiles.
Y aunque todavía falta mucho para que estas moléculas salten del laboratorio a la vida cotidiana, el trabajo deja algo claro: a veces las respuestas para la transición energética no están en máquinas gigantes ni en tecnologías imposibles, sino escondidas en procesos microscópicos que nuestro propio cuerpo conoce desde siempre.
Referencia de la noticia
Han PQ Nguyen y otros. Almacenamiento molecular de energía solar térmica en primidona Dewar con una capacidad superior a 1,6 megajulios por kilogramo. Science 392 , eaec6413 (2026). DOI: 10.1126/science.aec6413
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