Sin sol, sin cosechas, sin verano: así sería el día después de que despierte un supervolcán como Yellowstone

Un supervolcán como Yellowstone entrando en erupción hoy, no solo arrasaría Estados Unidos: enfriaría el planeta, arruinaría cosechas globales y desataría la peor crisis alimentaria global desde 1816.

Representación artística de cómo luciría una erupción del supervolcán Yellowstone vista desde el espacio. Sus consecuencias serían catastróficas para el hemisferio norte y para todo el planeta.
Representación artística de cómo luciría una erupción del supervolcán Yellowstone vista desde el espacio. Sus consecuencias serían catastróficas para el hemisferio norte y para todo el planeta.

Bajo el Parque Nacional Yellowstone late una cámara magmática capaz de cambiar el clima del planeta en días. No es ciencia ficción: hace 631.000 años esa caldera protagonizó su última supererupción, y tarde o temprano va a repetirse.

Especialistas en desastres y volcanes de la University College London y la Universidad de Coventry respondieron la pregunta incómoda: ¿qué pasaría si ocurriera hoy, con casi ocho mil millones de personas dependiendo de cadenas de suministro cada vez más frágiles?

Vista aérea de la caldera de Yellowstone: mide aproximadamente 55 × 72 km y se encuentra en la esquina noroeste de Wyoming, donde se sitúa la mayor parte del parque del mismo nombre
Vista aérea de la caldera de Yellowstone: mide aproximadamente 55 × 72 km y se encuentra en la esquina noroeste de Wyoming, donde se sitúa la mayor parte del parque del mismo nombre

El escenario, basado en modelos geológicos y en cómo distintos países respondieron a catástrofes recientes, no es alentador: en el peor de los casos, la erupción y su cascada de consecuencias podrían provocar entre 700 millones y 1.300 millones de muertes prematuras en todo el mundo. No por lava ni ceniza incandescente, sino por algo más silencioso y letal: la falta de comida.

72 horas para el colapso: así arrancaría el desastre

Todo empezaría con señales que los sismólogos vigilan las 24 horas: enjambres sísmicos cada vez más superficiales, el suelo hinchándose como una ampolla y géiseres comportándose raro. Si esas alertas escalaran a erupción, la columna de ceniza y gas treparía hasta 50 kilómetros.

En las primeras horas, corrientes piroclásticas a cientos de grados arrasarían decenas de kilómetros a la redonda y sepultarían campos de cultivo en ocho estados. A las dos semanas, buena parte de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe estarían en emergencia: rutas cortadas, aeropuertos cerrados, agua y energía colapsadas.

Ahí reaparece el fantasma de 1816, el célebre "año sin verano". Un año antes, el volcán Tambora —más chico que Yellowstone— había lanzado a la atmósfera unas 140.000 millones de toneladas de roca pulverizada, suficiente para enfriar el planeta entre 0,4 y 0,7 grados en promedio, con caídas locales de hasta tres.

El resultado: heladas en el verano en Nueva Inglaterra, hambruna en Suiza, motines por pan en Francia e Inglaterra y una ola migratoria hacia América. Mary Shelley, encerrada por el mal tiempo junto al lago Ginebra, escribió Frankenstein esa temporada gris. Yellowstone podría enfriar la Tierra entre 3 y 5 grados, con efectos que durarían una década.

Cuando se apaga el granero del mundo

Ahí aparece la verdadera bomba de tiempo. Estados Unidos y Canadá concentran buena parte de las exportaciones globales de trigo, maíz y soja, y ese "granero" quedaría sepultado.

"El cinturón triguero y otras zonas agrícolas quedarían destruidas. Eso generaría una migración inimaginable y desafíos geopolíticos", resumió el vulcanólogo Christopher Kilburn, de la UCL.

Sin cosechas norteamericanas, los alimentos se encarecerían en todo el planeta, golpeando primero a los países que hoy dependen de esas importaciones, desde el norte de África hasta Medio Oriente.

Mapa de la distribución de cenizas que podría producirse tras una supererupción de Yellowstone de un mes de duración según el modelo. Los resultados varían en función del viento y las condiciones de la erupción. Fuente: USGS
Mapa de la distribución de cenizas que podría producirse tras una supererupción de Yellowstone de un mes de duración según el modelo. Los resultados varían en función del viento y las condiciones de la erupción. Fuente: USGS

Modelos de riesgo sistémico calculan que un evento así podría costarle a la economía global varios billones de dólares (millones de millones) y recortar el PBI mundial hasta un 0,7 %, sin recuperación completa en un lustro.

Y surge la paradoja climática: esos aerosoles de azufre enfriarían la Tierra unos años, algo parecido —pero mucho más intenso— a lo que hizo el Pinatubo en 1991, cuando bajó la temperatura global medio grado durante dos años. Ese enfriamiento no frena el calentamiento de fondo: el dióxido de carbono seguiría acumulándose, así que cuando el velo volcánico se disipe, el planeta retomaría su curva de calentamiento con la agricultura y la economía ya devastadas.

¿Qué tan probable es que pase esto en lo que queda del siglo?

Puesto en números, el panorama es menos alarmante que el relato. El USGS calcula la probabilidad anual de una supererupción en Yellowstone en apenas 1 en 730.000, lo que en todo el siglo XXI apenas ronda el 0,01%.

A escala planetaria, la revisión estadística más citada —de la Universidad de Bristol, publicada en Earth and Planetary Science Letters— estima una recurrencia promedio de una supererupción cada 17.000 años en cualquier punto del globo, lo que da entre 0,2% y 2% de probabilidad de que ocurra alguna este siglo.

Yellowstone tampoco es el único vigilado: Toba, en Indonesia, no muestra señales y su próxima supererupción podría demorar decenas de miles de años; Taupo, en Nueva Zelanda, se monitorea sin indicios de erupción mayor; y Campi Flegrei, en Italia, es el que más inquieta hoy, ya que un estudio de 2026 concluyó que su corteza está más cerca de romperse que en cualquier momento desde 1538, aunque aclara que eso no garantiza una erupción.

Este ejercicio sólo pretende mostrar cuán frágil e interconectado es el sistema alimentario global del que depende la humanidad, más allá de que el disparador sea un volcán, una guerra o una sequía.

Porque ese es el verdadero aprendizaje: la civilización moderna no necesita el fin del mundo para tambalear, alcanza con que el granero se apague un par de años. Como en 1816, cuando un volcán remoto en Indonesia reescribió la historia de medio planeta, la lección sigue siendo la misma dos siglos después: la seguridad alimentaria global es mucho más frágil de lo que nos gusta admitir.

Referencias de la noticia

Kellman, I. & Blackett, M.. (2026). End of humanity? Blow‑by‑blow account of what would happen if the Yellowstone supervolcano erupted now.
Yellowstone Volcano Observatory. (2024). So, when will the next eruption at Yellowstone happen?.