Un científico se dejó picar 1000 veces para descubrir cuál es la picadura más dolorosa del mundo, y te contamos cuál es
Un entomólogo se dejó picar más de mil veces por cientos de insectos distintos para crear el ranking científico del dolor. Lo que descubrió cambia cómo entendemos a los animales más pequeños del planeta.

Imaginá que alguien te clave un alfiler al rojo vivo en el talón y el dolor no cede durante 24 horas. Eso es, según la descripción del científico que vivió en carne propia, lo que produce la picadura de la hormiga bala (Paraponera clavata). No es una exageración literaria: es la conclusión de uno de los experimentos más inusuales en la historia de la entomología mundial.
Justin O. Schmidt -de él hablamos- fue un entomólogo estadounidense que estimó haber recibido más de 1.000 picaduras de distintos insectos a lo largo de su carrera.
Con cada aguijonazo, tomaba nota: describía la sensación con palabras, le ponía un número y armaba su tabla. El resultado fue el Índice Schmidt de Dolor por Picadura, una escala que va de 0 a 4 y clasifica el dolor del pinchazo de 83 especies de hormigas, abejas y avispas.
El ranking que duele solo de leer
En lo más alto de la escala aparece la hormiga bala. Schmidt describió su picadura como "un dolor puro, intenso y brillante", comparable a caminar sobre brasas con un clavo clavado en el talón. Las oleadas de agonía duran entre 12 y 24 horas.

En Venezuela la llaman "hormiga de las 24" por eso. Su veneno contiene poneratoxina, un péptido neurotóxico que bloquea los canales de sodio en el músculo esquelético y provoca, además del dolor, taquicardia, edema y temblores incontrolables.
Pero la hormiga bala no está sola en el nivel 4. La avispa guerrera del norte (Synoeca septentrionalis), una especie neotropical presente en Costa Rica, Colombia, Panamá y Venezuela, también alcanza ese máximo.
Schmidt escribió sobre ella: "Tortura. Estás encadenado en el flujo de un volcán activo. ¿Por qué empecé esta lista?". El dolor dura unos 150 minutos y estas avispas atacan en enjambre.

La tercera en el podio es la avispa halcón tarántula (Pepsis), cuya picadura Schmidt describió como "cegadora, feroz y sorprendentemente eléctrica": como si un secador de pelo encendido cayera en la bañera. Su dolor, aunque también de nivel 4, dura apenas 5 minutos. Intensidad máxima, duración mínima.
Lo que el dolor nos enseña
Schmidt no era un masoquista con suerte. Detrás de cada picadura había una hipótesis científica: que la evolución del comportamiento social en los himenópteros —abejas, avispas, hormigas— dependía del desarrollo de venenos cada vez más dolorosos.
La idea es que una colonia de miles de individuos es un blanco demasiado tentador. Un depredador puede ignorar el aguijonazo de un insecto solitario. Pero no puede con una defensa que lo deja temblando durante horas. El dolor, en este caso, es la estrategia.
La picadura de la hormiga bala es, según sus mediciones, unas 30 veces más dolorosa que la de una abeja común. Eso pone en perspectiva lo que muchos consideran "un simple picotazo". Para quienes viven en zonas de Argentina con avispas chaqueta amarilla, entender que eso es nivel 2 o 3 en la escala ya da cierta tranquilidad. Y, al mismo tiempo, convierte a la selva amazónica en un territorio que vale la pena visitar, pero con mucho cuidado.

En 2015 recibió el Premio Ig Nobel de Fisiología y Entomología, el reconocimiento más entretenido de la ciencia, por un trabajo que combina rigor científico con descripciones que leen como poesía del sufrimiento. Schmidt murió en 2023, pero su escala sigue siendo la referencia mundial. Y la hormiga bala sigue siendo, por ahora, la campeona indiscutida.
Referencia de la noticia
Schmidt, J.O. (2016). The Sting of the Wild. Johns Hopkins University Press. ISBN 978-1-4214-1928-2.
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