El Niño ya no es una hipótesis: la OMM eleva al 80 % la probabilidad de que se desarrolle y domine el clima mundial

Lo que hasta hace unos meses figuraba en los modelos como una posibilidad lejana, hoy es el escenario central. Las aguas del Pacífico ecuatorial continúan calentándose y la atmósfera ya muestra señales compatibles con El Niño.

La OMM (Organización Meteorológica Mundial) señala que hay un 80 % de probabilidad de desarrollo de El Niño.
La OMM (Organización Meteorológica Mundial) señala que hay un 80 % de probabilidad de desarrollo de El Niño.

El Pacífico tropical está enviando señales cada vez más claras. Lo que hace apenas unos meses aparecía como una posibilidad dentro de los escenarios climáticos ahora se consolida como la opción más probable para la segunda mitad de 2026.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que existe un 80 % de probabilidad de que se desarrollen condiciones de El Niño durante el período junio-agosto, mientras que las chances de que el fenómeno persista hasta finales de año superan el 90 %. Los modelos climáticos coinciden además en que podría alcanzar una intensidad moderada e incluso fuerte.

Un error conceptual frecuente: En los medios suele leerse que El Niño "llega" o "está por arribar". Meteorológicamente, El Niño no viaja ni aterriza en ningún lado; se desarrolla. Es un proceso dinámico de acoplamiento entre el océano y la atmósfera que ya está ocurriendo bajo la superficie del Pacífico.

La noticia tiene implicancias que van mucho más allá del océano Pacífico. El Niño es uno de los principales reguladores naturales del clima global y suele alterar patrones de lluvias, temperaturas y circulación atmosférica en numerosos continentes.

“El Pacífico ya muestra señales inequívocas”, dice la OMM

Las observaciones realizadas durante abril y mayo detectaron temperaturas superficiales del mar muy próximas a los umbrales utilizados para declarar oficialmente un episodio de El Niño.

Sin embargo, la señal más llamativa se encuentra debajo de la superficie. Según la OMM, amplias zonas del Pacífico tropical presentan temperaturas superiores en más de 6 °C respecto de los valores normales para la época. Ese exceso de calor funciona como una enorme reserva energética capaz de seguir alimentando el calentamiento de las aguas superficiales durante los próximos meses.

La atmósfera también comienza a responder. El Índice de Oscilación del Sur, uno de los indicadores clave para monitorear el fenómeno, muestra un comportamiento consistente con el desarrollo de condiciones de El Niño.

La combinación entre océano y atmósfera es fundamental. Un calentamiento aislado del mar no alcanza para definir plenamente el fenómeno; ambos componentes deben evolucionar de manera coordinada para que el episodio se consolide.

Por qué preocupa a los meteorólogos

El Niño modifica la distribución global de calor y humedad. Como consecuencia, aumenta la probabilidad de determinados eventos extremos en distintas regiones del planeta.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que un evento fuerte “podría agravar episodios de sequía, intensificar lluvias extremas y favorecer olas de calor tanto sobre los continentes como sobre los océanos”.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que un evento fuerte “podría agravar episodios de sequía, intensificar lluvias extremas y favorecer olas de calor tanto sobre los continentes como sobre los océanos”.

Los mapas de tendencia estacional para el trimestre junio-julio-agosto ya muestran un planeta pintado de rojo, con anomalías térmicas prácticamente globales. El Niño 2026 ya está en fase de desarrollo; la gran pregunta ahora ya no es si va a ocurrir, sino qué tan severa será su intensidad cuando muestre su máximo potencial.

El antecedente más reciente sigue muy presente en la memoria de la comunidad científica. El episodio de El Niño 2023-2024 estuvo entre los cinco más intensos observados desde que existen registros modernos y contribuyó al récord global de temperaturas alcanzado durante 2024.

Eso no significa que todos los fenómenos extremos que ocurran durante los próximos meses puedan atribuirse directamente a El Niño. La atmósfera es mucho más compleja y está influenciada por numerosos factores. Lo que sí cambia es la probabilidad de que ciertos patrones climáticos aparezcan con mayor frecuencia.

La lupa en Argentina: ¿qué esperar para el Litoral y la Cuenca del Plata?

Para nuestro país, el desarrollo de El Niño tiene una ventana crítica muy clara: la primavera. Si bien los efectos no son automáticos y cada evento tiene sus propios matices, la estadística climatológica es contundente. Cuando el Pacífico ecuatorial se calienta de esta manera, la circulación atmosférica global tiende a amplificar el ingreso de aire cálido y húmedo directo desde la Amazonia hacia el noreste argentino.

Esto pone en el centro de la escena al Litoral y a toda la Cuenca del Plata.

Históricamente, la fase de maduración de este fenómeno entre septiembre y diciembre suele traducirse en un aumento significativo de la frecuencia e intensidad de las tormentas. No estamos hablando de lluvias comunes: el riesgo real radica en los sistemas convectivos de gran escala, capaces de dejar acumulados de agua extremos en pocos días.

El foco de atención de los meteorólogos locales estará puesto en dos frentes operativos:

  • Los niveles de los ríos: tras periodos de bajantes complejas en los últimos años, un acoplamiento fuerte de El Niño podría generar crecidas importantes en las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay hacia el tramo final de 2026.
  • El sector agropecuario: aunque una mayor disponibilidad de agua es una excelente noticia para la recarga de los perfiles de suelo al inicio de la campaña gruesa, el exceso hídrico y el granizo suelen ser el reverso de la moneda para las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.

Por ahora, el invierno transcurrirá bajo la fase de gestación profunda del fenómeno. La atmósfera en la región central todavía se muestra fría y seca, pero los engranajes globales ya se están moviendo.

El cambio climático agrega una capa extra de riesgo

Los especialistas destacan que no existen evidencias concluyentes de que el calentamiento global esté aumentando la frecuencia de los eventos de El Niño.

Lo que sí está ocurriendo es que el contexto climático actual amplifica sus consecuencias. Un planeta más cálido contiene más energía disponible y una atmósfera capaz de retener mayores cantidades de vapor de agua. En ese escenario, las lluvias intensas pueden volverse más intensas y las olas de calor más severas.

Las proyecciones estacionales de la OMM para junio, julio y agosto muestran una señal prácticamente global de temperaturas superiores a lo normal. En paralelo, los patrones de precipitación previstos coinciden con los típicamente asociados a un episodio de El Niño en desarrollo.

Por ahora, el desafío para los servicios meteorológicos consiste en seguir monitoreando la evolución del Pacífico durante los próximos meses. El fenómeno todavía está en fase de desarrollo, aunque las señales actuales indican que podría convertirse en uno de los protagonistas climáticos más importantes de 2026.

Referencia de la noticia

Boletín El Niño/La Niña hoy - Mayo de 2026. WMO.

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