Una corriente marina cambió de lugar hace 13.000 años: por qué los científicos temen que esté pasando otra vez

Un nuevo estudio encontró que durante una abrupta crisis climática del pasado el Atlántico Norte no respondió de manera uniforme. Algunas corrientes se debilitaron, otras se fortalecieron y la Corriente del Golfo cambió de posición. ¿Por qué nos importa hoy?

Mientras Groenlandia se congelaba con 10 °C menos en pocas décadas, la Corriente del Golfo se desvió cientos de kilómetros hacia el norte.
Mientras Groenlandia se congelaba con 10 °C menos en pocas décadas, la Corriente del Golfo se desvió cientos de kilómetros hacia el norte.

Durante el Dryas Reciente, uno de los episodios de cambio climático más abruptos de la historia reciente de la Tierra, Europa volvió a experimentar condiciones casi glaciales. Los glaciares avanzaron nuevamente sobre Escocia, el hielo marino se expandió por el Atlántico Norte y Groenlandia registró un enfriamiento de hasta 10 °C en apenas unas décadas.

Sin embargo, a unos 800 kilómetros al este de Nueva York ocurrió algo completamente distinto.

Mientras gran parte del Atlántico Norte se enfriaba, las aguas frente a Nueva Escocia, en Canadá, aumentaron su temperatura entre 4 y 5 °C. Esa aparente contradicción intrigó durante años a los científicos. Ahora, una investigación publicada en Nature Communications aporta una explicación que podría tener implicancias mucho más allá de la reconstrucción del clima pasado.

Los resultados indican que la Corriente del Golfo se desplazó cientos de kilómetros hacia el norte como respuesta a una reorganización de la circulación oceánica atlántica. Lo más relevante es que esa respuesta coincide con lo que numerosos modelos climáticos proyectan para un escenario futuro de debilitamiento de la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC).

El sistema no falla de manera uniforme

La AMOC suele describirse como una gigantesca cinta transportadora oceánica que redistribuye calor desde los trópicos hacia latitudes altas del Atlántico. Su funcionamiento depende de una compleja interacción entre corrientes superficiales y profundas.

Con frecuencia se habla de un eventual debilitamiento de la AMOC como si se tratara de un único mecanismo. El nuevo estudio muestra que la realidad puede ser bastante más compleja.

A partir del análisis de sedimentos extraídos del lecho marino frente a la costa canadiense, los investigadores reconstruyeron con gran detalle los cambios ocurridos durante el Dryas Reciente. Para ello combinaron indicadores de temperatura obtenidos en microfósiles marinos con mediciones del tamaño de partículas sedimentarias que permiten estimar la intensidad de las corrientes profundas.

Los registros muestran que una de las ramas profundas de la circulación atlántica, conocida como Lower North Atlantic Deep Water, perdió fuerza. En paralelo, otra rama más superficial, la Upper North Atlantic Deep Water, aumentó su intensidad alrededor de un 32 %.

En otras palabras, el sistema se reorganizó.

Primero cambió el océano, después la atmósfera

Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo es la secuencia temporal de los eventos.

Los investigadores detectaron que el debilitamiento de las corrientes profundas ocurrió primero. Como consecuencia, la Corriente del Golfo comenzó a desplazarse hacia el norte, acercando aguas subtropicales más cálidas a la costa atlántica canadiense.

Décadas más tarde aparecieron otras respuestas dentro del sistema.

Según las reconstrucciones del estudio, el fortalecimiento de la circulación profunda superior ocurrió aproximadamente 58 años después del cambio inicial. La reorganización atmosférica llegó más tarde todavía, cerca de 84 años después del comienzo del proceso.

El resultado es importante porque muestra que las señales tempranas de transformación pueden aparecer primero en el océano y recién varias décadas después manifestarse claramente en la atmósfera.

Diferente, pero no tanto

Los autores aclaran que el Dryas Reciente ocurrió bajo condiciones muy diferentes de las actuales. Grandes capas de hielo cubrían todavía amplias regiones de América del Norte y Europa, y el nivel del mar era considerablemente más bajo.

Aun así, los mecanismos físicos que conectan las distintas partes del sistema atlántico siguen siendo los mismos.

Por eso los investigadores consideran que este episodio constituye un laboratorio natural excepcional para comprender cómo responde la circulación oceánica ante perturbaciones importantes.

La principal lección es que el cambio no necesariamente se presenta como un enfriamiento o calentamiento uniforme. Puede aparecer como un conjunto de respuestas regionales aparentemente contradictorias.

De hecho, algunos patrones observados actualmente recuerdan a los identificados en el estudio. Mientras una región al sur de Groenlandia muestra una tendencia relativamente fría respecto del calentamiento global promedio, áreas asociadas a la influencia de la Corriente del Golfo presentan un calentamiento más acelerado.

El trabajo no indica que la AMOC esté cerca de colapsar, pero brinda evidencia de que las reorganizaciones de la circulación atlántica pueden desarrollarse en escalas de tiempo sorprendentemente cortas, del orden de décadas. Además, resalta la importancia de identificar qué señales conviene observar hoy para detectar, con suficiente anticipación, transformaciones que podrían influir sobre el clima global durante la vida de las generaciones actuales.

Referencia de la noticia

Zhu, F., Carter-Champion, A., Wharton, J.H. et al. Co-ordinated shifts in deep-water formation and Gulf Stream migration during abrupt climate changes.