Con especies que crecen y se derraman, los espacios verdes ganan en profundidad, textura y crean un entorno más acogedor.
Con especies que crecen y se derraman, los espacios verdes ganan en profundidad, textura y crean un entorno más acogedor.
En días de frío y donde todo se pone gris (sobre todo, las plantas), esta especie de árbol de maceta está destinado a brillar y florecer en invierno.
Un árbol ornamental poco conocido puede cultivarse en maceta, cubrirse de flores blancas y perfumar balcones, patios y terrazas.
El agua que suele ir al desagüe puede aportar calcio y otros nutrientes si se usa en la medida justa y en las plantas que lo necesitan.
Ingenieros del MIT demostraron que las semillas de arroz aceleran su germinación al oír caer las gotas de lluvia. El descubrimiento abre una nueva ventana sensorial del mundo vegetal.
Estas especies no sólo toleran la falta de luz, sino que crecen con fuerza y llenan de verde y textura los rincones más difíciles del jardín.
Lejos de ser basura, el pasto recién cortado puede reutilizarse para cuidar el jardín y reducir residuos.
Con texturas, formas y colores propios, las piedras son la base de las rocallas y permiten crear jardines atractivos sin sumar demasiadas plantas.
Terrazas y plantas bien elegidas permiten organizar un terreno en pendiente y ganar ritmo y belleza durante todo el año.
Menos macetas, más impacto: las plantas gigantes se imponen como aliadas clave para lograr interiores más elegantes.
Aporta materia orgánica, mejora la estructura del suelo y suma al compost: la borra de café tiene más usos de los que imaginas.
En espacios reducidos, elegir bien las macetas y dónde ubicarlas es clave para aprovechar la luz, el aire y cada centímetro disponible.