Cómo multiplicar lavandas antes de la primavera: el truco sencillo para tener nuevas plantas en pocas semanas
La lavanda puede multiplicarse fácilmente por esquejes. Especialistas explican cómo hacerlo entre fines de agosto y comienzos de septiembre, qué sustrato usar y cuáles son los cuidados para lograr nuevas plantas.

Comienza septiembre, y en el Hemisferio Sur es sinónimo de la llegada de la primavera. Además del comienzo de los días más cálidos y las jornadas más largas -en cuando a luz solar-, es momento también de reorganizar el jardín.
En ese sentido, la lavanda es de esas plantas capaces de transformar por completo cualquier espacio. Sus flores violetas, su perfume penetrante y su capacidad para atraer polinizadores la convierten en una especie ideal entre quienes disfrutan de la jardinería. Y es una de las vedetes cada vez que arranca septiembre.
Pero, además, oculta un secreto que la hace más perfecta todavía. Porque una planta adulta puede convertirse en el punto de partida para obtener nuevos ejemplares sin necesidad de comprar otras plantas.
Se hace por medio de la técnica conocida como multiplicación por esquejes y consiste en utilizar una pequeña porción de una planta saludable para conseguir que desarrolle sus propias raíces.

Y un especialista en jardinería de la cuenta de Instagram @mihuertofacil brindó las principales recomendaciones para despedir agosto y recibir septiembre trabajando en una nueva planta de lavanda, que partirá de una "madre sana", una herramienta de corte, una maceta, un sustrato con buen drenaje y algunos cuidados.
Por qué el cambio de agosto a septiembre es un buen momento para "multiplicar" lavandas
El proceso de cambio de mes entre agosto y septiembre encuentra en el clima un aliado clave para favorecer la reproducción de la lavanda.

Y es que los esquejes son especialmente vulnerables durante sus primeros días de independencia, ya que todavía no cuentan con un sistema de raíces capaz de absorber agua y nutrientes de manera eficiente. Por eso, conviene protegerlos de las temperaturas extremas y buscar un ambiente estable.
En ese sentido, el fin de agosto y el comienzo de septiembre representan las últimas semanas del invierno, mientras que la llegada de la primavera supone un cambio importante en las condiciones de temperatura y luminosidad, que favorece la actividad y el crecimiento de muchas especies.
Claro que la clave es no exponer el esqueje directamente a condiciones demasiado agresivas.
Paso a paso, cómo sacar un esqueje de lavanda y no morir en el intento
Retirar un esqueje de lavanda no es una ciencia, pero demanda un trabajo cuidadoso. El primer paso consiste en elegir cuidadosamente la planta de la que se obtendrá el esqueje.

Es fundamental que se trate de una rama vigorosa, sana y libre de plagas o enfermedades. Con una tijera de poda o una herramienta similar, previamente desinfectada y bien afilada, se corta una porción de aproximadamente 10 centímetros.
Una vez obtenido, llega el momento de preparar el esqueje. Se deben retirar las hojas de la parte inferior del tallo y eliminar también las flores. En esta etapa, la planta necesita concentrar sus recursos en producir sus raíces propias y no en mantener flores o muchas hojas.
El sustrato, clave para que no se pudra la planta
Otro de los puntos más importantes para reproducir lavanda por esquejes tiene que ver con elegir correctamente la tierra.

Esta especie está adaptada a condiciones mediterráneas y no se lleva bien con los suelos que permanecen permanentemente mojados. Por eso, el sustrato debe ser liviano, aireado y con excelente drenaje.
Una tierra demasiado compacta puede retener agua alrededor de la base del esqueje. Y la humedad excesiva puede favorecer la aparición de hongos y provocar que el tallo se pudra antes de desarrollar raíces.
Por esto mismo, la maceta también debe contar con agujeros que permitan eliminar el exceso de agua.
Lo que sigue: así se debe plantar la lavanda
Una vez que el esqueje de lavanda está preparado y la maceta lista, hay que hacer un pequeño agujero en la tierra. La parte inferior del tallo se introduce cuidadosamente en la tierra y no hay que presionarlo con fuerza.

Ya colocado, se acomoda suavemente el sustrato alrededor del tallo para que quede firme. También se puede aplicar hormona de enraizamiento antes de introducirlo en la tierra.
Luego llega el momento de los cuidados. El sustrato debe conservar cierta humedad, para lo cual resulta indispensable regar con agua regularmente, aunque evitando el exceso.
Un "mini invernadero" para proteger el esqueje
El especialista de @mihuertofacil propone cubrir la maceta con un plástico y crear una especie de mini invernadero casero. Con ello se apunta a conservar la humedad alrededor del esqueje y evitar que pierda agua rápidamente.

También hay que garantizar la presencia de ventilación. Es clave permitir circulación de aire y controlar periódicamente el estado del esqueje para evitar la aparición de hongos.
Además, la maceta con el injerto debe recibir mucha luz, aunque sin quedar expuesta directamente al sol para evitar la pérdida brusca y excesiva de agua.
Primero, las raíces; luego, la nueva planta
En el transcurso de las primeras semanas puede dar la sensación de que no sucede absolutamente nada. Pero a no alarmarse, ya que ello es porque gran parte del proceso ocurre bajo tierra.

El esqueje necesita tiempo para desarrollar un nuevo sistema de raíces antes de comenzar a comportarse como una planta independiente.
Por eso, es fundamental evitar moverlo constantemente, sacarlo de la tierra para comprobar si enraizó o cambiarlo de recipiente antes de tiempo.
Con humedad controlada, buena iluminación, un sustrato que drene correctamente y protección frente a temperaturas extremas, el proceso puede avanzar de manera gradual.
Cuando las raíces estén suficientemente desarrolladas, la nueva lavanda podrá continuar creciendo y, más adelante, ser trasplantada a una maceta más grande o directamente al jardín.