Estas plantas sufren cuando hay viento intenso: cómo protegerlas cuando las ráfagas azotan

Hojas rotas, tallos vencidos y raíces flojas: el viento puede pasar factura en el jardín. Claves simples para cuidar las plantas más sensibles.

El viento puede dañar hojas y tallos, incluso en plantas sanas y bien regadas.
El viento puede dañar hojas y tallos, incluso en plantas sanas y bien regadas.

El viento suele pasar desapercibido en la lista de “enemigos” del jardín. No quema como el sol ni congela como una helada, pero puede actuar con violencia: doblar tallos, secar hojas, aflojar raíces y desgastar la planta.

No todas reaccionan igual. Algunas lo toleran con estoicismo; otras lo padecen desde el primer soplido. En días ventosos, muchas plantas no necesariamente mueren, pero sí se cansan. Y ese cansancio se nota.

Entender cómo las afecta el viento ayuda a tomar recaudos para protegerlas.

Las más vulnerables: hojas grandes, tallos blandos y raíces nuevas

Las plantas de hojas amplias funcionan como verdaderas velas. Malvones, hortensias, bananeros ornamentales o alocasias pierden agua más rápido cuando el viento acelera la transpiración. Las hojas se deshidratan, se rompen o aparecen bordes secos, incluso si el riego fue correcto.

Las hojas grandes actúan como velas: el viento las castiga más rápido de lo que parece.
Las hojas grandes actúan como velas: el viento las castiga más rápido de lo que parece.

También sufren las plantas de tallos tiernos o crecimiento rápido, como tomates, girasoles o algunas aromáticas altas. El movimiento constante genera microfracturas invisibles. Con el tiempo, frenan el crecimiento y debilitan la estructura.

Un capítulo aparte merecen los árboles y arbustos jóvenes. Aunque desde afuera parezcan firmes, bajo tierra el sistema radicular todavía está en formación. El viento persistente afloja el anclaje y retrasa el arraigo, algo clave durante los primeros meses después de la plantación.

Las plantas que no le temen al viento

Hay plantas que nacieron para moverse. Gramíneas ornamentales, lavandas, romeros, olivos, pittosporum y muchas especies nativas soportan bien el viento constante.

Plantas bien adaptadas al entorno resisten mejor las condiciones climáticas adversas.
Plantas bien adaptadas al entorno resisten mejor las condiciones climáticas adversas.

Cuando la planta tiene hojas angostas, coriáceas o flexibles, la pérdida de agua se reduce y los daños mecánicos no son tan graves.

El tutor: sostener sin inmovilizar

Cuando una planta o un árbol todavía es joven, el viento no solo sacude la parte aérea sino que también afecta las raíces que aún no terminaron de afirmarse. En esa etapa, el tutor cumple un rol decisivo. No está para enderezar a la fuerza ni para dejar la planta rígida como un poste, sino para acompañarla mientras se afianza.

Agrupar plantas ayuda a frenar el viento y crear un microclima más protegido.
Agrupar plantas ayuda a frenar el viento y crear un microclima más protegido.

Un tutor bien colocado reduce el vaivén excesivo del tronco, evita desgarros en raíces finas y ayuda a que la planta crezca recta. Pero hay un límite: si se ata demasiado fuerte, el efecto es el contrario. La planta no desarrolla resistencia y queda débil cuando el tutor se retira.

En árboles jóvenes -sobre todo los de copa amplia o crecimiento rápido- conviene usar uno o dos tutores firmes, clavados fuera del pan de raíces, con ataduras blandas y flexibles que permitan cierto movimiento. El objetivo es sostener sin aprisionar. Y algo fundamental: el tutor es temporario. Cuando el árbol ya se mantiene solo, hay que sacarlo, aunque dé un poco de vértigo.

Estrategias simples para días ventosos

Más allá del tutor, hay recursos sencillos que marcan la diferencia. Agrupar macetas reduce la exposición directa y crea pequeños “refugios”. Ubicar plantas sensibles cerca de paredes, rejas o cercos vivos amortigua las ráfagas. Incluso una malla permeable puede funcionar mejor que una barrera rígida, porque frena el viento sin generar turbulencias.

El riego también cambia: cuando hay mucho viento, el sustrato se seca más rápido, pero regar en exceso no compensa. Lo ideal es observar la humedad real del suelo y, si hace falta, regar temprano o al atardecer, cuando la evaporación baja.

Pensar el jardín solo en función del sol es un error común. El viento también diseña el espacio, aunque no resulte tan evidente. Conocer su dirección predominante y su intensidad permite elegir especies más resistentes y ubicar mejor a las más delicadas.

Al final, no se trata de pelearse con el viento, sino de aprender a convivir con él. Algunas plantas lo sufren, otras lo aprovechan. Y el jardín, cuando está bien pensado, encuentra su propio equilibrio.