Guía rápida para cultivar menta en casa y tener hojas frescas todo el año

Aromática, rendidora y fácil de cuidar, la menta se adapta perfecto a la vida en maceta y ofrece hojas frescas durante todo el año, incluso en interiores.

La menta es una de las aromáticas más agradecidas para cultivar en casa, incluso en interiores.
La menta es una de las aromáticas más agradecidas para cultivar en casa, incluso en interiores.

La menta no pide permiso. Quien alguna vez la plantó directo en el jardín sabe que aparece donde menos se la espera, como si tuviera un GPS propio. Esa energía, bien encauzada, es justamente su mayor virtud.

En maceta, la menta se vuelve dócil, generosa y constante: ofrece hojas frescas durante todo el año, incluso si habita en el interior de un departamento.

Además, tiene otra ventaja clave: perdona errores. No exige experiencia previa ni rituales complejos. Con algo de luz, agua a tiempo y tijera en mano, responde rápido, sin drama y con perfume incluido.

Por dónde arrancar: plantín o esqueje

La manera más directa de empezar es comprar una planta ya crecida en un vivero. La otra opción, casi un clásico doméstico, es robarle un tallito a alguna menta amiga que ande dando vueltas por la casa de un conocido.

Con buena luz y riego parejo, la menta crece rápido y se mantiene frondosa todo el año.
Con buena luz y riego parejo, la menta crece rápido y se mantiene frondosa todo el año.

Las semillas, en cambio, juegan a la lotería. La menta se cruza con facilidad y el resultado puede sorprender… no siempre para bien. Un esqueje, en cambio, es una copia fiel: si la madre era hierbabuena, chocolate o manzana, la hija también lo será.

Para multiplicarla, alcanza con cortar un tallo firme, más o menos del largo de un lápiz, justo debajo de un nudo. Se le sacan las hojas de abajo y se lo deja en agua o en tierra húmeda. A las pocas semanas, aparecen raíces finitas, como hilos blancos. Cuando eso pasa, la planta ya está lista para mudarse a su casa definitiva.

La maceta no es un detalle

La menta no es exigente, pero sí expansiva. Le gusta estirarse hacia abajo y avanzar de costado, como quien se acomoda en un sillón amplio. Por eso, conviene elegir una maceta generosa, con buen drenaje y profundidad suficiente.

El sustrato ideal es suelto y nutritivo, capaz de retener humedad sin volverse un charco. Una tierra común para macetas cumple bien esa función. Al plantar, la idea es simple: que la menta quede a la misma altura a la que estaba antes y reciba un buen riego inicial, de esos que ayudan a “acomodarse” rápido al nuevo lugar.

La menta puede compartir maceta con otras aromáticas, pero solo si hay espacio y controles de poda.
La menta puede compartir maceta con otras aromáticas, pero solo si hay espacio y controles de poda.

La menta no es la mejor compañera de maceta. Aunque parezca inofensiva ocupa el espacio ajeno sin pedir permiso. Sus raíces se expanden rápido y terminan compitiendo por agua y nutrientes, dejando a otras aromáticas -como albahaca, perejil o cilantro- en clara desventaja.

Por eso, es mejor darle su propia maceta y dejar que se exprese sola. Si se la quiere combinar sí o sí, solo funciona con plantas igual de rústicas y vigorosas, y aun así conviene mantenerla controlada. En el mundo de las aromáticas, la menta es sociable en el plato, pero bastante individualista bajo tierra.

Luz, agua y un clima amable

Puertas adentro, la menta es feliz en ambientes luminosos. Cerca de una ventana orientada al norte o al este suele crecer contenta. No necesita sol todo el día: con algunas horas diarias alcanza, siempre que no sea ese sol del mediodía que quema sin avisar.

Un puñado de hojas alcanza para sumar aroma y frescura a limonadas, cócteles y helados caseros.
Un puñado de hojas alcanza para sumar aroma y frescura a limonadas, cócteles y helados caseros.

El agua es su combustible. La tierra debería sentirse fresca al tacto, como una esponja apenas escurrida. Si la superficie se seca, toca regar. En verano pide más seguido; en invierno, baja el ritmo.

Prefiere temperaturas moderadas y ambientes sin corrientes bruscas. Cuando el aire está muy seco, una pulverización ocasional o una bandeja con piedritas y agua cerca de la maceta ayuda a recrear ese clima amable que tanto le gusta.

Cosechar es cuidar

Con la menta, usarla es quererla. Cuando los tallos crecen lo suficiente, ya se pueden cortar sin culpa. La clave es hacerlo con criterio: siempre por encima de un nudo, como quien da un corte prolijo para que vuelva a crecer mejor.

En tragos y postres, la menta no solo perfuma: también aporta frescura visual y sabor.
En tragos y postres, la menta no solo perfuma: también aporta frescura visual y sabor.

Conviene no llevarse todo de una sola vez. La planta agradece los recortes frecuentes y moderados, que la mantengan compacta, verde y productiva. Así evita estirarse de más y responde con nuevos brotes, listos para la próxima ronda.

Más allá del mate, las infusiones, las limonadas o los postres, la menta aporta algo difícil de medir: frescura. En una cocina o en un balcón cerrado, suma verde, perfume y esa sensación de huerta mínima que transforma el espacio.