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Adiós al kétchup y al tuco: desaparecen los tomates procesados

Los resultados de esta investigación nos debería generar, como mínimo, alguna preocupación. En un futuro no muy lejano comer unas pastas a la boloñesa o una pizza será todo un lujo, ya que la salsa de tomate podría escasear.

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Entre 2050 y 2100 la cosecha mundial podría ser solo la mitad de la actual.

Un nuevo estudio advierte sobre una futura escasez de kétchup y salsa a medida que el cambio climático afecte los cultivos de tomates para procesar. ¿Se imaginan una vida sin estos alimentos? Se espera que la oferta mundial de tomates procesados disminuya en un 6% para el 2050, en comparación con el punto de referencia del estudio de 1990-2009. Y entre 2050 y 2100 la cosecha mundial podría ser solo la mitad de la actual.

Además, la cosecha de Italia será una de las más afectadas. "Los tomates procesados se cultivan en campo abierto, lo que significa que no podemos controlar el entorno en el que crecen", dice el autor principal David Cammarano, profesor de la Universidad de Aarhus.

Investigadores de Dinamarca, Estados Unidos e Italia combinaron tres escenarios socioeconómicos y cinco climáticos para el estudio. Simularon resultados de rendimiento con emisiones de gases de efecto invernadero bajas, altas y muy altas y vincularon cada escenario a diferentes condiciones de lluvia y temperatura. El foco estuvo puesto en los tres países principales productores de tomate del mundo: Estados Unidos (California en particular), Italia y China. Juntos, estos países producen alrededor del 65% de los tomates procesados del mundo.

Los aumentos proyectados de la temperatura del aire y las limitaciones de los recursos hídricos afectarán a los tomates, cuyo crecimiento óptimo está entre 22 °C y 28 °C.

Aunque los resultados variaron en grado, todos los escenarios proyectados apuntaban a un futuro en el que la producción de tomate cambiará drásticamente en las próximas décadas: se vieron disminuciones constantes en el rendimiento durante los próximos 30 a 40 años. “Los hallazgos de nuestro estudio deberían convertirse en uno de los elementos a tener en cuenta en el desarrollo de una evaluación de vulnerabilidad”, dice. “Esto podría ayudar a las empresas y fundaciones a priorizar las estrategias operativas y de investigación para el futuro”.

Información para prepararse

Si bien desde hace años se investiga el impacto del clima en el suministro de alimentos, la mayor parte de la atención siempre estuvo centrada en alimentos básicos, como el trigo y el arroz. Este estudio es uno de los primeros en analizar globalmente el impacto del cambio climático en los tomates.

En el escenario más pesimista, con un aumento medio de la temperatura del aire de unos 2,6 °C para 2070 y de 5 °C para 2100, la productividad mundial podría sufrir una caída del 60%, en comparación con los valores de referencia.

Para ello, los investigadores detallan diferentes factores que podrían empeorar o mitigar la situación según el país. Por ejemplo, tanto el sur de California como Italia enfrentan problemas de acceso al agua además del aumento de las temperaturas, y se prevé que Italia se vuelva más seca con el tiempo. Esta combinación de temperaturas más cálidas y falta de agua no es un buen augurio para la industria italiana del tomate en su conjunto.

Sin embargo, para California y China, podría haber un resquicio de esperanza cuando se trata de las áreas más al norte, que son más frescas. Los aumentos de temperatura en estas regiones pueden conducir a un mejor rendimiento. Las simulaciones proyectan un leve pero constante aumento de los rendimientos de tomate para la provincia de Gansu, en el norte de China, y el país vecino de Mongolia. Sin embargo, incluso en su nivel más alto, los rendimientos proyectados de estas regiones son solo una fracción de lo que California e Italia producen actualmente.

Las proyecciones climáticas proporcionadas en el estudio plantean preguntas importantes para el futuro de la producción de tomate en todo el mundo y podrían ayudar a las industrias agrícolas y de producción a prepararse para los impactos del cambio climático.