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Chorros gigantes: estudian misterioso “rayo invertido” hacia el espacio

Sucedió en 2018 en Oklahoma, Estados Unidos. Un estudio sin precedentes intenta develar cómo y por qué se origina este extraño fenómeno tan difícil de capturar.

Chorro gigante tormenta Oklahoma
Tres imágenes secuenciales de un chorro gigante saliendo de la parte superior de una nube sobre Oklahoma y elevándose hacia el espacio. Crédito de la imagen: Chris Holmes

El 14 de mayo de 2018, en el suroeste del estado de Oklahoma (Estados Unidos), fue registrado un extraordinario “rayo invertido” que se elevó 80 kilómetros por encima de una tormenta en dirección al espacio exterior.

Esta descarga es el chorro gigante más poderoso estudiado hasta ahora, habiendo transportado 100 veces más carga eléctrica que un relámpago típico de tormenta.

Este evento movió desde la tormenta aproximadamente 300 culombios de carga eléctrica hacia la ionosfera, considerado como el borde inferior del espacio exterior. Los relámpagos típicos transportan menos de 5 culombios entre la nube y el suelo o de forma intranube. La descarga ascendente incluía serpentinas de plasma relativamente frías (aproximadamente 200 °C), así como estructuras llamadas líderes de rayos que son muy calientes, con más de 4400 °C según informa la agencia de noticias Europa Press.

Radiografía del chorro gigante, con datos de muy alta calidad

A cuatro años del episodio, un equipo de investigadores creó un mapa tridimensional del rayo de Oklahoma y publicó sus hallazgos en la revista Science Advances. El estudio permitió conocer algunos detalles inéditos sobre el extraño fenómeno y comprender mejor cómo y por qué se produjo.

“Pudimos cartografiar este gigantesco “chorro” en tres dimensiones con datos de muy alta calidad”, indicó Levi Boggs, científico del Instituto de Investigación de Georgia Tech y autor principal del artículo.

Boggs agregó que “pudimos ver fuentes de muy alta frecuencia (VHF) por arriba de la cima de la nube que no se habían visto antes con este nivel de detalle. Utilizando datos de satélite y de radar, descubrimos dónde se encontraba la punta de la descarga”.

Doug Mach, coautor del estudio, dijo que el trabajo fue único al determinar que las ubicaciones 3D para las emisiones ópticas de los rayos estaban muy por encima de las nubes.

Las detecciones de estos fenómenos son inusuales. Boggs se enteró del evento de Oklahoma por un colega, quien le contó sobre un chorro gigante fotografiado en mayo de 2018. Afortunadamente, el evento aconteció en un lugar con un sistema de mapeo de rayos VHF cercano, dentro del alcance de dos ubicaciones de radar meteorológico de próxima generación (NEXRAD) y visible a los instrumentos del Geostationary Lightning Mapper (GLM) de los satélites geoestacionarios GOES de la NOAA.

Luego de recabar los datos y analizarlos con colegas, concluyeron que a medida que la descarga ascendía desde la parte superior de la nube, se detectaron fuentes de radio VHF a altitudes de 22 a 45 kilómetros, mientras que las emisiones ópticas de los relámpagos permanecieron cerca de la parte superior de la nube a una altitud de 15 a 20 kilómetros.

¿Por qué los chorros gigantes lanzan carga al espacio?

Los investigadores especulan que algo puede estar bloqueando el flujo de carga hacia abajo o hacia otras nubes. Los registros del evento de Oklahoma muestran poca actividad de rayos de la tormenta en los momentos previos al gran rayo.

A pesar de lo descubierto, quedan todavía muchas preguntas sin respuesta sobre los chorros gigantes, que son parte de una clase de misteriosos eventos luminosos transitorios. Se estima que este tipo de fenómeno sucede entre 1000 y 50.000 veces por año y son más frecuentes en regiones tropicales.

Las observaciones de estos fenómenos son raras, y suelen ocurrir por casualidad, de pilotos o pasajeros a bordo de un avión u observadores en tierra que operan cámaras de exploración nocturna.