El planeta entró en bancarrota hídrica: la humanidad consume más agua de la que la Tierra puede dar

Un informe de la ONU revela que no solo hay escasez de agua, sino que el planeta agotó sus “ahorros”: ríos que no llegan al mar, acuíferos vaciados y glaciares derretidos sin posibilidad real de recuperación.

Estamos perdiendo el agua que sostuvo las civilizaciones. El futuro nos presenta un paisaje reseco que no podrá satisfacer nuestras demandas si no actuamos ya, indica el informe de Naciones Unidas.
Estamos perdiendo el agua que sostuvo las civilizaciones. El futuro nos presenta un paisaje reseco que no podrá satisfacer nuestras demandas si no actuamos ya, indica el informe de Naciones Unidas.

Desde hace décadas la civilización humana ha tratado al agua como si fuera virtualmente infinita, como un recurso al que siempre se le puede sacar más de lo que aporta.

Hoy ese mito se desvanece: los ingresos anuales de agua provenientes de las lluvias, ríos y deshielos ya no alcanzan para cubrir la demanda, y los depósitos milenarios —acuíferos, glaciares, humedales— están vacíos o irreversiblemente degradados.

Esta situación ha llevado al planeta a lo que científicos de la Universidad de las Naciones Unidas definen como bancarrota hídrica global —un estado en que no hay posibilidad realista de volver a los niveles de agua natural que sostenían la vida y las economías.

Los sistemas que alguna vez funcionaron como amortiguadores ante sequías o temporadas secas ahora están contraídos o destruidos: ríos que ya no alcanzan al mar, lagos que se desvanecen como espejos inútiles, y acuíferos que se compactan y hunden el suelo urbano.

No se trata solo de escasez temporal, sino de daños estructurales que remueven los cimientos hídricos sobre los que se construyeron nuestras sociedades.

Nuestra "cuenta corriente" de agua, en números rojos

La demanda humana de agua ha crecido sin precedentes por la expansión demográfica, la agricultura intensiva, la industrialización y la urbanización. Para sostener cultivos, ciudades y fábricas se extrae más agua de la que la naturaleza puede reponer con lluvia y nieve cada año.

Como resultado de esto, más del 70 % de los principales acuíferos del mundo están en descenso prolongado, y los grandes lagos han perdido más de la mitad de su volumen desde la década de 1990.

La industria textil es una de las actividades más intensivas en el uso de agua, consumiendo cerca de 79.000 millones de metros cúbicos anuales para el cultivo de fibras (como algodón) y el procesamiento húmedo (teñido, acabado, lavado).
La industria textil es una de las actividades más intensivas en el uso de agua, consumiendo cerca de 79.000 millones de metros cúbicos anuales para el cultivo de fibras (como algodón) y el procesamiento húmedo (teñido, acabado, lavado).

Este patrón no es una crisis pasajera, sino un sobregiro sostenido que ya dejó el sistema hídrico “en rojo”. La analogía financiera no es casual: estamos gastando no solo el ingreso anual de agua, sino también nuestros ahorros naturales —humedales, glaciares y aguas subterráneas que tardaron milenios en formarse— y muchos ya no pueden recuperarse.

La analogía financiera no es casual: estamos gastando no solo nuestros ingresos de agua, sino también los ahorros

El cambio climático potencia este desequilibrio: altera patrones de lluvia, intensifica sequías y acelera el derretimiento de hielos antiguos que funcionan como “torres de agua” de regiones enteras.

Agua como motor geopolítico en un futuro con escasez

El agua dejó de ser un simple recurso local para convertirse en un vector geopolítico clave. Regiones enteras dependen de cuencas compartidas, y la escasez alimenta tensiones entre estados por los derechos de uso.

En un mundo cada vez más seco, el agua se convierte en el nuevo campo de batalla. La escasez ya no es un escenario futuro: está reconfigurando conflictos, territorios y poder.
En un mundo cada vez más seco, el agua se convierte en el nuevo campo de batalla. La escasez ya no es un escenario futuro: está reconfigurando conflictos, territorios y poder.

La degradación continua crea condiciones en las que teorías conspirativas y narrativas polarizadas sobre el acceso y el control del agua pueden arraigarse con fuerza en sociedades ya estresadas por la incertidumbre.

Un futuro con menos agua no es solo una sequía prolongada: implica cambios drásticos en la producción de alimentos, la planificación urbana y las relaciones internacionales. Puede desencadenar migraciones masivas, conflictos por recursos y enormes desigualdades de acceso, afectando primero a quienes ya son más vulnerables.

En este nuevo escenario global, reducir la contaminación, reconfigurar la agricultura y repensar redes de distribución son apenas parte de una estrategia de supervivencia.

Llamado a la acción

Estamos ante una encrucijada histórica: no se trata solo de evitar la escasez, sino de adaptarnos a una nueva realidad hídrica con responsabilidad global.

Gobiernos, empresas y comunidades deben trabajar juntos para proteger lo que aún queda, gestionar el agua con justicia y eficiencia, y transformar sectores que absorben y contaminan enormes cantidades de agua.

El tiempo para actuar ya comenzó, y hacerlo bien determinará si podemos convivir con esta banca de agua que nos queda o si la pobreza hídrica se acelera hacia un futuro más incierto.

Referencia de la noticia

UNU-INWEH Report: Madani, K. (2026). Global Water Bankruptcy: Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era. United Nations University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH), Richmond Hill, Ontario, Canada. DOI: 10.53328/INR26KAM001