Estados Unidos: el gobierno de Donald Trump apaga su red de sensores oceánicos más importante

La administración Trump desmanteló la red de observación oceánica más avanzada del mundo. Más de 900 sensores distribuidos en el Atlántico y el Pacífico monitorean las olas de calor marinas, las inundaciones costeras y la circulación oceánica global. Ahora, esos ojos se están cerrando uno a uno.

El gobierno de Estados Unidos sigue avanzando en una política que deliberadamente se opone a la ciencia climática. Es así que se está desmantelando uno de los sistemas más avanzados de mediciones marinas que permitía a los científicos monitorizar cuestiones claves como las olas de calor océanicas o el comportamiento de las corrientes marinas. Imagen: OOI.
El gobierno de Estados Unidos sigue avanzando en una política que deliberadamente se opone a la ciencia climática. Es así que se está desmantelando uno de los sistemas más avanzados de mediciones marinas que permitía a los científicos monitorizar cuestiones claves como las olas de calor océanicas o el comportamiento de las corrientes marinas. Imagen: OOI.

Imaginen que durante diez años alguien instala termómetros, sensores de química del agua y micrófonos submarinos en los rincones más profundos y remotos del Atlántico y el Pacífico. Los instrumentos envían datos en tiempo real, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

Científicos de todo el mundo los usan para entender cómo se calientan los océanos, cómo cambia su acidez, cómo circula el agua que regula el clima del planeta. Esa infraestructura existe, o más bien existía. Se llama Ocean Observatories Initiative (OOI) y, desde mayo de 2026, su desmantelamiento está en marcha.

La desactivación de la red oceánica más avanzada del mundo deja a la ciencia sin una herramienta clave para vigilar el calentamiento de los océanos, la acidificación marina y cambios potencialmente críticos en la circulación oceánica global.

El 21 de mayo, la OOI anunció que ya había comenzado la recuperación de más de 900 instrumentos sumergidos en cuatro de sus cinco redes operativas: el Mar de Irminger, la Estación Papa, y las matrices Endurance y Pioneer, en el Atlántico y el Pacífico. El proceso llevará aproximadamente 15 meses. Solo continuará operando la Red de Cable Regional. Todo lo demás, una década de capacidad de observación continuada, quedará reducida al silencio.

Financiada por la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, la red fue diseñada para recolectar datos físicos, químicos, geológicos y biológicos del océano durante hasta 30 años. Los científicos usaban esos datos para monitorear las olas de calor marinas y las inundaciones costeras, evaluar la acidificación del océano, medir el secuestro de carbono y estudiar los ecosistemas del océano profundo. Era, en palabras de sus propios responsables, el sistema de observación oceánica continua más avanzado del mundo.

Por qué importa lo que pasa en el fondo del mar

El océano no es solo agua. Es el gran regulador del clima terrestre: absorbe calor, distribuye energía, almacena carbono. Y uno de sus mecanismos más importantes es una corriente que los científicos llaman AMOC, la Circulación de Retorno del Atlántico Meridional, y que funciona como una cinta transportadora gigante que mueve agua caliente y fría entre los hemisferios, manteniendo los climas templados en Europa y el noreste de Estados Unidos.

Los datos de la OOI también ayudaban a monitorear los cambios en la AMOC, un componente clave en la regulación del clima global.

Este sistema es parte de un patrón llamado circulación termohalina, o lo que los científicos denominan la "gran cinta transportadora oceánica": un sistema en constante movimiento de agua profunda impulsado por diferencias de temperatura y salinidad, que ayuda a garantizar que los océanos de la Tierra permanezcan continuamente mezclados y que el calor y la energía se distribuyan de forma equilibrada.

Los científicos han advertido repetidamente que la AMOC se acerca a un punto de inflexión a medida que el planeta se calienta. Sin este flujo constante de circulación de corrientes, las temperaturas regionales se volverían más extremas, calor intenso cerca del ecuador y congelación en los polos, haciendo que menos tierra en la Tierra sea habitable.

Monitorear ese sistema no es un lujo académico. Es una necesidad operacional para cualquier país que quiera anticiparse a inundaciones costeras, olas de calor marinas o cambios en la pesca. Que dejen de funcionar es una gran involución para la ciencia global.

Una decisión que se enmarca en un patrón más amplio

El cierre de la OOI no es un hecho aislado. El movimiento marca otra escalada en la campaña más amplia de la administración Trump para eliminar la ciencia climática y la investigación federal.

Desde que asumió el cargo, Trump ha despedido a decenas de miles de trabajadores federales de agencias como la NOAA, la EPA, el Servicio Forestal y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Muchos de estos empleados estaban dedicados a investigaciones climáticas vitales y a servicios esenciales como la predicción meteorológica y el monitoreo de la vida silvestre.

Principales redes de sensores marinos que captan información vital para comprender la dinámica oceánica. Imagen: OOI
Principales redes de sensores marinos que captan información vital para comprender la dinámica oceánica. Imagen: OOI

La Fundación Nacional de Ciencias también fue afectada, perdiendo aproximadamente el 40% de sus integrantes por los recortes de la administración entre enero de 2025 y febrero de 2026.

En abril, la administración despidió a todos los miembros del consejo directivo de la Fundación Nacional de Ciencias sin proporcionar una explicación. Entre los otros blancos están el Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Colorado que produce datos sobre calidad del aire, seguridad aérea y predicción de ciclones, y el Observatorio Mauna Loa de la NOAA, que mide la composición atmosférica desde la década de 1950.

Desde la propia OOI, Jim Edson, investigador principal de la iniciativa, se despidió de la comunidad científica con una carta que reconocía más de una década de trabajo compartido: "A lo largo de más de una década, la OOI entregó los sistemas de observación oceánica continuamente operativos más avanzados del mundo, apoyando la ciencia, la ingeniería, la educación y el desarrollo de la fuerza laboral en toda la comunidad de ciencias oceánicas. Estamos profundamente agradecidos por los extraordinarios esfuerzos de los científicos, ingenieros, operadores, educadores, estudiantes y socios que hicieron posible esta instalación." Una despedida que suena a obituario de algo que todavía hacía falta.