Unos científicos de la Universidad de Curtin confirman que los humanos trasladaron las piedras de Stonehenge
Un estudio con técnicas geoquímicas de última generación descarta el rol de los glaciares y refuerza la hipótesis de una intervención humana planificada hace más de 4.000 años.

Durante más de un siglo, uno de los grandes enigmas de Stonehenge estuvo ligado al origen y al desplazamiento de sus piedras más enigmáticas. La discusión enfrentó durante décadas a dos hipótesis opuestas: la acción de antiguos glaciares o la capacidad organizativa de las comunidades neolíticas que habitaron las islas británicas.
Una nueva investigación liderada por especialistas de la Universidad de Curtin, en Australia, aporta ahora la evidencia científica más robusta hasta el momento. El trabajo concluye que las llamadas bluestones no llegaron por procesos naturales, sino que fueron llevadas de manera deliberada por grupos humanos desde regiones ubicadas a cientos de kilómetros del monumento.
Una señal geológica que nunca apareció
El estudio se apoyó en técnicas avanzadas de “huellas dactilares” minerales, un enfoque que permite reconstruir la historia de los sedimentos a lo largo de millones de años. Para ello, los investigadores analizaron granos microscópicos presentes en los ríos que rodean la llanura de Salisbury, en el sur de Inglaterra.
Los análisis se realizaron en el Centro John de Laeter de Curtin, uno de los complejos de instrumentación geoquímica más avanzados del mundo. Allí, el equipo examinó más de 500 cristales de circón, uno de los minerales más duraderos de la Tierra y clave para rastrear el origen de los materiales.
Cómo pudieron llegar las piedras hasta Salisbury
Las hipótesis más aceptadas plantean una combinación de trayectos fluviales y recorridos terrestres, junto con el uso de trineos de madera, rodillos y una intensa fuerza colectiva. Esta conclusión refuerza la idea de que las comunidades neolíticas contaban con un alto nivel de organización social, conocimiento del territorio y una motivación simbólica poderosa para emprender una obra de semejante escala.

El autor principal del trabajo, el Dr. Anthony Clarke, integrante del Timescales of Mineral Systems Group de Curtin, reconoce que es posible que nunca se conozca el procedimiento preciso. Detalló que "algunos sostienen que las piedras viajaron por agua desde Gales o Escocia, otros creen que se desplazaron por tierra con troncos, pero lo que sí sabemos es que casi con seguridad el hielo no fue el responsable”.
Stonehenge como proyecto social y cultural
El coautor del estudio, el profesor Chris Kirkland, también miembro del Timescales of Mineral Systems Group de Curtin, destacó que los resultados ponen en evidencia el potencial de las herramientas geoquímicas modernas para resolver debates históricos de larga data. Según Kirkland, "al analizar minerales más pequeños que un grano de arena, el equipo logró poner a prueba teorías que se mantuvieron vigentes durante más de cien años en la arqueología y la geología.
Stonehenge pudo haber funcionado como calendario, espacio ceremonial, templo o lugar de grandes encuentros colectivos, y probablemente cumplió distintos roles a lo largo del tiempo. Comprender su significado exige integrar datos arqueológicos, astronómicos, geológicos y culturales.

Este nuevo trabajo se suma a otra investigación clave liderada por Curtin en 2024, que identificó un origen escocés para la llamada “Altar Stone”, la roca central de seis toneladas ubicada en el corazón del monumento. Ese descubrimiento ya había reforzado la idea de una selección cuidadosa de materiales y de desplazamientos a grandes distancias.
En conjunto, ambos estudios consolidan una visión más compleja sobre los constructores neolíticos de Stonehenge. No se limitaron a utilizar piedras disponibles en el entorno inmediato, sino que eligieron rocas específicas por su procedencia y, posiblemente, por su valor simbólico dentro de un proyecto colectivo de gran escala.
Ciencia moderna y pasado humano
El estudio, titulado “Detrital zircon-apatite fingerprinting challenges glacial transport of Stonehenge’s megaliths”, fue publicado en la revista Communications Earth & Environment y representa un avance decisivo en la comprensión del monumento. Más allá del debate técnico, la investigación vuelve a colocar a las personas en el centro de la historia.
Stonehenge deja de explicarse como un accidente geológico y se afirma como el resultado de decisiones conscientes, cooperación social y una ambición cultural notable para su tiempo. Desde esta perspectiva, el círculo de piedras no solo sigue siendo un misterio fascinante, sino también un testimonio duradero del ingenio y la capacidad organizativa de las primeras sociedades complejas de Europa.