Los científicos investigan la posible existencia de un planeta que desapareció del sistema solar

La existencia de un planeta gigante podría ayudar a explicar las características observadas en las órbitas actuales de los planetas.

Nuevas simulaciones sugieren que el sistema solar pudo haber albergado en el pasado un planeta gigante adicional, cuya presencia ayudaría a explicar la configuración orbital que se observa actualmente.
Nuevas simulaciones sugieren que el sistema solar pudo haber albergado en el pasado un planeta gigante adicional, cuya presencia ayudaría a explicar la configuración orbital que se observa actualmente.

Las órbitas de los planetas del sistema solar parecen estables hoy en día, pero esta configuración es el resultado de miles de millones de años de evolución. Durante las primeras etapas de su formación, los planetas interactuaron gravitacionalmente con gas, polvo, asteroides y planetesimales. Estas interacciones provocaron migraciones orbitales, cambios en la excentricidad y una redistribución del momento angular entre los cuerpos del sistema.

Es probable que los planetas gigantes atravesaran una fase de inestabilidad orbital durante los primeros cientos de millones de años del sistema solar. Los modelos sugieren que estos planetas sufrieron migraciones y encuentros gravitacionales que alteraron sus órbitas. Este período habría generado un entorno caótico, capaz de dispersar cuerpos pequeños y modificar la estructura de las regiones exteriores del sistema solar. Sin embargo, uno de los desafíos de estos modelos es explicar cómo muchas lunas sobrevivieron intactas a esta fase turbulenta.

En teoría, las perturbaciones gravitacionales podrían desestabilizar o incluso expulsar varias lunas de sus órbitas, pero eso no es lo que hemos observado hasta ahora. Un nuevo estudio realizó simulaciones numéricas para investigar este problema y encontró una posible solución que involucra un planeta gigante adicional en el sistema solar primitivo. Según los modelos, además de Urano y Neptuno, podría haber existido un tercer gigante que participó en las interacciones gravitacionales iniciales.

Formación del sistema solar

El sistema solar se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir del colapso gravitacional de una nube molecular de gas y polvo. Durante este proceso, el material se organizó en un disco protoplanetario alrededor del joven Sol, donde surgieron planetesimales y protoplanetas. A medida que los cuerpos crecían por acreción, las colisiones se volvieron frecuentes, alterando sus trayectorias. Los planetas gigantes también interactuaron con el gas del disco y con poblaciones de cuerpos más pequeños, migrando a diferentes regiones del sistema solar.

Durante cientos de millones de años, el sistema solar atravesó una fase caótica marcada por resonancias orbitales, migraciones planetarias e interacciones gravitacionales.

Los modelos dinámicos actuales indican que los planetas gigantes podrían haber cambiado de posición antes de alcanzar sus órbitas actuales, más estables. Durante este periodo, muchos planetesimales fueron expulsados al espacio interestelar, mientras que otros colisionaron con planetas o se incorporaron a lunas. Solo tras la desaparición de estos cuerpos y la disipación de las principales fuentes de perturbación gravitacional, las órbitas comenzaron a estabilizarse.

Lunas de Júpiter y Urano

Sin embargo, las lunas de los planetas gigantes representan uno de los mayores desafíos para los modelos de evolución del sistema solar. Durante los períodos de inestabilidad orbital en los gigantes gaseosos, los encuentros gravitacionales cercanos entre planetas podrían generar fuertes perturbaciones que alterarían las órbitas de sus satélites. En teoría, muchas lunas deberían haber sido expulsadas de sus órbitas, capturadas por otros planetas o incluso completamente expulsadas del sistema solar.

Hoy en día, aún podemos observar satélites regulares con órbitas estables y organizadas que parecen haber sobrevivido a ese período. Algunas de las lunas principales presentan órbitas consistentes con una estabilidad dinámica que ha existido durante miles de millones de años. La supervivencia de estas lunas sugiere que la fase caótica del sistema solar pudo haber sido menos destructiva de lo que predicen algunos modelos.

Simulaciones

Para investigar cómo las lunas de los planetas gigantes sobrevivieron al período de inestabilidad del sistema solar, los investigadores realizaron simulaciones numéricas de la evolución orbital de los planetas exteriores. El estudio analizó 122 escenarios que mejor reproducen las características observadas actualmente en el sistema solar exterior. Las simulaciones rastrearon la dinámica gravitacional entre planetas, lunas, el Sol y cuerpos menores a lo largo de millones de años.

Es posible que el planeta gigante participara en la reorganización gravitatoria del sistema solar antes de ser expulsado al espacio interestelar debido a las interacciones con los demás planetas.
Es posible que el planeta gigante participara en la reorganización gravitatoria del sistema solar antes de ser expulsado al espacio interestelar debido a las interacciones con los demás planetas.

Además de los escenarios tradicionales con los cuatro gigantes conocidos, los investigadores también probaron escenarios que comenzaban con cinco o seis planetas gigantes. Este enfoque se basa en modelos que sugieren la existencia de uno o dos gigantes adicionales en el sistema solar que fueron expulsados posteriormente. Durante las simulaciones, los científicos evaluaron cómo estas diferentes configuraciones influían en la estabilidad de las lunas de Júpiter y Urano.

¿Un planeta desaparecido?

Los resultados de la simulación mostraron que la supervivencia simultánea de los sistemas lunares de Júpiter y Urano es mucho más difícil de explicar de lo esperado. En la mayoría de los escenarios analizados, las perturbaciones gravitacionales asociadas a la inestabilidad de los planetas gigantes alteraron drásticamente las órbitas de los satélites. En muchos casos, las lunas fueron expulsadas de sus órbitas originales, colisionaron con sus planetas o comenzaron a presentar configuraciones incompatibles con las observadas actualmente.

Los investigadores han calculado que la probabilidad de preservar los sistemas de satélites de Júpiter y Urano es inferior al 15 %. Sin embargo, un escenario logró preservar las observaciones actuales del sistema solar. Este escenario contempla la presencia de otro planeta gigante durante la fase de inestabilidad. En este modelo, el planeta adicional ayudó a redistribuir las interacciones gravitacionales, reduciendo los efectos más destructivos sobre las lunas. Posteriormente, tras la reorganización del sistema solar exterior, este objeto habría sido expulsado.

Referencia de la noticia

Clement et al. 2026 The fragility of the Uranian moons during the giant planet instability Icarus