Pocos lo saben: pero existen terremotos lunares, y la NASA propone escucharlos para localizar hielo en la Luna

Un estudio propone utilizar las ondas sísmicas generadas por los lunamotos para detectar depósitos de hielo enterrados cerca del polo sur lunar, un recurso clave para las futuras misiones tripuladas.

Si se confirma la presencia de hielo en la Luna, podría convertirse en un recurso esencial para las próximas misiones tripuladas.
Si se confirma la presencia de hielo en la Luna, podría convertirse en un recurso esencial para las próximas misiones tripuladas.

Encontrar agua en la Luna es uno de los grandes desafíos de la exploración espacial moderna. Aunque desde hace años existen fuertes indicios de que importantes reservas de hielo permanecen ocultas bajo la superficie, determinar con precisión dónde se encuentran y cuánta cantidad existe sigue siendo una incógnita.

Ahora, un nuevo estudio plantea una estrategia innovadora para resolver ese problema: escuchar las vibraciones que producen los llamados lunamotos.

La investigación, desarrollada por científicos de la Universidad de Maryland, el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y la Universidad de Hawái, fue publicada en la revista Science Advances y propone utilizar ondas sísmicas para identificar depósitos de hielo enterrados, especialmente en las regiones cercanas al polo sur de la Luna.

El trabajo adquiere especial relevancia porque la NASA tiene previsto enviar astronautas a esa zona en el marco del programa Artemis durante 2028, una misión que buscará sentar las bases para una presencia humana sostenida sobre la superficie lunar.

Cómo pueden las ondas sísmicas detectar hielo bajo la superficie

Al igual que ocurre con los terremotos en la Tierra, los lunamotos generan ondas que se propagan a través del suelo. La velocidad y el comportamiento de esas vibraciones cambian según el material que atraviesan, una propiedad que los investigadores creen que puede convertirse en una herramienta para localizar hielo oculto.

Al igual que ocurre con los terremotos en la Tierra, los lunamotos generan ondas que se propagan a través del suelo.
Al igual que ocurre con los terremotos en la Tierra, los lunamotos generan ondas que se propagan a través del suelo.

Mientras que el regolito seco —la capa de polvo y fragmentos rocosos que cubre la Luna— permite que las ondas viajen a una determinada velocidad, el terreno congelado es mucho más rígido. En esas condiciones, las vibraciones pueden desplazarse entre dos y tres veces más rápido. Además, los depósitos ricos en hielo reflejan parte de la energía sísmica, generando señales características que podrían ser registradas mediante sismómetros de alta sensibilidad.

Según los autores del estudio, estas diferencias permitirían no solo confirmar la presencia de hielo, sino también estimar la cantidad almacenada bajo la superficie.

Experimentos que respaldan la hipótesis

Para comprobar la viabilidad del método, el equipo realizó una serie de experimentos y simulaciones. El investigador principal, Harrison Lisabeth, utilizó roca volcánica procedente de Arizona porque, una vez triturada, presenta propiedades muy similares a las del regolito lunar. Tras congelar ese material, empleó rayos X para observar cómo el hielo ocupaba los diminutos espacios entre los granos de roca.

En paralelo, Matthew Siegler, de la Universidad de Hawái, elaboró mapas computacionales de alta resolución para identificar qué cráteres cercanos al polo sur permanecen lo suficientemente fríos como para conservar hielo durante miles de millones de años.

Por su parte, Nicholas Schmerr, de la Universidad de Maryland, desarrolló modelos informáticos que recrearon el paso de pequeños lunamotos a través de depósitos subterráneos de hielo. En todas las simulaciones aparecieron modificaciones claras y repetibles en las señales sísmicas, reforzando la idea de que esta técnica podría utilizarse en futuras exploraciones.

Un recurso estratégico para las futuras bases lunares

El hielo lunar representa mucho más que una curiosidad científica. Si se confirma su abundancia, podría convertirse en un recurso esencial para las próximas misiones tripuladas. Una vez extraído y purificado, serviría como fuente de agua potable para los astronautas.

Además, mediante procesos de electrólisis, el agua puede separarse en oxígeno e hidrógeno. El primero sería utilizado para la respiración, mientras que el segundo podría emplearse como combustible para cohetes. Disponer de estos recursos directamente en la Luna reduciría considerablemente la necesidad de transportar suministros desde la Tierra y facilitaría el establecimiento de bases permanentes.

Pero el interés no termina allí. Los científicos creen que el hielo preservado en los cráteres que permanecen permanentemente en sombra podría conservar información prácticamente intacta desde hace miles de millones de años. Su estudio ayudaría a reconstruir cómo se distribuyó el agua en el sistema solar primitivo e incluso aportaría nuevas pistas sobre el origen de los océanos terrestres.

Las oportunidades para comprobar esta hipótesis podrían llegar muy pronto. La misión china Chang'e-7, prevista para finales de 2026, llevará un sismómetro hasta las proximidades del cráter Shackleton, en el polo sur lunar. Dos años más tarde, los astronautas del programa Artemis podrían instalar un instrumento similar durante su permanencia en la superficie.

Si las señales sísmicas observadas coinciden con las predicciones del estudio, los investigadores obtendrían las primeras mediciones directas del hielo oculto bajo la Luna, un avance que podría marcar un antes y un después en la exploración espacial y en el aprovechamiento de los recursos naturales de nuestro satélite.