Entre energía y biodiversidad: el dilema de las represas europeas
Europa está eliminando cientos de presas obsoletas para restaurar los ríos, recuperar la biodiversidad y hacer frente a los desafíos ambientales que plantea el cambio climático.

Durante décadas, las represas fueron vistas como símbolos de progreso, ya que garantizaban la electricidad, controlaban las inundaciones y suministraban agua a las comunidades.
Hoy, sin embargo, Europa se enfrenta a una paradoja medioambiental: muchas de estas estructuras han dejado de cumplir funciones relevantes y se han convertido en obstáculos ecológicos. En respuesta a esta barrera, está surgiendo un movimiento continental para devolver a los ríos su curso natural.
El cambio cobró impulso con la entrada en vigor de la Ley Europea de Restauración de la Naturaleza en 2024. La legislación establece objetivos vinculantes para la restauración de ecosistemas degradados y prevé la restauración de 25.000 kilómetros de ríos de caudal libre para el año 2030.
El objetivo es restaurar la biodiversidad, mejorar la calidad del agua y aumentar la resiliencia de Europa ante el cambio climático.
La estrategia de la Unión Europea
Según National Geographic, se trata de un problema de gran magnitud. Se estima que existen más de 1,2 millones de barreras fluviales en Europa, incluyendo presas, diques y canales artificiales.
Al menos 150.000 son estructuras obsoletas, antiguas, abandonadas o con un uso mínimo. Durante décadas, as barragens foram vistas como símbolos de progresso, garantindo eletricidade, controlando as cheias e abastecendo as comunidades.
Muchas se construyeron durante la Revolución Industrial o en pleno auge de la expansión hidroeléctrica del siglo XX. Hoy en día, fragmentan los ecosistemas e impiden la circulación natural de peces, sedimentos y nutrientes.
Las consecuencias ambientales son profundas. Las represas alteran el caudal de los ríos, aumentan el estancamiento del agua y dificultan la migración de especies acuáticas, especialmente de peces migratorios como el salmón y la trucha.
Además, la retención de sedimentos acelera la erosión aguas abajo y compromete la regeneración natural de los hábitats fluviales .
El regreso de los ríos que fluyen libremente
En los últimos años, el número de retiradas se ha disparado. En 2024, se retiraron más de 500 barreras en varios países europeos.
Para 2025, la cifra superó las 600, estableciendo un récord histórico. Suecia, Finlandia y España lideran el proceso, pero incluso países sin tradición en este ámbito, como Islandia y Macedonia del Norte, han comenzado a desmantelar infraestructuras antiguas.
Uno de los casos más simbólicos tuvo lugar en Noruega, donde una pequeña presa en el río Vinstra fue destruida con explosivos tras décadas de abandono.
El embalse fue vaciado y el río volvió a fluir libremente. Según los implicados, el impacto ecológico fue casi inmediato.
Historias similares se repiten en Finlandia, Estonia y Dinamarca, donde ríos que antes estaban bloqueados han permitido nuevamente la migración de peces después de más de un siglo de interrupción.
El debate sobre la energía hidroeléctrica
Sin embargo, la transición no está exenta de polémica. Muchos residentes locales temen perder las reservas de agua, los paisajes a los que están acostumbrados o la protección contra las inundaciones.
En Francia, algunos proyectos han generado protestas debido a la falta de consulta pública.

También existen preocupaciones energéticas, ya que la energía hidroeléctrica sigue siendo una fuente importante de electricidad renovable en varios países europeos.
Este debate pone de manifiesto una tensión fundamental en la política medioambiental contemporánea: cómo equilibrar la restauración ecológica y la seguridad energética.
La propia Unión Europea busca expandir la generación de energía hidroeléctrica en algunas regiones, particularmente en los Balcanes. Los ecologistas argumentan que las nuevas represas solo deberían construirse en áreas que ya han sido modificadas significativamente, evitando los últimos ríos intactos del continente.
Una transformación silenciosa
A pesar de las diferentes opiniones, los expertos afirman que eliminar las represas no significa rechazar toda la energía hidroeléctrica.
En muchos casos, una sola central eléctrica moderna puede sustituir a varias represas obsoletas, produciendo más energía con un menor impacto ambiental.
Además de la biodiversidad, los ríos restaurados ayudan a combatir el cambio climático . Los ecosistemas fluviales saludables absorben mejor los impactos de las sequías y las inundaciones , mejoran la calidad del agua y reducen la vulnerabilidad de las poblaciones.
Estudios recientes también demuestran que los ríos más naturales son más capaces de disipar el exceso de agua durante las tormentas extremas, lo que reduce el riesgo de inundaciones.
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