Expertos afirman en Nature que dos enormes masas de roca caliente influyen en el campo magnético de la Tierra

Un grupo de científicos descendió simbólicamente hasta las entrañas del planeta para entender por qué el campo magnético terrestre se comporta de forma tan caprichosa, descubriendo que el motor de la Tierra no funciona como se creía.

La investigación detectó dos estructuras monstruosas, del tamaño de continentes, situadas bajo África y el Océano Pacífico.
La investigación detectó dos estructuras monstruosas, del tamaño de continentes, situadas bajo África y el Océano Pacífico.

Explorar el interior de la Tierra es más difícil que viajar a los confines del sistema solar. Resulta curioso que el ser humano haya llegado a Neptuno, pero bajo nuestros pies sólo perforamos doce kilómetros. Todo lo que ocurre más abajo, y especialmente a tres mil kilómetros de profundidad, es un misterio que deducimos con métodos indirectos.

Los dos gigantes que nos protegen (y nos confunden)

El núcleo externo de la Tierra es un océano de hierro líquido en constante movimiento. Ese movimiento funciona como un geodinamo: genera la corriente eléctrica que crea el campo magnético, ese escudo invisible que nos protege de la radiación solar. Hasta ahora, muchos modelos científicos asumían que este "motor" era bastante simétrico, como una barra de imán perfecta alineada con los polos.

Sin embargo, la investigación detectó dos estructuras monstruosas, del tamaño de continentes, situadas bajo África y el Océano Pacífico. Estas masas están ultracalientes y funcionan como mantas térmicas sobre el núcleo, impidiendo que esa zona del núcleo se enfríe y se active correctamente.

Este descubrimiento une puntos sueltos. Podría explicar fenómenos como la "Anomalía del Atlántico Sur", una zona donde el escudo magnético se debilita notablemente sobre América del Sur y el Atlántico.

¿Qué implica esto? Que el núcleo no se enfría de manera uniforme. Debajo de estas regiones calientes, el hierro líquido se vuelve "perezoso" o se estanca, mientras que en las zonas rodeadas de roca más fría, el flujo es mucho más vigoroso. Es como si el radiador de un auto funcionara de forma excelente en un costado pero estuviera tapado en el otro; esa asimetría moldea la forma y la intensidad de nuestro magnetismo desde hace 265 millones de años.

La estructura de nuestro planeta

Si pudiéramos rebanar el planeta desde la superficie hasta el centro mismo, encontraríamos cuatro capas principales:

  • Corteza: es la cáscara fina donde vivimos. Tiene apenas unos 35-70 km de espesor en los continentes.
  • Manto: es la capa más gruesa, compuesta de roca caliente que, aunque es sólida, se mueve muy lentamente (como un plástico denso) a lo largo de millones de años.
  • Núcleo Externo: aquí es donde ocurre la magia. Es una capa de hierro y níquel líquidos a temperaturas extremas. Al girar, este metal líquido crea el campo magnético.
  • Núcleo Interno: una bola de hierro sólido, tan comprimida por la presión que no puede derretirse.

¿Dónde está el descubrimiento exactamente? El hallazgo se ubica en un lugar crítico llamado la interfaz manto-núcleo, exactamente a 2.900 kilómetros de profundidad. Es la frontera donde la roca sólida del manto "toca" el metal líquido del núcleo externo.

El hallazgo se ubica en un lugar crítico llamado la interfaz manto-núcleo, exactamente a 2.900 kilómetros de profundidad.
El hallazgo se ubica en un lugar crítico llamado la interfaz manto-núcleo, exactamente a 2.900 kilómetros de profundidad.

El descubrimiento es fundamental porque demuestra que el manto le da órdenes al núcleo: el calor de estas masas rocosas frena el movimiento del hierro líquido que está justo debajo, afectando la forma en que se genera nuestro escudo magnético. Es, literalmente, el lugar donde el motor del mundo se encuentra con su regulador de temperatura.

Un nuevo mapa para entender el pasado

Este descubrimiento no solo interesa a quienes estudian los imanes. Al romper la idea del "imán perfecto", los científicos ahora tienen una herramienta más precisa para reconstruir la historia de la Tierra.

Un campo magnético estable y fuerte es lo que desvía el viento solar, una radiación de partículas cargadas que, de llegar a la superficie, esterilizaría el planeta y arrasaría con nuestra tecnología.

Las variaciones magnéticas también ayudan a ubicar dónde estaban los continentes hace millones de años. Si el campo magnético cambió por estas estructuras profundas, nuestras "coordenadas" históricas podrían necesitar un ajuste.

Este hallazgo derriba una idea simple: el campo no es simétrico y perfecto como un imán de barra. Su asimetría tiene causa profunda. Entender esto es crucial, porque ese escudo imperfecto y dinámico es, literalmente, lo que mantiene el mundo tal como lo conocemos encendido.

Referencia de la noticia

Biggin, A.J., Davies, C.J., Mound, J.E. et al. Mantle heterogeneity influenced Earth's ancient magnetic field, Nature Geosciences (2026).