La ciencia lo confirma: tu mascota sabe que estás enfermo antes que tu médico

Parecen o corazonadas o fenómenos paranormales, pero detrás de la intuición de las mascotas hay mecanismos biológicos de alta precisión que la ciencia ya utiliza para diagnosticar enfermedades.

El vínculo cotidiano entre las personas y sus mascotas se apoya en una comunicación química y sensorial construida tras miles de años de convivencia.
El vínculo cotidiano entre las personas y sus mascotas se apoya en una comunicación química y sensorial construida tras miles de años de convivencia.

Quienes comparten su vida con mascotas han presenciado escenas inquietantes, como un gato que apoya su cabeza de forma persistente sobre el vientre de su dueña semanas antes de que una prueba de embarazo dé positiva; o un perro que no se despega de alguien que está atravesando un cuadro febril o un momento de profunda tristeza.

Aunque es tentador pensar que se trata de un fenómeno místico o que tienen un sexto sentido, la ciencia confirma que estos comportamientos son el resultado de mecanismos biológicos tan precisos como efectivos.

La química invisible que nos delata

La explicación de este superpoder reside en una arquitectura biológica diseñada para leer el mundo a través del olfato.

Mientras que los seres humanos poseemos apenas unos 5 millones de receptores olfativos, los gatos cuentan con cerca de 200 millones y los perros superan los 300 millones.

A esto se suma el órgano vomeronasal o de Jacobson, ubicado en el paladar, que les permite procesar señales químicas imperceptibles para nuestro olfato: los Compuestos Orgánicos Volátiles (COV).

Con más de 300 millones de receptores olfativos, la nariz canina es un sensor biológico capaz de registrar cambios imperceptibles para el ser humano.
Con más de 300 millones de receptores olfativos, la nariz canina es un sensor biológico capaz de registrar cambios imperceptibles para el ser humano.

Cada vez que el cuerpo humano atraviesa un cambio fisiológico -ya sea por una fluctuación hormonal, el desarrollo de una patología o una alteración metabólica-, la química interna cambia.

Esas modificaciones liberan pequeñas moléculas volátiles a través del aliento, la piel, la orina y el sudor. Lo que para nosotros es aire inodoro, para ellos es una firma química inconfundible.

Esta sensibilidad no se limita a los procesos físicos; también alcanza a lo emocional. Un estudio de la Universidad Queen's en Belfast, publicado en la revista PLOS ONE, demostró que los perros pueden detectar el estrés humano con una precisión del 93,75% utilizando únicamente muestras de sudor y aliento.

El olfato canino no solo rastrea rastros en el suelo; también procesa las firmas químicas que emitimos en el aliento y la piel.
El olfato canino no solo rastrea rastros en el suelo; también procesa las firmas químicas que emitimos en el aliento y la piel.

Los científicos tomaron muestras de personas antes y después de realizar una prueba de matemática mental compleja, y los animales identificaron el cambio químico provocado por la liberación de cortisol y adrenalina sin necesidad de ver ni escuchar a los participantes.

En el caso de los gatos, varios estudios de etología confirman que son observadores de una precisión quirúrgica: leen las microexpresiones faciales, detectan variaciones de temperatura corporal e identifican los sutiles cambios aromáticos que acompañan al miedo o a la tristeza.

De la convivencia al laboratorio: perros biodetectores

Comprender que las enfermedades "huelen" abrió las puertas a una disciplina científica revolucionaria: la biodetección médica canina. Varias instituciones científicas adiestran hoy a perros para actuar como herramientas diagnósticas de alta precisión.

Tal es el caso de Chilli, una perra de raza Cocker Spaniel en Londres que entrena la organización británica Medical Detection Dogs. El obetivo es convertirla en una detectora especializada de infecciones por Pseudomonas, un género de bacterias oportunistas que causa graves complicaciones pulmonares en pacientes con fibrosis quística.

Chilli aprende a distinguir el aroma específico que emite la bacteria en muestras de mucosidad, lo que permitirá diagnosticar picos infecciosos antes de que aparezcan los síntomas clínicos.

A nivel internacional, centros como el Penn Vet Working Dog Center de la Universidad de Pensilvania (EE. UU.) y Medical Detection Dogs Italia lideran investigaciones similares. La gama de aplicaciones médicas continúa en expansión:

Oncología: perros entrenados identifican patrones volátiles de cáncer de pulmón, mama, próstata o colon en muestras de aliento o sangre. En diversos ensayos, logran sensibilidades diagnósticas equivalentes a las de pruebas de laboratorio tradicionales.

A través del órgano vomeronasal, los gatos procesan señales químicas del entorno que les permiten detectar variaciones en su entorno.
A través del órgano vomeronasal, los gatos procesan señales químicas del entorno que les permiten detectar variaciones en su entorno.

Control de glucemia: los perros de asistencia para personas con diabetes detectan los picos de isopreno en el aliento. Este químico natural se eleva de forma significativa cuando el azúcar en sangre cae, lo que permite alertar al paciente antes de que sufra una hipoglucemia severa.

Alertas neurológicas: perro adiestrados para avisar a sus dueños minutos antes de que ocurra una crisis de epilepsia o un episodio grave de narcolepsia, dándoles tiempo valioso para ponerse a resguardo.

Lo que en el hogar parece intuición es el resultado de un monitoreo constante del entorno por parte de los animales de compañía.
Lo que en el hogar parece intuición es el resultado de un monitoreo constante del entorno por parte de los animales de compañía.

Detección de infecciones: programas epidemiológicos en aeropuertos de Finlandia y Alemania demostraron que los perros identificaban muestras de pacientes con COVID-19 con una efectividad comparable a la de un test de PCR. De igual forma, hoy entrenan ejemplares para rastrear bacterias resistentes a los antibióticos en entornos hospitalarios.

Servidores de élite: rescate, aduanas y seguridad

La capacidad de rastrear estas firmas moleculares convierte al perro en un aliado en escenarios de crisis donde la tecnología humana todavía no encuentra un sustituto tan eficiente.

En misiones de búsqueda y rescate tras terremotos o colapsos estructurales, los perros K9 no buscan a una persona visualmente, sino que rastrean las células epiteliales descamadas y los gases de respiración que atraviesan los escombros.

En aduanas y pasos fronterizos, su olfato segmenta olores complejos para aislar sustancias ilícitas, dinero en efectivo o material biológico protegido escondido en equipajes masivos.

A medida que la ciencia profundiza en la comprensión del olfato animal, la frontera entre la anécdota hogareña y el diagnóstico clínico se vuelve cada vez más delgada.

Aprovechar esa sensibilidad abre un camino sumamente prometedor para la medicina del futuro, donde un simple movimiento de cola o una mirada atenta pueden ser la primera señal para salvar una vida.

Referencia de la noticia

Clara Wilson,Kerry Campbell,Zachary Petzel,Catherine Reeve. (2022). Dogs can discriminate between human baseline and psychological stress condition odours.
Jendrny, P., Schulz, C., Twele, F. et al.. (2020). Scent dog identification of samples from COVID-19 patients – a pilot study..