Olas de oscuridad marina: la nueva amenaza para la vida oceánica que crece con el cambio climático
Investigaciones recientes revelan que la pérdida repentina de luz en el océano -un fenómeno emergente- puede alterar ecosistemas enteros, con efectos que se agravan por el cambio climático.

La luz es para el océano lo que el pulso es para el cuerpo humano: una señal vital que regula ritmos, comportamientos y procesos esenciales. Sin embargo, un nuevo estudio científico advierte sobre un fenómeno emergente y poco conocido: las llamadas marine darkwaves, o “olas de oscuridad marina”, eventos en los que la disponibilidad de luz disminuye abruptamente en grandes extensiones del mar.
Estas interrupciones repentinas de la iluminación natural pueden desencadenar impactos profundos en la vida marina, desde el plancton microscópico hasta los grandes depredadores. La investigación publicada recientemente arroja luz —paradójicamente— sobre un riesgo creciente, vinculado tanto a procesos naturales como a la intensificación del cambio climático.
Cuando la luz se apaga bajo el agua
En el océano, la luz solar es el motor de la fotosíntesis marina, base de la cadena alimentaria. El fitoplancton, responsable de cerca del 50 % del oxígeno que respiramos, depende de ella para crecer y reproducirse. Además, numerosas especies regulan su actividad diaria y sus migraciones verticales en función del ciclo luz-oscuridad, como si siguieran un reloj biológico submarino.

Un grupo de científicos de Nueva Zelanda y Australia publicó recientemente una investigación que analizó más de dos décadas de datos satelitales para identificar descensos abruptos y persistentes en la penetración de luz en la columna de agua.
Los investigadores detectaron que estos episodios pueden extenderse durante semanas y abarcar miles de kilómetros cuadrados, afectando regiones clave del Atlántico Norte, el Pacífico ecuatorial y áreas costeras densamente productivas.
Los resultados sugieren que las olas de oscuridad no solo reducen la fotosíntesis, sino que también alteran la distribución de nutrientes y la dinámica de los ecosistemas marinos.
Monitorear la oscuridad
Para seguir la evolución de estas olas de oscuridad marina, los científicos combinan datos satelitales, sensores ópticos instalados en boyas oceánicas y modelos numéricos de alta resolución.
Este sistema permite detectar variaciones en la turbidez del agua, la concentración de clorofila y la profundidad de la zona fótica, es decir, la capa donde la luz todavía alcanza para sostener la fotosíntesis. En términos simples, es como medir cuánta luz logra atravesar un vidrio cada vez más opaco.
Las consecuencias ecológicas son profundas. La reducción sostenida de la luz limita la producción primaria del fitoplancton, base de toda la red trófica marina. Estudios recientes muestran que una disminución de apenas un 10 % en la luz disponible puede generar caídas de hasta un 20 % en la productividad biológica local, afectando la disponibilidad de alimento para peces, moluscos y grandes depredadores.
A mayor escala, este proceso compromete la eficiencia de la llamada “bomba biológica de carbono”, el mecanismo natural mediante el cual el océano captura CO₂ atmosférico y lo transporta hacia las profundidades.
Oscuridad marina y el cambio climático
El vínculo con el cambio climático refuerza la preocupación. El aumento de lluvias extremas, el retroceso acelerado de glaciares y el mayor escurrimiento continental incrementan la carga de sedimentos y materia orgánica en las aguas costeras, volviéndolas más turbias.
Al mismo tiempo, la estratificación térmica del océano —provocada por el calentamiento superficial— dificulta la mezcla vertical, atrapando partículas y fitoplancton cerca de la superficie. Este combo favorece la aparición de olas de oscuridad más frecuentes, extensas y persistentes.

Los modelos climáticos advierten que, si continúan las tendencias actuales de emisiones, la capacidad del océano para absorber carbono podría debilitarse entre un 5 % y un 15 % hacia finales de siglo, en parte debido a la pérdida de productividad fotosintética en amplias regiones marinas. Esto implica un riesgo doble: ecosistemas menos resilientes y un planeta con menor capacidad natural para amortiguar el calentamiento global.
Referencias de la noticia
Thoral, F., Pinkerton, M.H., Montie, S. et al. Marine darkwave as an event-based framework to assess unusual periods of reduced underwater light availability. Commun Earth Environ 7, 4 (2026).
Behrenfeld MJ, O'Malley RT, Siegel DA, McClain CR, Sarmiento JL, Feldman GC, Milligan AJ, Falkowski PG, Letelier RM, Boss ES. Climate-driven trends in contemporary ocean productivity. Nature. 2006 Dec 7;444(7120):752-5.