¿Por qué nos enfermamos antes de las vacaciones? Ni mala suerte ni aire acondicionado, este es el motivo científico
Terminaste el año a mil y, justo cuando te vas de vacaciones, ¡te enfermás! No es de "mufa", es ciencia. Te contamos por qué ocurre la "enfermedad del ocio" y cómo evitar que la fiebre te arruine el verano.

Esperás el descanso durante semanas. Cerrás pendientes del trabajo, apurás las entregas, sobrevivís al último Zoom innecesario. Por fin llega el día: valija lista, mail fuera de la oficina, mente en modo reposera. Y entonces, sin pedir permiso, aparece el cosquilleo en la garganta. Después el dolor de cabeza. A veces, fiebre. El cuerpo, claramente, no entendió que no era el momento para sentirse mal.
Ese fenómeno en el que una persona que casi no se enferma durante el año de trabajo o clases, cae justo en el fin de semana largo o en la previa de las vacaciones es tan común que hasta tiene nombre. En el ámbito académico se lo conoce como "enfermedad del ocio" o "efecto de bajada". No es una simple coincidencia que llegue en ese momento; es el resultado de cómo nuestra biología gestiona las presiones del año.
El término surgió en 2002, cuando investigadores de Países Bajos analizaron encuestas de casi 1900 personas. Alrededor del 3 % dijo sentirse mal de forma recurrente en días libres o feriados. Los síntomas eran bastante clásicos: cansancio, dolor de cabeza, resfríos, gripe, molestias musculares y náuseas. Además, las infecciones aparecían más durante las vacaciones que en simples fines de semana, sobre todo en la primera semana de descanso.
El escudo químico que nos mantiene de pie
Para entender por qué el cuerpo se “desarma” justo cuando descansamos, hay que mirar la relación entre estrés y sistema inmunológico.
Cuando estamos bajo presión, el cuerpo activa el sistema nervioso simpático y libera hormonas como adrenalina y cortisol. El estrés crónico, sostenido en el tiempo, mantiene el cortisol alto y termina debilitando la respuesta inmune. Resultado: más chances de enfermarnos cuando entramos en contacto con virus o bacterias.
Pero en el corto plazo pasa algo distinto. El estrés agudo puede mejorar transitoriamente ciertas defensas y, además, el cortisol tiene efecto antiinflamatorio. Traducido: estamos cansados, corriendo todo el día, pero seguimos de pie y sin síntomas claros.
El problema aparece cuando el estrés se corta de golpe. Llega el descanso, bajan las hormonas del “modo supervivencia” y se pierde ese refuerzo temporal. El cuerpo, que venía aguantando, aprovecha para pasar factura. Ahí aparecen el dolor muscular, la cefalea o el resfrío que parecía estar esperando turno.
Viajes, gérmenes y brindis de más
Las vacaciones también suman otros condimentos. Viajar implica aeropuertos, colectivos y espacios cerrados llenos de personas y de microorganismos dispuestos a socializar. Además, cambiar de destino puede significar contacto con cepas nuevas, frente a las que no tenemos tanta inmunidad.

A eso se le agregan algunos clásicos del descanso: más alcohol, menos rutina, horarios irregulares y actividades que el cuerpo no suele hacer. Todo junto genera un combo que puede empujar al sistema inmunológico justo cuando baja la guardia.
Y hay otra posibilidad menos biológica pero igual de real: durante el trabajo estamos tan ocupados que apenas registramos las señales del cuerpo. En vacaciones, el silencio amplifica todo. Ese dolor que antes se atribuía al estrés ahora no tiene a quién culpar.
Cómo evitar que el cuerpo pase factura
Para que el descanso no se transforme en un reposo obligado con termómetro en mano, los expertos sugirieron algunas medidas prácticas. Mantener una rutina de ejercicio moderado incluso en los días previos al viaje ayuda a equilibrar el sistema inmune. Asimismo, la transición hacia las vacaciones debería ser gradual: no es ideal pasar de 12 horas de oficina a la inactividad total de un momento a otro.
Practicar técnicas de meditación o simplemente asegurar un sueño reparador en la última semana laboral funcionó como un amortiguador biológico. Al final del día, el cuerpo no es una máquina que se apaga con un botón; necesita un "aterrizaje suave" para procesar que el modo supervivencia terminó y que, finalmente, es tiempo de disfrutar.
Referencia de la noticia
Ad J.J.M. Vingerhoets; Maaike van Huijgevoort; Guus L. van Heck, Leisure Sickness: A Pilot Study on Its Prevalence, Phenomenology, and Background.