Roy, el perro “científico” que ayuda a salvar una especie protegida y a identificar una peligrosa enfermedad
Roy fue entrenado para encontrar pichiciegos y vinchucas silvestres. Su extraordinario olfato ayuda a investigadores del CONICET a proteger la biodiversidad y prevenir la enfermedad de Chagas.

Roy no usa guardapolvo blanco ni trabaja en un laboratorio. Tampoco escribe artículos científicos ni analiza muestras en un microscopio. De hecho, ni siquiera habla. Sin embargo, es uno de los integrantes más valiosos de un proyecto del CONICET que busca responder preguntas que los investigadores llevan décadas intentando resolver.
Su herramienta de trabajo es el olfato. Porque Roy es un perro rastreador, especialmente entrenado en los Países Bajos, llegó a Mendoza para convertirse en un aliado de la ciencia.
Su misión consiste en encontrar pichiciegos, uno de los animales más enigmáticos de la fauna argentina, y detectar vinchucas silvestres, insectos capaces de transmitir la enfermedad de Chagas.

La investigadora del Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU-CONICET UNCuyo) Mariella Superina es quien lidera el proyecto "CAN-TRACK: Perros que detectan - Ciencia que protege", iniciativa que combina conservación de biodiversidad y salud pública.
Roy, un perro para encontrar un animal casi "invisible"
El pichiciego es una de las especies más emblemáticas de las zonas áridas de Argentina, pero también es una de las más difíciles de estudiar.

Mide apenas unos centímetros, pesa alrededor de 100 gramos y pasa prácticamente toda su vida bajo tierra. Esa particular forma de vivir hace que resulte casi imposible localizarlo mediante los métodos tradicionales que utilizan los científicos.
"Sabemos que hay pichiciegos, pero no sabemos dónde están exactamente. Queremos conocer más sobre ellos para poder determinar su estado de conservación y ver si tenemos que iniciar alguna medida para proteger esta especie tan emblemática”, resume Superina.Y es aquí donde aparece el perro Roy. Gracias a su extraordinaria capacidad olfativa, puede detectar el olor del animal incluso cuando permanece enterrado.
Así es el "Hada Rosa", una de las especies más difíciles de encontrar en el mundo y que fue fotografiada y filmada en la reserva Ñacuñan de #Mendoza
— Nacho de la Rosa (@nacho_delarosa) February 27, 2026
Es un pichiciego menor, de entre 7 y 11 cm y que pesa solo 100 gramos. Difícilmente sale de abajo de la tierra, y solo de noche pic.twitter.com/21PYFmk6pE
Cuando lo encuentra, no cava ni intenta atraparlo; simplemente se queda inmóvil señalando el lugar, permitiendo que los investigadores registren su presencia sin alterar su comportamiento natural.
La información obtenida permitirá conocer dónde vive, cómo utiliza el ambiente, cuál es el tamaño de sus poblaciones y determinar si es necesario implementar medidas para proteger a esta especie, que solo habita en Argentina.
Dos en uno: clave para detectar al insecto que transmite Chagas
El aporte científico de Roy no se queda solo en la colaboración para preservar al pichiciego, De hecho, su otro rol es fundamental en la salud pública.

Y es que durante su entrenamiento, los científicos decidieron aprovechar sus capacidades para incorporar además la misión de localizar vinchucas silvestres, insectos hematófagos que pueden transmitir el parásito causante de la enfermedad de Chagas.
A diferencia de las vinchucas que suelen encontrarse dentro de las viviendas, estas especies viven en ambientes naturales y permanecen ocultas en grietas, huecos de árboles, madrigueras y nidos, lo que hace muy difícil encontrarlas.
En ese sentido, conocer dónde viven resulta fundamental. Porque los cambios en el uso del suelo, la expansión agrícola, la deforestación y el crecimiento urbano modifican esos ambientes y pueden empujar a las vinchucas hacia zonas habitadas por personas.

La información que aporta Roy permitirá fortalecer la vigilancia epidemiológica y mejorar las estrategias de prevención de una de las enfermedades parasitarias más importantes de América Latina.
Entrenamiento de nivel internacional
Roy fue entrenado durante varios meses por la fundación Scent Imprint Conservation Dogs, una organización con sede en los Países Bajos especializada en formar perros detectores para proyectos científicos y de conservación de la biodiversidad en distintos países del mundo.

Para su preparación se utilizaron muestras de olor enviadas desde Argentina y el proceso incluyó también la capacitación del equipo mendocino que trabajaría con él.
Un juego que se convierte en trabajo
Roy nunca es obligado a salir al campo. De hecho, todo su entrenamiento se basa en el refuerzo positivo. Cada vez que encuentra correctamente un olor recibe como recompensa aquello un instante con su juguete favorito.

"Buscar no es una obligación para él, sino un juego", explica Superina.
También su bienestar físico es una prioridad. Como las altas temperaturas pueden afectar su rendimiento, las salidas de campo se planifican cuidadosamente para evitar las horas de mayor calor.
Vivir el futuro, pero en el presente
Los investigadores destacan que Roy no reemplaza los métodos científicos tradicionales, sino que los complementa.

Cada una de sus detecciones debe ser corroborada por el equipo y forma parte de un protocolo de investigación cuidadosamente diseñado.
Las expectativas científicas son enormes. Si la metodología demuestra ser tan efectiva como esperan, podría utilizarse en el futuro para estudiar otras especies difíciles de detectar e incluso localizar distintos vectores o reservorios de enfermedades.
Roy podría ser el primero de muchos perros "científicos" que ayuden a responder, por medio del olfato canino, preguntas que la tecnología todavía no logra.