El rol oculto de las ballenas: cómo estos gigantes marinos ayudan a frenar el cambio climático

Las ballenas no solo habitan los océanos: capturan carbono, fertilizan el fitoplancton y ayudan a regular el clima global, convirtiéndose en aliados naturales esenciales frente al cambio climático.

Las ballenas cumplen un papel natural muy relevante en el control del aumento de la temperatura al ser muy eficientes atrapando dióxido de carbono. Imagen: Greenpeace
Las ballenas cumplen un papel natural muy relevante en el control del aumento de la temperatura al ser muy eficientes atrapando dióxido de carbono. Imagen: Greenpeace

Durante décadas, el cambio climático se explicó en términos de emisiones, combustibles fósiles y políticas globales. Pero en silencio, bajo la superficie del océano, existe un sistema natural que regula el clima con una eficacia sorprendente: las ballenas. Tal como indica la organización Ballenas.org, estos cetáceos funcionan como verdaderos “bosques del océano”, capturando carbono de forma masiva y sostenida.

Cada ballena puede almacenar hasta 33 toneladas de CO2 y potenciar la producción de fitoplancton, funcionando como uno de los sistemas naturales más poderosos para mitigar el calentamiento global.

Cada ballena puede almacenar en su cuerpo hasta 33 toneladas de dióxido de carbono a lo largo de su vida, una cifra equivalente a lo que capturan aproximadamente 1.500 árboles maduros. Este carbono no vuelve a la atmósfera: cuando el animal muere, su cuerpo se hunde en el fondo marino, sellando ese carbono durante siglos en un proceso conocido como whale fall. Tal como explica la literatura científica, este mecanismo convierte a las ballenas en sumideros de carbono de largo plazo.

A través de sus viajes, sus inmersiones profundas e incluso al morir, las ballenas actúan como ingenieras de los ecosistemas marinos, sosteniendo procesos clave que ayudan a regular el clima del planeta. Imagen: Ballenas.org
A través de sus viajes, sus inmersiones profundas e incluso al morir, las ballenas actúan como ingenieras de los ecosistemas marinos, sosteniendo procesos clave que ayudan a regular el clima del planeta. Imagen: Ballenas.org

Pero su impacto no termina ahí. Tal como explica la ONG Submon, las ballenas también activan la llamada “bomba biológica”, fertilizando el océano con sus excrementos ricos en hierro y nitrógeno. Este proceso impulsa el crecimiento del fitoplancton, responsable de producir entre el 40 % y el 50 % del oxígeno del planeta y de capturar miles de millones de toneladas de CO2 cada año.

El motor oculto del clima global

El océano absorbe aproximadamente el 25 % del CO2 generado por el ser humano y más del 50 % del exceso de calor del sistema climático. En este contexto, las ballenas actúan como ingenieras ecosistémicas, amplificando la capacidad natural del planeta para autorregularse. Tal como explica la publicación científica de Roman & McCarthy (2010), su rol en el transporte vertical y horizontal de nutrientes es clave para mantener la productividad oceánica.

Las heces de ballenas son ricas en hierro, nitrógeno y otros nutrientes, actúan como fertilizante, aumentando la productividad de pequeñas algas conocidas como fitoplancton. Imagen: Ballenas.org
Las heces de ballenas son ricas en hierro, nitrógeno y otros nutrientes, actúan como fertilizante, aumentando la productividad de pequeñas algas conocidas como fitoplancton. Imagen: Ballenas.org

Sin embargo, este sistema fue gravemente alterado. La caza industrial redujo las poblaciones de ballenas de sus niveles originales. Tal como indica Submon, esta pérdida implicó una reducción de millones de toneladas de carbono capturado y una caída significativa en la fertilidad oceánica. En otras palabras: eliminar ballenas no solo afecta la biodiversidad, sino que debilita uno de los mecanismos naturales más poderosos contra el cambio climático.

Hoy, la recuperación de estas poblaciones representa una oportunidad climática real. Aumentar la cantidad de ballenas podría reactivar estos procesos naturales y multiplicar la captura de carbono sin necesidad de tecnología adicional. Es una solución basada en la naturaleza, con impacto global y coste prácticamente nulo.

Golfo San Matías: el laboratorio natural en riesgo

Este fenómeno global tiene una expresión concreta en el sur de Argentina. El Golfo San Matías es un área clave para especies como la ballena franca austral, donde su presencia no sólo tiene valor ecológico, sino también climático. Tal como indica Ballenas.org, estas poblaciones contribuyen directamente a la fertilización del fitoplancton local y, por lo tanto, a la captura de carbono en la región.

Aunque existe una moratoria vigente, la caza de ballenas continúa en Noruega, Islandia y Japón. Imagen: Ballenas.org
Aunque existe una moratoria vigente, la caza de ballenas continúa en Noruega, Islandia y Japón. Imagen: Ballenas.org

Sin embargo, proyectos de expansión hidrocarburífera en la zona podrían alterar este delicado equilibrio. Tal como advierte la organización Mar Patagónico, el ruido submarino, la contaminación y el tráfico marítimo afectan el comportamiento y la supervivencia de los cetáceos. Esto no solo implica una pérdida de biodiversidad, sino también la degradación de un sistema natural clave para la regulación climática.

El impacto potencial es profundo: reducir la presencia de ballenas en zonas productivas como el Golfo San Matías equivale, en términos climáticos, a eliminar un bosque entero del océano. En un contexto donde cada tonelada de CO2 cuenta, estas decisiones adquieren una dimensión estratégica.


Referencias de la noticia:

Roman, J., Estes, J.A., Morissette, L. et al. Whales as marine ecosystem engineers. Frontiers in Ecology and the Environment 12, 377–385 (2014). https://doi.org/10.1890/130220

Roman, J., McCarthy, J.J. The whale pump: marine mammals enhance primary productivity in a coastal basin. PLoS ONE 5(10): e13255 (2010). https://doi.org/10.1371/journal.pone.0013255

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