La primavera no siempre empieza el 21 de septiembre

La primavera es el momento del año en que los días comienzan a ser más largos que las noches. Finalmente termina la noche polar en el hemisferio sur.

Enzo Campetella Enzo Campetella 19 Sep 2019 - 20:42 UTC
Primavera
Para la meteorología la primavera climatológica inicia el primer día del mes de septiembre.

Si viviéramos en el Polo Sur, seguramente el inicio de la primavera sería uno de los días más felices del año para nosotros. Sencillamente porque saldríamos de una larguísima noche de 6 meses, para vivir los próximos 6 meses con luz permanente. El término primavera en nuestro idioma deriva del latín primum veris. Algo así como el primer verano, o la previa al verano.

Hay varias formas de definir el inicio de la primavera. Para los meteorólogos la primavera inicia el 1 de septiembre como parte del trimestre septiembre, octubre y noviembre. Se toma esta división por la sencilla razón de facilitar los cálculos estadísticos. Es lo que llamamos primavera climatológica. Para nuestro calendario, el 21 de septiembre es por convención el inicio de la primavera, lo que llamamos la primavera civil. También se puede definir a la primavera por los procesos fenológicos de las plantas que avanzan en su proceso de floración. En algunos casos, ese proceso se inicia hasta un mes antes del inicio de la primavera astronómica.

Justamente en términos astronómicos el inicio de la primavera ocurre con el equinoccio de septiembre. Es uno de los momentos del año (el otro en marzo) cuando los rayos solares llegan alineados al Ecuador y de esta forma iluminan a la Tierra en forma igual de polo a polo. Y ya que venimos con el origen de los términos, es bueno decir que justamente equinoccio deriva también del latín aequinoctium -aequus nocte-, o "noche igual". Este año, ese momento que dará lugar al inicio de la primavera ocurrirá el lunes 23 de septiembre a las 04.50 hora argentina de acuerdo a datos de Hidrografía Naval.

Los solsticios en la historia

En el momento del equinoccio, la duración del día y la noche se equiparan: 12 horas para cada uno en todo el planeta. A partir de allí, en el hemisferio sur las noches serán más cortas que los días hasta llegar al solsticio de diciembre, momento de inicio del verano y de máxima insolación.

Para muchas civilizaciones, tanto los equinoccios como los solsticios eran momentos místicos y trascendentales que los llevaron a construir obras que todavía hoy nos sorprenden. Por caso, los Mayas han construido pirámides como las de Chichen Itzá totalmente diagramadas con fines religiosos y astronómicos. Según indica el sitio Cuándo Pasa, se observa en la escalera norte del Castillo de Chichén Itzá el fenómeno de una proyección solar serpenteante. Consiste en siete triángulos de luz, invertidos, como resultado de la sombra que proyectan las nueve plataformas de ese edificio, al ponerse el Sol”. Es el nacimiento de Kukulcán, la serpiente emplumada.

Por su parte, los egipcios utilizaron los equinoccios, en especial el de marzo, para construir y alinear a las tres pirámides de Giza, en Egipto. En el actual territorio del Reino Unido, los megalitos de Stonehenge fueron alineados en la dirección del amanecer del solsticio de verano y la puesta del sol del solsticio de invierno.

Todo siempre está cambiando

Un punto relevante es que el eje de la Tierra tiene un movimiento lento como el de un trompo que tambalea. Esto se conoce en astronomía como la precesión de los equinoccios. Esto hace que la orientación del eje terrestre recorra una circunferencia completa cada 25776 años, lo que se conoce como año platónico. Por ejemplo, a principios de la era cristiana el Sol se proyectaba a inicio de la primavera en la constelación de Aries. Actualmente, 2.000 años después, ha girado un ángulo de 27,92° y se proyecta en Piscis.

Volviendo a lo meteorológico, podemos decir que la primavera es una estación de transición, por lo que, y en especial en la primera parte, conviven situaciones típicas del invierno con otras cuya circulación se asocia con el verano. Al inicio de la primavera la troposfera media y alta todavía están muy frías, por lo que calentamientos superficiales pueden conducir a situaciones de inestabilidad con facilidad. En ciudades como Buenos Aires es la estación del año con mayor incidencia de granizo.

En el caso de la Patagonia, en primavera todavía pueden aparecer nevadas en la zona cordillerana. En San Carlos de Bariloche, las nevadas que ocurren en octubre se las conoce como la de "los tontos", por quienes son tomados por sorpresa. También se las conoce como las nevadas de los tulipanes, que justamente estarán floreciendo por esos días.

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