Ni oro ni petróleo: por qué los Emiratos están "enterrando" su fortuna líquida
En una apuesta sin precedentes por la supervivencia, el país árabe transformó su geología en una caja fuerte. Miles de millones de litros de agua desalinizada aguardan en las profundidades, creando un seguro de vida contra el cambio climático y las crisis globales.

Históricamente, el subsuelo de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) fue sinónimo de "oro negro". Sin embargo, la estrategia nacional dio un giro de 180 grados: las bóvedas que antes se pensaban para el petróleo ahora albergan agua dulce.
No se trata de cavernas naturales ni de lagos profundos. Lo que los Emiratos desarrollan es ingeniería pura y dura: almacenamiento subterráneo controlado de agua desalinizada, una forma de convertir energía en seguridad hídrica a largo plazo. Se trata de un sistema que utiliza la propia porosidad de la roca para guardar lo que el cielo no les da.
Los números explican la urgencia de buscar acceso al agua potable. En 1960, los Emiratos tenían unos 90.000 habitantes. Hoy, la población se multiplicó por cien. No hay ríos permanentes, las lluvias son escasas y el crecimiento urbano sigue en marcha. La única variable realmente controlable es la ingeniería.
Por eso el agua dejó de ser solo un servicio público y pasó a tratarse como un activo estratégico, al nivel del petróleo o la energía.
Paso a paso: cómo funciona el sistema
- Se produce el agua
El agua se obtiene en plantas desalinizadoras en la costa. Se le quita la sal al agua de mar hasta que queda potable, como la que sale de la canilla. - Se transporta tierra adentro
Ese agua viaja por tuberías enormes, de hasta un metro de diámetro, cientos de kilómetros hacia el interior del país. - Se “guarda” bajo tierra
Acá está la parte clave. El agua no se deja en la superficie ni se tira a un pozo al azar. Se inyecta a presión y de forma controlada a 80 metros de profundidad en un acuífero natural. Para que el agua no se escape ni se contamine, buscaron una zona donde este "depósito de arena" estuviera rodeado por capas de roca impermeable. Esto evita que el agua dulce se desparrame hacia los costados o se mezcle con otras sustancias.
El agua no queda “abandonada”. Circula de manera controlada y se analiza de forma periódica. Se monitorea la calidad, presión, salinidad y el estado de las rocas diariamente.Cuando hace falta, se recupera.

Cuando hay una emergencia (por ejemplo, si se rompe una planta desalinizadora), el sistema se invierte. Se activan las bombas en los 300 pozos de recuperación, que succionan el agua de la "esponja de piedra", la pasan por un filtrado rápido para asegurar la potabilidad y la mandan a la red de las ciudades.
¿Por qué no hacer un lago sobre la superficie? Por tres razones que en el desierto son fatales:
- Evaporación: a 45 °C, un lago perdería metros de altura por año. Bajo tierra, la temperatura es constante y el agua no se evapora con tanta facilidad.
- Contaminación: arriba hay tormentas de arena y largos periodos de algas (marea roja). Abajo, el agua está en total oscuridad, lo que impide que se ensucie o crezcan bacterias.
- Seguridad: un tanque arriba es un blanco fácil en caso de conflicto bélico o ataque terrorista. Una reserva a 80 metros bajo tierra es prácticamente indestructible.
Reservas en el desierto
La dependencia de los EAU respecto a la desalinización es total: más del 90% del agua potable que sale de las canillas proviene del mar. Este modelo tiene un talón de Aquiles: si las plantas costeras fallan por una marea roja (cada vez más frecuentes por el calentamiento del agua), un ciberataque o un conflicto bélico en el Golfo, la población se quedaría sin suministro en horas.
El almacenamiento subterráneo cambia la lógica. El país deja atrás el modelo de producir agua en tiempo real y pasa a otro más parecido al del petróleo: producir, almacenar y proteger. El resultado son reservas capaces de abastecer a las principales ciudades durante semanas.
En caso de emergencia, esa reserva puede aportar 100 millones de litros diarios. Parece mucho, pero alcanza apenas para una fracción de los 6 mil millones de litros que el país consume cada día, un número que incluye desde el uso doméstico hasta el riego de campos de golf, parques temáticos y piscinas donde nadan tiburones bajo techo. Sí, en el desierto.
El gobierno utiliza su renta petrolera y sus nuevas fuentes de energía (solar y nuclear) para financiar este seguro de vida. Aunque el costo de la obra rozó los 450 millones de dólares, para una nación que consume unos 600 litros diarios por persona -un promedio altísimo incluso comparado con ciudades argentinas-, no tener agua es mucho más caro que construirla.