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Síndrome de la Rana Hervida: Saltamos AHORA o correremos su suerte

Una rana nadaba plácidamente en el agua de una olla, cuya temperatura subía de manera gradual. El anfibio se acostumbró a esta alza en la temperatura, hasta que… ¿Te suena conocido? ¿Quiénes serán las ranas hoy?

figuras de rana en un sartén
Si colocamos una rana en un olla con agua a temperatura ambiente y aumentamos gradualmente su temperatura, llegará un punto en que la rana estará muy aturdida como para salir de ella. ¿Llegará la humanidad a este mismo punto?

“Si ponemos una rana en una olla con agua hirviendo, inmediatamente, esta intentará salir de ahí. Pero si ponemos la rana en el agua a temperatura ambiente y no la asustamos, se quedará tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados centígrados, la rana no hace nada, e incluso, parece pasarlo bien en el agua. En la medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida y, finalmente, no está en condiciones de salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se quedará allí y morirá hervida.”

El “Síndrome de la Rana Hervida” es parte del libro “La Quinta Disciplina” escrito por Peter Senge. Esta fábula es una de las que mejor explica la inacción de gran parte de los seres humanos ante el calentamiento global que experimenta la Tierra y las consecuencias insospechadas que puede acarear esta alza en la temperatura para toda la vida sobre este planeta.

Para el cerebro humano es difícil identificar todas las amenazas futuras que implica en cambio climático y calentamiento global. Estamos preparados para reaccionar ante peligros inminentes y no ante aquellos que se manifiestan de forma gradual.

¿Por qué somos tan pasivos ante esta realidad? "El concepto de cambio climático se asocia a un proceso de largo plazo, lo que choca con el refuerzo mediático de que lo importante es la satisfacción inmediata", sostiene el psicólogo Gabriel Cáceres.

El cerebro humano no es capaz de reconocer las amenazas existenciales futuristas. Los humanos somos buenos reaccionando ante el peligro inmediato. Nos agachamos si una pelota de beisbol vuela hacia nuestra cabeza o corremos si un perro nos persigue. Pero cuando la amenaza se lleva comunicando de forma gradual a lo largo del tiempo, nuestros cerebros tienen más dificultad para comprender el peligro. Entonces resulta más fácil ignorar el problema que hacer sacrificios para solucionarlo”, afirma el neurocirujano Sanjay Gupta.

¿Cambiarías tu estilo de vida?

“Si bien las personas, no el ser humano como especie, generan acciones concretas para paliar el efecto del cambio climático, el contexto globalizado apunta en otra dirección. El sistema económico-político-cultural no permite, o no facilita, que las personas proyecten de forma significativa el cambio climático”, argumenta Gabriel Cáceres.

El psicólogo añade que “todos somos víctimas de la promoción del consumo. Este consumo plantea necesidades que no apuntan al largo plazo, más bien mantiene a las personas dando vuelta en sus propios intereses, no abordando el bien común como prioridad. Puede sonar a justificación, pero es imposible en la actualidad negar o invisibilizar el papel que juega el sistema en nuestras acciones, o como las acciones particulares no generan un impacto significativo frente a los intereses de los grandes capitales”.

El médico, Sanjay Gupta afirma que “algunos expertos piensan que parte de la solución reside en cómo debemos hablar del cambio climático. Hay abundante evidencia que la empatía nos motiva. Investigadores han descubierto que es más probable que la gente actúe cuando escuchan una historia emotiva que cuando se trata de datos o hechos. La esperanza puede reducir los niveles de ansiedad del cerebro, abriéndonos a más soluciones posibles. Encontrar maneras de conectar este problema global a nivel local también es importante”.