El servicio meteorológico del Reino Unido liberó 54 millones de registros climáticos que estaban guardados desde 1837

Entre miles de archivos olvidados apareció un cuaderno de bitácora perdido de un barco polar y una red de estaciones meteorológicas de la que nadie tenía registro. Así se destapó un tesoro de datos que ahora está disponible para toda la comunidad científica.

Met Office digitalizó gran parte de su archivo internacional de datos y ahora están disponibles para toda la comunidad científica. (Foto Met Office)
Met Office digitalizó gran parte de su archivo internacional de datos y ahora están disponibles para toda la comunidad científica. (Foto Met Office)

Durante más de un siglo, el Archivo Meteorológico Nacional de la Met Office -la oficina meteorológica del Reino Unido, equivalente a lo que en la Argentina sería el Servicio Meteorológico Nacional- guardó estanterías repletas de cuadernos y registros manuscritos sin que nadie supiera con exactitud qué contenían.

Un proyecto llamado Climate Data Rescue se propuso cambiar eso, y el resultado superó ampliamente lo que se esperaba: al menos 54 millones de observaciones meteorológicas históricas, correspondientes a 95 países, quedaron digitalizadas y disponibles de forma gratuita en internet.

El equipo escaneó 47 estanterías de material de archivo, 1.143 volúmenes y más de 302.000 imágenes originales que, hasta ese momento, existían físicamente pero nunca habían sido catalogadas página por página. Muchos de esos volúmenes eran conocidos por los investigadores del archivo y estaban técnicamente disponibles para consulta, pero nadie tenía claro qué información exacta guardaban ni qué tan valiosa podía ser.

Ese tipo de registro, cuanto más largo y continuo, más valioso se vuelve para la ciencia del clima, porque permite comparar el presente con un pasado mucho más profundo del que suelen ofrecer los satélites o las estaciones automáticas modernas.

Para entender la magnitud de la cifra: 54 millones de observaciones equivalen a décadas de mediciones diarias de temperatura, presión y viento tomadas a mano, en muchos casos en lugares remotos y bajo condiciones de trabajo que hoy resultarían impensadas.

Un cuaderno de bitácora que nadie sabía que existía

Entre los hallazgos más llamativos del proyecto apareció el registro más antiguo de toda la colección: datos meteorológicos de Port Arthur, Tasmania, que datan de 1837 y que se cree fueron recopilados por Sir John Franklin, el célebre explorador polar, y luego transmitidos a través del científico Sir John Herschel. Pero el descubrimiento que más sorprendió al equipo fue otro: un diario de a bordo hasta entonces desconocido del HMS Terror, registrado en Tasmania entre 1842 y 1843, cuando el barco integraba la Expedición Antártica Ross.

El HMS Terror es un nombre que después se volvería tristemente célebre: años más tarde, ese mismo barco desapareció junto a toda su tripulación durante una expedición al Ártico en busca del Paso del Noroeste, y sus restos recién fueron hallados en el fondo del mar en 2016. Encontrar un cuaderno de sus años como buque de investigación antártica, guardado sin catalogar durante casi dos siglos, es el tipo de hallazgo que conecta la historia de la exploración con la ciencia climática actual.

Además del diario del Terror, el equipo destapó evidencia de toda una red internacional de estaciones meteorológicas que hasta entonces era desconocida para los propios investigadores del archivo, según contó Catherine Ross, quien dirigió el proyecto.

Datos que llenan huecos en la historia climática de decenas de países

Buena parte de los registros recuperados corresponden a colecciones reunidas durante el antiguo Imperio Británico y el período colonial, principalmente entre 1848 y 1947. Países como Sudáfrica, Nigeria, Ghana, Yemen, Somalia y varias naciones caribeñas (entre ellas Barbados, Trinidad y Tobago y Belice) tuvieron aumentos particularmente significativos en la cantidad de datos históricos disponibles sobre su propio territorio.

Esto tiene una consecuencia muy concreta para esos países: muchos servicios meteorológicos nacionales enfrentan huecos en sus propios registros por conflictos, cambios institucionales o simple falta de recursos para conservar archivos antiguos.

Un caso citado en el proyecto es el de Libia, que junto con Italia trabajó para reconstruir una laguna en sus registros de comienzos y mediados de la década de 1940 gracias, justamente, a estos datos recién digitalizados. Es decir, un archivo guardado en el Reino Unido terminó ayudando a otro país a completar la memoria climática de su propio territorio.

Digitalizar un archivo es solo la mitad del trabajo. La otra mitad consiste en lograr que investigadores, servicios meteorológicos y funcionarios de cada país sepan que esa información existe y sepan cómo incorporarla a sus propios modelos climáticos y planes de adaptación.

El siguiente paso: inteligencia artificial para rescatar más archivos

De cara al futuro, el equipo elaboró una guía sobre cómo la inteligencia artificial y el aprendizaje automático podrían acelerar futuros rescates de datos similares, con orientación práctica sobre qué archivos priorizar y cómo procesar imágenes para extraer información de forma más rápida.

La metodología ya despertó interés en la comunidad científica internacional: investigadores de África, Malasia, Brasil, Canadá y Australia comenzaron a explorar los datos recién liberados después de que el proyecto se presentara en la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias.

Todos los registros digitalizados están disponibles de forma gratuita en la sección de Observaciones Internacionales de la plataforma digital del Archivo Meteorológico Nacional, lo que en la práctica significa que cualquier investigador, universidad o servicio meteorológico del mundo puede empezar a usarlos sin costo.