Mecanismos para protegernos del frío

A lo largo de la historia evolutiva los seres vivos han desarrollado mecanismos como tiritar, migrar e hibernar para enfrentar las bajas temperaturas. Conocé las raras formas que tienen algunos animales para protegerse del frío.

Christian Garavaglia Christian Garavaglia 15 May 2019 - 09:33 UTC
Hibernación frío
Cuando los animales hibernan el metabolismo decrece hasta un nivel muy bajo.

Con la llegada de la temporada fría los seres vivos empiezan a prepararse para afrontar temperaturas bajas. En el caso del hombre, esta preparación en el siglo XXI puede ser tan sencilla en algunos casos como poner al alcance de la mano la ropa de abrigo o prender la leña en el hogar. Lo cierto es que a lo largo de la historia evolutiva, el ser humano ha ido desarrollado mecanismos para defendernos de las crudas temperaturas.

La reducción del flujo sanguíneo al nivel de la piel (proceso denominado vasoconstricción cutánea) sirve para que menos sangre circule cerca de la superficie y así tener menos posibilidad de enfriarse. La acción de “tiritar” es otro mecanismo que intenta resguardarnos del frío. Este movimiento involuntario de los músculos consume energía que se transforma en calor y conduce a que se eleve la temperatura corporal.

El caso de los animales: sangre caliente vs. sangre fría

Algunos mecanismos como tiritar son compartidos entre humanos y animales. En particular, los animales de sangre caliente como los mamíferos y las aves pueden realizar esta acción involuntaria.

Los animales de sangre caliente tienen la capacidad de mantener una temperatura corporal constante, generando su propio calor cuando están en un ambiente más frío, y enfriándose ellos mismos cuando están en un ambiente más caliente. Esto lo llevan a cabo convirtiendo la comida que ingieren en energía.

Los animales de sangre fría, por su parte, toman la temperatura de su medio ambiente. Ellos suelen ser mucho más activos en ambientes calientes y muy pasivos en ambientes fríos.

Migración e hibernación

Con la llegada de los primeros fríos muchos animales migran a regiones con temperaturas más benévolas. Las aves son un caso paradigmático de la migración animal, recorriendo enormes distancias y cruzando continentes. Invertebrados como las mariposas monarcas, pueden efectuar viajes cuya duración exceda la de la vida de cualquier mariposa. Aun se investiga de qué manera la especie es capaz de volver a los mismos sitios tras varias generaciones.

La hibernación es otra de las efectivas formas que tienen ciertos animales de adaptarse a condiciones climáticas adversas. Durante la hibernación el metabolismo de los animales decrece hasta un nivel muy bajo, además de tener una temperatura corporal y una frecuencia respiratoria inferior a lo normal. Durante este periodo utilizan las reservas energéticas almacenadas en sus cuerpos durante los meses más cálidos

Raras formas de protegerse del frío

Algunos animales salvajes han desarrollado maneras estrambóticas de protegerse del frío. La rana de bosque o rana de la madera (Lithobates sylvaticus) habita principalmente en Alaska y Canadá y tiene la capacidad de “congelarse de manera temporaria y sobrevivir”. Este anfibio tolera la congelación y sobrevive al hielo que se forma en partes de su cuerpo gracias a sustancias químicas como la glucosa y urea que protegen sus células de cualquier daño.

Flamenco frío
Algunos flamencos protegen sus patas mediante un sistema circulatorio de contracorriente.

Los flamencos son un género de ave que habitan extensiones de agua poco profundas en todos los continentes, a excepción de Oceanía. Tres especies sudamericanas (chileno, andino y el flamenco de James) anidan en lagos montañosos gélidos y protegen sus patas flacas mediante un sistema circulatorio de contracorriente en el cual la sangre que regresa de las patas al cuerpo se calienta con la sangre que sale del cuerpo hacia las patas, reduciendo la pérdida total de calor.

Otra llamativa adaptación al cambio de estación la realizan los renos. Un estudio demostró que pueden alterar el color y la estructura de sus ojos según las estaciones árticas, en donde la luz permanente del verano es reemplazada por 24 horas de oscuridad total durante el invierno. Esto le permite adaptarse para ver en la oscuridad y sobrevivir durante los meses fríos.

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