Revelador: la Luna se está achicando y tiembla

Los científicos que investigan a nuestro único satélite natural, nos están llenando de nueva información últimamente. En este caso el descubrimiento consiste en la reducción de tamaño de la Luna y los actuales lunamotos. Enterate cómo nos afecta.

Marina Fernández Marina Fernández 18 May 2019 - 15:09 UTC
La Luna se achica y tiembla
El Lunar Reconnaissance Orbiter ha tomado fotos de más de 3500 fallas tipo acantilados desde 2010.

Un trabajo de investigación recientemente publicado en la revista científica Nature Geoscience revela que como la Luna se ha ido enfriando a lo largo de los últimos millones de años, simultáneamente fue achicando su diámetro. El tamaño de la Luna fue cambiando, aproximadamente se redujo unos 50 metros en los últimos cientos de millones de años. Este lento proceso dejó algunos quiebres visibles en su corteza, además de las fallas se detectaron temblores. La Luna no posee placas tectónicas pero presenta sismos propios de la contracción por su muy lenta pérdida de calor.

Thomas Watters es científico principal del Centro para Estudios Planetarios y de la Tierra, en el Centro Nacional de Aire y Espacio del Museo Smithsonian en Washington (Estados Unidos), él explicó que tras su análisis se revelaron las primeras evidencia de que estas fallas aún están activas y es muy probable que produzcan terremotos lunares en la actualidad.

Las imágenes tomadas en el 2010 por el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) revelaron que nuestro satélite se había encogido y tenía fallas. Los investigadores encontraron (a través de un nuevo algoritmo), que los epicentros de ocho de esos sismos se encontraban dentro de 30 kilómetros alrededor de las fallas claramente visibles.

Los lunamotos

En las distintas misiones lunares Apolo que se desarrollaron hace décadas atrás, se colocaron sismómetros para medir la intensidad de los temblores. Algunos de los registrados llegaron a intensidades fuertes (uno al año suele llegar a intensidad 5 en la escala de Richter). Entre 1969 y 1977 se registraron 28 temblores, algunos asociados a fallas más recientes.

Watters cuenta un dato interesante: seis de los ocho lunamotos (terremotos lunares) atribuidos a las fallas se dieron en el momento en el que la Luna se encontraba en su apogeo, o sea en el punto de su órbita más alejado de la Tierra. Sería lógico razonar que: así como la Luna tiene efectos sobre nuestro planeta (las mareas por ejemplo), la Tierra también es capaz de influir a nuestra Luna.

Los sismos en la Tierra ocurren cuando las placas tectónicas se “mueven/chocan” batallando por una misma región, mientras dura la “lucha” surgen los distintos tipos de temblores. En cambio, en los lunamotos una parte del terreno se eleva mientras el resto se aplana dejando esas fallas en la corteza.

Seguir investigando

Es así como se abren nuevas puertas en la investigación lunar, los científicos deberán estudiar más a fondo y con nuevas tomas de datos, para averiguar cómo la fuerza gravitacional de la Tierra pudo haber contribuido para que se generaran los lunamotos.

Por supuesto, el deseo y la labor para regresar a la Luna están en marcha, pero uno de los autores del trabajo publicado, Renee Weber (sismólogo Centro Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA), en un comunicado expresó que se debe llegar a la Luna y crear una nueva red de sismómetros como prioridad.

Esta actividad debe hacerse no solo para aprender más sobre la parte interna de nuestro satélite, sino para comprender el peligro que podrían presentan los lunamotos en futuras misiones, por ejemplo. La Luna además de estar algo más pequeña que hace muchísimo tiempo atrás, está sísmicamente activa en la actualidad.

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