SOS: secuestro de carbono

El dióxido de carbono tarda cientos de años en ser removido de la atmósfera y todo ese tiempo está contribuyendo al aumento de temperaturas. ¿Es posible quitar el dióxido de carbono de la atmósfera para combatir el cambio climático?

Cindy Fernández Cindy Fernández 15 Sep 2019 - 11:54 UTC
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Las plantas secuestran el carbono del aire y utilizan para crear carbohidratos.

El dióxido de carbono (CO2) no es el único gas que produce el calentamiento de la atmósfera, pero es uno de los más importantes. En el último siglo generamos un aumento sostenido de su concentración, con la consecuencia de que cada vez que una molécula de CO2 es liberada a la atmósfera está contribuyendo al aumento de temperaturas durante cientos de años.

La mayor parte del CO2 liberado en el aire se disuelve en los océanos, pero para eso pueden pasar entre 20 y 200 años. Otra parte de las emisiones de CO2 se remueve de la atmósfera para formar rocas, petróleo, carbón y gas... un proceso que es mucho más lento. En decir que, cada vez que transformamos energía, liberamos CO2 a la atmósfera a una velocidad 100 mil veces más rápida que lo que tardó en almacenarse.

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Los arboles son más eficientes para almacenar CO2 porque viven durante cientos de años.

Afortunadamente, la naturaleza nos dio una máquina muy eficiente que secuestra carbono de la atmósfera: las plantas. Estos aliados extraen el carbono del aire, lo mezclan con agua y energía del sol para crear y almacenar su alimento. Cuanto más tiempo viva la planta, más carbono almacenará. Una planta verde de cultivo, puede secuestrar carbono más rápido que un árbol porque tiene un crecimiento veloz, pero también muere rápido. En cambio, los árboles que producen madera crecen más lento pero seguro, almacenando carbono durante cientos o miles de años.

Cuando la vegetación muere, parte del carbono se libera nuevamente, pero otra parte pasa al suelo y queda retenido durante mucho tiempo. Los organismos que viven en la tierra se alimentan de plantas muertas y defecan un material rico en materia orgánica y nutrientes, desarmando y rearmando moléculas que se mezclan con partículas minerales del suelo y forman compuestos de carbono más estables que los que se encuentran en la madera. De esta forma, el carbono ya no va a estar en el aire, sino que se va a quedar muy cómodo en la tierra por cientos y miles de años.

Las buenas prácticas

Algunas prácticas agrícolas, cuando no están correctamente implementadas, pueden favorecer la erosión del suelo y volverlo poco eficiente en el almacenaje de carbono. En la tierra hay casi 3 veces más cantidad de carbono del que hay presente en la atmósfera. De ahí la necesidad de aplicar lo que se conoce como “buenas prácticas agrícolas”, como la rotación de cultivos, un uso racional de pesticidas y fertilizantes, o la siembra directa.

Las mejoras en el uso y manejo del suelo no van a terminar con el cambio climático, y aunque la naturaleza está dando su mejor esfuerzo para secuestrar el carbono de la atmósfera, si no reducimos de forma urgente la cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera, será una batalla perdida.

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