El efecto de isla de calor en las grandes ciudades argentinas

Un reciente estudio analizó la temperatura de 33 grandes ciudades del país y concluyó que por las noches son 1,5°C más cálidas que su entorno. El planeamiento de las grandes urbes para paliar los efectos de este fenómeno.

Christian Garavaglia Christian Garavaglia 30 Mar 2018 - 03:28 UTC
Isla de calor. El fenómeno afecta las grandes ciudades argentinas, en donde vive el 90% de la población. Foto: stamati.com.ar

El efecto isla de calor es una consecuencia directa de la urbanización de la tierra y consiste en una diferencia positiva de temperatura entre una ciudad y su entorno. Este fenómeno se produce en las grandes ciudades como consecuencia de las moles de hormigón, cemento o asfalto que acumulan calor durante el día y lo liberan durante la noche, los sistemas de refrigeración que expulsan el calor hacia el exterior y la falta de espacios verdes entre otras causas.

Un reciente estudio llevado a cabo por Paula Casadei para su tesis de grado de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) analizó la temperatura de las 33 ciudades más grandes del país y la de los respectivos entornos. Las 33 ciudades estudiadas presentan grandes diferencias entre sí, ya sea por su población, su extensión, o valores promedios de lluvias y temperaturas. 

El trabajo determinó que las ciudades argentinas son 1,5 ºC más calientes que sus alrededores durante la noche y 0,72 ºC durante el día, en promedio. Durante la noche, la diferencia de calor entre las ciudades y su entorno siempre fue positiva, pero durante el día, las diferencias tuvieron en algunas ciudades valores negativos. El efecto de isla de calor se maximizó en la ciudad de Oberá, Misiones, en donde se obtuvieron diferencias promedio de temperaturas de 4,3°C.

Isla de calor temperaturas Argentina ciudades
Durante el dia, algunas ciudades actúan como islas de frío. Fuente: sobrelatierra.agro.uba.ar

Martín Garbulsky, profesor de la FAUBA y director de la tesis explicó que “En Oberá se urbanizó sobre una zona que originalmente se parecía a una selva. Es decir, eliminamos una cobertura verde muy densa para poner techos de chapa, construcciones de cemento y caminos de asfalto. Estos materiales retienen y reflejan mucha más energía que la cobertura original, una energía que se libera diariamente a lo largo de las 24 horas”

Con respecto a las islas de frío encontradas en el estudio, afirmó que “Esto significa que dentro de la ciudad se registraron temperaturas menores que fuera. Por ejemplo, la ciudad de Mendoza fue 4,2°C más fría que su entorno. Otro ejemplo es San Rafael, que se urbanizó sobre algo similar a un desierto”

Por su parte, Paula Casadei autora de la tesis indicó que “También resultó interesante comparar ciudades con similar extensión y población, como Resistencia y Corrientes. En este caso, nos dimos cuenta de cuán importante es la distancia al Río Paraná, que es un gran modulador de la temperatura. Resistencia, en Chaco, tuvo una diferencia de temperatura media anual de 3,79°C, mientras que la ciudad de Corrientes, ubicada más cerca del río, presentó en promedio 0,35ºC a lo largo del año”

El planeamiento de las ciudades

Casadei indica que “Mi trabajo de tesis puso en evidencia que en los últimos 15 años tuvo lugar un aumento de la superficie impermeable, o una menor proporción de espacios verdes en las ciudades. En nuestro país, más de 90% de la población vive en zonas urbanas. Por ello, es clave abordar y comprender estos sitios, donde interactúan el ambiente y la sociedad en busca del máximo bienestar general”

Según Garbulsky, “Las altas temperaturas provocan que las ciudades gasten mucha energía eléctrica para paliar sus consecuencias. Ciudades mejor pensadas, diseñadas e intervenidas podrían ser mucho más eficientes en términos energéticos”.

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