Guía paso a paso para reproducir tus potus y multiplicar el verde en tu casa
Con un nudo, luz indirecta y algo de paciencia, una sola planta puede transformarse en varias, sin complicaciones y sin gastar un peso.

El potus tiene algo imbatible: crece, cuelga, trepa y, todo lo hace sin demasiados requerimientos. Por si fuera poco, también se multiplica con una facilidad que roza lo milagroso. Pero no hay magia. Es biología funcionando a la perfección.
Reproducir un potus es aprovechar la capacidad natural que esta especie desarrolló en las selvas tropicales, donde necesita expandirse rápido para buscar luz entre árboles más altos.
Primero: elegir bien el tallo
No cualquier parte sirve. El secreto está en los nudos, esos pequeños engrosamientos del tallo de donde salen las hojas y, a veces, unas raíces aéreas diminutas.
Esos puntos concentran tejido meristemático, células capaces de dividirse y transformarse en nuevos órganos. Dicho más simple: son zonas con potencial de convertirse en raíces.

Elegí una rama sana, verde, sin manchas ni partes blandas. Lo ideal es que tenga al menos dos o tres hojas.
Segundo: cortar el esqueje
Con una tijera limpia y afilada, hacé el corte justo por debajo de un nudo. Esa ubicación es clave, porque desde ahí van a surgir las nuevas raíces.
No hace falta que el esqueje sea largo. Con unos 10 a 15 centímetros alcanza. Si tiene muchas hojas, podés retirar la inferior para evitar que quede sumergida en agua o enterrada en tierra.

Ese corte no daña gravemente a la planta madre. De hecho, al podarla se estimula la ramificación lateral. Es decir: cortar también la fortalece.
Tercero: agua o tierra
El potus permite elegir. Colocar el esqueje en agua es la forma preferida por quienes recién empiezan.
Colocá el esqueje en un frasco con agua limpia. Asegurate de que el nudo quede sumergido pero las hojas no. Si una hoja toca el agua, puede pudrirse.
Ubicá el frasco en un lugar con buena luz indirecta. Nada de sol directo.

En una o dos semanas suelen aparecer pequeñas protuberancias blancas. Son raíces nuevas. Con el tiempo se alargan y se ramifican.
Conviene cambiar el agua cada pocos días para evitar que se vuelva turbia y reducir la proliferación de bacterias.
Cuando las raíces alcanzan unos 4 o 5 centímetros, el esqueje ya puede pasar a tierra.

También funciona muy bien color el esqueje directo en la tierra.
Prepará una maceta con sustrato liviano y bien drenado. Hacé un pequeño orificio, insertá el nudo y presioná suavemente la tierra alrededor.
El sustrato debe mantenerse húmedo, pero no encharcado. El exceso de agua puede provocar pudrición antes de que se formen raíces.
En este método no ves el proceso, pero suele ser incluso más eficiente porque las raíces se desarrollan directamente adaptadas al suelo.
Qué pasa dentro del tallo
Cuando cortás el esqueje, la planta pone en marcha una respuesta hormonal. Las auxinas —hormonas vegetales que ya circulan en sus tejidos— se concentran en la zona del corte y estimulan la formación de raíces adventicias.
Esas raíces no estaban ahí antes. Se forman a partir de células del tallo que cambian su función. Es un ejemplo fascinante de plasticidad vegetal: la capacidad de reorganizarse y regenerarse.

Por eso el potus resulta tan generoso. Tiene una enorme facilidad para crear raíces nuevas desde los nudos, algo que en la selva le permite trepar troncos y expandirse.
Señales de que algo no va bien
Si el tallo se vuelve blando o oscuro, hay exceso de humedad.
Si las hojas se marchitan rápido, puede faltar agua o haber demasiada luz directa.
Si pasan varias semanas sin señales de raíces, probablemente el esqueje no incluía un nudo viable.
El error más común es la ansiedad: mover el esqueje todo el tiempo para “ver si ya tiene raíces”. En tierra, un tirón constante puede interrumpir el proceso.
Después del trasplante
Si enraizaste en agua, el paso a tierra requiere una pequeña adaptación. Las raíces que se forman en agua son más frágiles y están acostumbradas a un entorno muy húmedo.
Durante las primeras semanas mantené el sustrato ligeramente húmedo, sin dejar que se seque por completo. Luego podés retomar un riego normal.
La nueva planta empezará a producir hojas frescas cuando el sistema radicular esté firme.
Un detalle interesante: en su ambiente natural, el potus puede desarrollar hojas mucho más grandes y hasta perforadas cuando madura y recibe abundante luz. En interiores, casi siempre permanece en una etapa juvenil.
Reproducirlo en casa es, en cierto modo, replicar su estrategia de expansión en la selva. Y lo mejor es que no hace falta ser experto. Solo entender dónde cortar y darle tiempo.