Plantas perfectas para sembrar en febrero y tener color y perfume hasta bien entrado el otoño
Aunque febrero todavía es verano, el jardín ya empieza a cambiar de ritmo. Sembrar en este momento permite aprovechar el calor del suelo para tener flores que acompañen la transición hacia el otoño.

Aunque febrero todavía es verano, de a poco se empiezan a notar algunos cambios que anuncian que el otoño se acerca. Las noches se hacen más largas, el suelo empieza a perder el exceso de calor acumulado y las plantas dejan atrás el ritmo del verano intenso.
Estas son tres opciones resistentes para sembrar ahora, con un ciclo que va desde fines del verano hasta bien entrado el otoño.
1. Caléndula (Calendula officinalis)
Es una de las flores más confiables para sembrar a fines del verano o comienzo del otoño.

Germina rápido con temperaturas todavía cálidas y florece cuando el clima se vuelve más fresco, dando una abundancia de tonos amarillos y naranjas que ilumina cualquier espacio.
- Sol: pleno sol o luz intensa, aunque tolera media sombra ligera.
- Riego: moderado; mantener la tierra húmeda en la etapa de germinación y luego regar cuando la superficie comience a secarse. Evitar encharcar.
- Poda: retirar flores marchitas cada tanto —no es estrictamente poda, pero sí estimula nuevas floraciones.
- Fertilización: un aporte ligero de compost al momento de sembrar o un fertilizante equilibrado al inicio ayudan a una floración más abundante.
Sus flores amarillas y anaranjadas aportan color intenso cuando muchas otras especies empiezan a decaer, y su crecimiento parejo la vuelve ideal tanto para canteros como para macetas.
Además, atrae insectos polinizadores y se adapta bien a suelos modestos, lo que la convierte en una aliada fiel del jardinero.
2. Pensamiento
El pensamiento es la flor del otoño por excelencia. Si se siembra en febrero, las pequeñas plantas se establecen y luego florecen justo cuando baja el calor.

Aporta colores intensos en una época donde pocos jardines siguen llenos de flores.
- Sol: prefiere sol de mañana y sombra ligera por la tarde, especialmente en zonas muy cálidas.
- Riego: mantener suelo fresco sin encharcar; necesita más cuidado en macetas expuestas al sol.
- Poda: no requiere poda formal; con retirar flores viejas la planta mantiene mejor producción.
- Fertilización: abono orgánico o un fertilizante de floración cada 4–6 semanas prolongan la floración.
Se distingue por su gran resistencia una vez establecido y por la intensidad de sus colores, que van del violeta profundo al amarillo brillante. Florece cuando las temperaturas bajan y mantiene su aspecto durante buena parte del otoño, incluso tolerando los primeros fríos.
Es una planta ideal para borduras, macetas y jardineras, y una de las pocas que asegura flores en una estación donde el jardín suele volverse más sobrio.
3. Alhelí (Matthiola incana)
Esta planta recompensa con un perfume que llena el aire, algo poco común entre las floraciones otoñales.

Sembrado en febrero, desarrolla un buen sistema radicular y florece cuando el día se acorta y las temperaturas bajan, dando racimos fragantes de flores en tonos rosa, lila, blanco o rojo.
- Sol: pleno sol.
- Riego: suave y constante; suelo húmedo pero sin exceso.
- Poda: retirar flores marchitas ayuda a prolongar la etapa de floración y mantener la planta ordenada.
- Fertilización: un fertilizante equilibrado al inicio y otra aplicación a las 6–8 semanas fortalece tallos y flores.
Es inconfundible. El alhelí desarrolla espigas florales firmes y perfumadas que se abren cuando el verano pierde fuerza. Sus colores suaves y su fragancia llenan el aire en tardes más frescas, y suman una dimensión sensorial que pocas flores otoñales ofrecen.
Es ideal para canteros soleados y espacios cercanos a ventanas o zonas de paso, donde su perfume se percibe mejor.
Consejos del jardinero para que la siembra de febrero salga bien
Estas especies aprovechan el calor residual del suelo para germinar rápido y llegar a floración cuando las temperaturas empiezan a bajar. Sembrarlas ahora permite un desarrollo óptimo de raíces y follaje antes del otoño, lo que se traduce en flores más vigorosas.
Una tierra suelta, bien aireada y con buen drenaje es clave. Incorporar compost o materia orgánica mejora la estructura del suelo y favorece raíces fuertes.
Más importante que regar mucho es regar bien: mojar profundamente y dejar que la capa superficial se seque antes del próximo riego evita problemas de hongos y raíces asfixiadas.