Enero, febrero y marzo de 2026: ¿qué esperar del clima en Argentina, entre lluvias, calor y señales del Pacífico?
El clima del primer trimestre de 2026 vuelve a jugar un papel clave para el turismo y el agro argentino. Te contamos lo que anticipan los modelos climáticos y cómo prepararse.

Planificar un viaje, definir una siembra o anticipar riesgos climáticos ya no es una cuestión de intuición: hoy depende cada vez más de la ciencia climática. En un país como Argentina, donde el pulso económico está profundamente ligado al agro y al turismo, conocer con anticipación cómo se comportará el verano puede marcar la diferencia entre una buena campaña y una temporada compleja.
Los pronósticos estacionales funcionan como un “mapa de probabilidades”: no dicen qué pasará día por día, pero sí hacia dónde se inclina la balanza. Para el trimestre enero–febrero–marzo, los modelos internacionales —como el ECMWF europeo y el CFSv2 de Estados Unidos— coinciden en un escenario influenciado por la transición hacia una fase neutral del fenómeno ENSO, en un contexto de calentamiento global que amplifica extremos.
Enero: calor dominante y lluvias irregulares
Enero se perfila como un mes típicamente veraniego, con temperaturas por encima de lo normal en gran parte del país. La zona núcleo —Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos— si bien tendrá episodios de calor intenso, alternados con tormentas localmente fuertes y de distribución muy irregular, presentará temperaturas dentro de lo normal en la Provincia de Buenos Aires y toda la región con hasta 40 mm por debajo de lo normal.

En el plano agropecuario, las lluvias intermitentes pueden beneficiar a cultivos de soja y maíz temprano, aunque la irregularidad obliga a un monitoreo constante de la humedad del suelo. Afortunadamente, las lluvias llegaron en el momento más sensible de algunos cultivos y en las zonas más necesitadas. Esto ayudó a la reconfiguración de los perfiles de humedad, brindando algún margen de seguridad ante la falta de lluvias que se espera en los primeros meses de 2026.

Por otra parte, para el turismo, esto implica días ideales para la costa y los destinos serranos, aunque con riesgo de tormentas breves y localizadas.
Febrero: señales de mayor inestabilidad
Durante febrero, los modelos muestran una mayor frecuencia de lluvias en el centro y este del país, asociadas al debilitamiento del patrón seco del Pacífico. La atmósfera se vuelve más inestable, favoreciendo tormentas intensas, algunas con granizo y ráfagas fuertes, pero en forma dispersa.

Para el sector agropecuario, este mes puede ser clave: las precipitaciones ayudarían a sostener rindes, pero también aumentan el riesgo de excesos hídricos. Por otra parte, se espera en la mayor parte del territorio nacional, que las temperaturas sean superiores a las medias para el mes de febrero, y en la franja de las provincias mediterráneas y Cuyo, las temperaturas pueden ser hasta 2 °C superiores a la media.

En zonas turísticas, especialmente el litoral y el norte argentino, será un mes de clima cambiante, ideal para planificar actividades con flexibilidad, pero como contrapartida se podrá disfrutar de las playas, por las temperaturas hasta 1 °C mas cálidas que lo normal.
Marzo: transición y señales de alivio térmico
Marzo marcaría una transición hacia condiciones más templadas, con temperaturas cercanas a los promedios históricos. En el norte de la zona núcleo, las lluvias tenderían a normalizarse, con algunos ligeros excesos sobre el Litoral. Esto favorece el cierre de la campaña agrícola y el inicio de la cosecha temprana.

El sur de la zona núcleo aún tendrá déficit de precipitaciones, pero un poco menor, siendo de hasta 25 mm y en forma heterogénea, en tanto que en todo el resto del país, las precipitaciones comienzan a normalizarse

En la mayor parte del centro y el norte argentino, el calor persistirá, aunque con menor intensidad que en pleno verano. Para el turismo, marzo suele ofrecer una combinación atractiva: menos extremos, paisajes verdes y mayor estabilidad atmosférica.
Chequear el clima para decidir mejor
El trimestre enero–marzo 2025 se perfila como un período dinámico, marcado por la transición del ENSO hacia condiciones neutrales y por el trasfondo del calentamiento global, que amplifica extremos térmicos y eventos intensos. Entender estas tendencias permite anticiparse, planificar y reducir riesgos.
En un país donde el clima impacta directamente en la economía, el turismo y la vida cotidiana, los pronósticos estacionales se convierten en una herramienta estratégica. No son una promesa infalible, pero sí una brújula cada vez más precisa para tomar decisiones informadas.