Ciencia contra el negacionismo: científicos de 4 países prueban que el calentamiento global avivó el fuego en Patagonia
Un análisis internacional cuantifica el impacto del calentamiento global en los incendios del verano 2026. Menos lluvias, más calor y viento intenso conforman un escenario cada vez más frecuente en el sur de Sudamérica.

Desde comienzos de enero de 2026, incendios forestales de gran magnitud afectan el centro-sur de Chile y el norte de la Patagonia argentina. En Chile, el fuego avanza sobre regiones como Biobío, Ñuble y La Araucanía. En Argentina, impacta con fuerza en Chubut y zonas cercanas a Cholila, El Hoyo, El Bolsón y los parques nacionales Lago Puelo y Los Alerces.
Las cifras son elocuentes: más de 64.000 hectáreas quemadas en Chile hacia fines de enero y al menos 45.000 en la Patagonia argentina a comienzos de febrero. En territorio chileno se registran más de 1.000 viviendas destruidas, 23 víctimas fatales y decenas de miles de evacuados. En Argentina, miles de personas deben abandonar sus hogares o centros turísticos en plena temporada estival.
Frente a este escenario, un equipo de investigadores de Argentina, Chile, Europa y Estados Unidos realizó un estudio de atribución para responder una pregunta central: ¿qué rol juega el cambio climático inducido por las actividades humanas en estas condiciones extremas?
El índice que combina calor, sequía y viento
Para analizar el contexto meteorológico que favorece el inicio y la rápida propagación del fuego, los científicos emplean el índice HDWI (hot-dry-windy index). Este indicador integra tres variables críticas: altas temperaturas, baja humedad y vientos intensos. Aunque no contempla la acumulación de combustible vegetal, resulta útil para estimar el nivel de amenaza para las comunidades y la dificultad de control.
Además del análisis de corto plazo, el estudio evalúa las precipitaciones de los tres meses previos al brote principal de incendios (noviembre-enero). Allí también aparecen anomalías significativas.
Menos lluvias: el fuego solo tuvo que esperar
Los resultados muestran que, durante la temporada previa a los incendios, las precipitaciones disminuyen cerca de un 25 % en la región chilena estudiada y alrededor de un 20 % en la Patagonia. Estas condiciones secas, combinadas con temperaturas elevadas, favorecen una mayor evapotranspiración y reducen la humedad de la vegetación.
Nuevo estudio de atribución revela que los incendios forestales en la Patagonia Argentina y Chile son tres veces más probables debido al cambio climático
— Juan Rivera (@deep_climate) February 11, 2026
️Reducciones de hasta un 25% en las precipitaciones ️ y temperaturas muy por encima de lo normal ️ los responsables pic.twitter.com/CLWo3lj9iO
Al mismo tiempo, durante los días más críticos, se registran temperaturas superiores a 38 °C y vientos de 40 a 50 km/h, lo que acelera la propagación del fuego. En algunos sectores se desarrollan nubes pirocúmulos, asociadas a incendios de gran intensidad.
Para cuantificar el papel del cambio climático, los investigadores comparan el clima actual -con un calentamiento global cercano a 1,3 °C respecto de la era preindustrial- con un escenario hipotético sin influencia humana. En ese mundo más frío, eventos como los analizados resultan considerablemente menos probables.
El análisis del HDWI también indica que el aumento de la temperatura global asociado a actividades humanas multiplica hasta 24 veces los valores del índice en la Patagonia, intensificando las condiciones favorables para incendios. En otras palabras, veinticuatro veces más chances de tener el combo perfecto para que un incendio se descontrole.
Factores naturales y vulnerabilidad
El estudio aclara que, además del calentamiento global, influyen modos de variabilidad natural como La Niña y el Modo Anular del Sur. Estos patrones favorecen anomalías anticiclónicas que promueven tiempo cálido y seco, aumentando la persistencia de las condiciones extremas. Sin embargo, actúan sobre un contexto climático ya modificado.
También se identifican factores de exposición y vulnerabilidad. En Chile, amplias plantaciones de pino radiata -altamente inflamables- se ubican cerca de áreas urbanas. La estructura homogénea y densa de estas forestaciones facilita la propagación del fuego. En Argentina, limitaciones en monitoreo, recursos y regulación del uso del suelo pueden dificultar una contención temprana.
Los incendios afectan bosques nativos, pastizales y áreas protegidas, incluyendo el Parque Nacional Los Alerces, reconocido por albergar algunos de los árboles más antiguos del planeta. La pérdida de hábitat impacta sobre especies vulnerables como el huemul y el pudú, además de numerosas aves y flora nativa.
Una tendencia consistente en los modelos
Todos los modelos climáticos utilizados en el estudio coinciden en proyectar una transición hacia condiciones meteorológicas más severas para incendios en ambas regiones, junto con una disminución de las precipitaciones estacionales. Esta consistencia entre modelos fortalece la confianza en que los cambios observados responden, en gran medida, al calentamiento global.
En un contexto donde la temporada de incendios se extiende y las olas de calor resultan más frecuentes, los resultados aportan evidencia cuantitativa: el riesgo no solo depende de la ignición o del manejo del territorio, sino también de una atmósfera que ya opera bajo nuevas condiciones térmicas.