Dramática paradoja: tenemos más lluvias pero menos reservas de agua

Es incuestionable que el cambio climático está generando lluvias más intensas, pero al mismo tiempo está provocando una marcada reducción de nuestras reservas de agua a nivel global. Veamos por qué se da esta contradicción.

Marina Fernández Marina Fernández 18 Dic 2018 - 04:58 UTC
Lluvias intensas pero menos reservas de agua
"La sequía se convertirá en la nueva normalidad”, afirma Sharma y su grupo de investigadores.

Investigadores académicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sydney (UNSW), dirigidos por el profesor Ashish Sharma, realizaron un estudio publicado recientemente en American Geophysical Union’s Water Resources Research. Trabajaron de manera exhaustiva analizando datos reales a nivel global, de precipitaciones y estado de los ríos, en lugar de basarse en simulaciones que modelan escenarios de climas futuros. Contaron con los datos medidos de 43 mil observatorios meteorológicos y 5300 sitios de monitoreo de ríos en 160 países.

Antes de analizar todos los resultados obtenidos en este trabajo, recordemos un concepto. Como consecuencia del calentamiento global el aire se encuentra a mayor temperatura, eso le permite almacenar más humedad, lo que favorece efectivamente al desarrollo de lluvias cada vez más intensas. Así lo predijeron los modelos climáticos y ya lo podemos palpar en el día a día. Este trabajo de la UNSW lo corrobora analizando los registros globales de precipitaciones extremas.

Ahora bien, si seguimos un razonamiento lineal y simple podríamos decir que, al tener precipitaciones más intensas las reservas de agua en el suelo aumentarían también, sin embargo esto no está pasando y aquí llega una gran paradoja del cambio climático. El equipo de la UNSW también se ha sorprendido con las conclusiones que arrojó su análisis de datos. “Esperábamos que aumentara la lluvia, lo que no esperábamos es que, a pesar de toda la lluvia extra caída en todo el mundo, los grandes ríos se estén secando”, afirmó Ashish Sharma.

Cuando más es menos

Es un hecho que se registran tormentas cada vez más severas, con cantidades extremas de lluvia que superan el sistema de drenaje y generan inundaciones trágicas; sobre todo en áreas urbanas poco preparadas para estos frecuentes temporales. Vemos diariamente en las noticias alrededor del mundo lamentar víctimas fatales, evacuados, heridos y destrozos materiales incalculables por culpa de precipitaciones torrenciales. Pero, justamente, nuestros reservorios de agua no dependen de este tipo de lluvias extremas, sino que se abastecen mucho mejor con las inundaciones de características moderadas, según relatan los especialistas. Los eventos de lluvias e inundaciones moderadas son clave en el relleno de los reservorios para nuestro posterior suministro de agua.

Sequedad de los suelos y menos reservas
"Las reservas de agua se están reduciendo, por el proceso de sequedad de los suelos en nuestras cuencas”, dice Sharma.

Investigaciones previas muestran que frente a los eventos de lluvias extremas, si los suelos circundantes están húmedos antes de una tormenta, el 62% de la lluvia provoca inundaciones que son captadas por las cuencas. Mientras que cuando los suelos están secos solo el 13% de la lluvia produce inundaciones.

Esto ocurre porque cuando los suelos estaban húmedos el flujo de agua se ve favorecido y el exceso de lluvia llega perfectamente hacia los ríos. En cambio, en la situación actual los suelos están más secos y eso los obliga a absorber más lluvia, el flujo disminuye. Menos agua en nuestros ríos significa menos agua para las ciudades y las granjas.

Agua verde y agua azul

En el análisis llevado por la UNSW explican que, por cada 100 gotas de lluvia que caen en tierra, solo 36 gotas son 'agua azul' (así se le llama al agua de lluvia que logra ingresar a los lagos, ríos y acuíferos), esta es la que se encuentra disponible para ser extraída y abastecer las necesidades humanas. Las restantes 64 gotas de lluvia se retienen principalmente como humedad del suelo, que son conocidas como "agua verde" y utilizadas por el paisaje y el ecosistema.

Como las temperaturas más cálidas hacen que se evapore más agua de los suelos, esos suelos secos están absorbiendo más lluvia, haciendo que la proporción de agua verde deba crecer a expensas de la azul, dejando menos agua disponible para uso humano. Por lo tanto “nos encontramos cada vez con menos agua en los lugares donde podemos almacenarla para su uso posterior”, afirman desde la UNSW.

¿Soluciones?

La opción más eficaz pero que llevará mucho tiempo, es aguardar a que los acuerdos internacionales para la reducción de las concentraciones de gases de efecto invernadero se materialicen y frenen el cambio climático. La otra opción es trabajar para adaptarnos al cambio.

Por ejemplo, en las áreas urbanas donde las inundaciones son cada vez más comunes, crear formas de almacenaje o de desvío del agua de lluvia, ampliando las capacidades de almacenamiento de los reservorios de agua. Políticas que apoyen la iniciativa de inversión de capital económico y humano, para la creación de "ciudades verdes", y reingeniería a escala masiva.

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