Inteligencia artificial y árboles urbanos: el modelo que puede enfriar calles hasta 3,5 °C

Un equipo de Queensland desarrolló una herramienta de inteligencia artificial que indica qué especies plantar y en qué punto exacto hacerlo para reducir el calor urbano. En simulaciones de verano extremo, la temperatura bajó hasta 3,5 °C.

La IA logró reducir la temperatura de la ciudad más de 3 °C
La IA logró reducir la temperatura de la ciudad más de 3 °C

Las ciudades no solo acumulan gente, autos y edificios. También acumulan calor. El asfalto, el hormigón y las superficies oscuras absorben radiación solar durante el día y la liberan lentamente por la noche. Así funciona la conocida isla de calor urbana: barrios que registran varios grados más que su entorno rural.

En ese escenario, plantar árboles ayuda. Pero no cualquier árbol, ni en cualquier lugar.

Un estudio publicado en Cities por investigadores de la Queensland University of Technology propone algo más fino: usar inteligencia artificial para decidir qué especie conviene plantar y en qué punto exacto hacerlo para maximizar el enfriamiento.

No es solo sombra: es microclima

El equipo, liderado por el doctorando Abdul Shaamala, desarrolló un marco algorítmico que combina dos piezas clave: el Índice Climático Térmico Universal (UTCI), que mide la sensación térmica real en personas, y los rasgos funcionales de distintas especies de árboles.

¿Por qué importa la especie? Porque no todos los árboles enfrían igual.

La forma del dosel, la densidad de la copa, si es caducifolio o perenne y su capacidad de evapotranspiración influyen en cuánto sol bloquea y cuánto vapor de agua libera al ambiente. Esa evaporación consume energía y enfría el aire cercano. Es física básica aplicada al paisaje urbano.

Las iniciativas tradicionales de forestación urbana suelen priorizar estética o disponibilidad. El modelo de QUT introduce otra variable: rendimiento térmico en condiciones extremas.

La prueba del verano duro

La simulación se realizó en un suburbio recientemente desarrollado en Bribie Island, en Queensland, elegido por su exposición a calor intenso y su trazado urbano típico.

El equipo trabajó con cuatro especies seleccionadas por su adaptabilidad y arquitectura de copa:

  • Fraxinus griffithii, fresno caducifolio de tamaño medio y copa redondeada.
  • Tristaniopsis laurina, perenne, denso, con copa uniforme en forma de cúpula.
  • Podocarpus elongatus, perenne y compacto, con copa estrecha y erguida.
  • Syagrus romanzoffiana, la palma reina, alta y con copa en abanico adaptada al clima subtropical.

Un algoritmo especializado exploró combinaciones posibles de ubicación y asignación de especies. No se trató de plantar más, sino de plantar mejor.

El resultado: la configuración optimizada logró una reducción del 22 % en las áreas con temperaturas superiores a 39 °C, aumentó en 18 % las zonas de confort térmico y alcanzó beneficios de enfriamiento de hasta 3,5 °C en comparación con el escenario base.

En una ola de calor, tres grados y medio pueden marcar la diferencia entre una jornada incómoda y un riesgo sanitario.

Dónde se juega la diferencia

El efecto isla de calor urbana no impacta a todos por igual. Las personas mayores, los niños y las comunidades de bajos ingresos suelen tener menor acceso a espacios verdes y aire acondicionado. La planificación inteligente del arbolado puede transformarse en una herramienta de salud pública.

La clave del modelo es que responde a estrés térmico dinámico. No parte de un plano estático, sino de cómo fluye el calor entre calles, fachadas y superficies a lo largo del día.

El algoritmo identifica puntos críticos donde una copa amplia puede bloquear radiación directa en horas pico o donde una especie con alta evapotranspiración puede reducir la carga térmica acumulada.

Conviene aclararlo: los resultados provienen de simulaciones bajo condiciones extremas de verano. No se trata todavía de una intervención a gran escala validada en múltiples ciudades.

Además, el desempeño real dependerá de mantenimiento, disponibilidad de agua, crecimiento efectivo del árbol y adaptación a distintos climas. Lo que funciona en un suburbio subtropical australiano puede requerir ajustes en ciudades áridas o templadas.

Aun así, el enfoque cambia la pregunta. Ya no es “¿plantamos árboles?” sino “¿qué árbol y exactamente dónde?”. En tiempos de calentamiento global y olas de calor más frecuentes, la infraestructura verde deja de ser un adorno urbano y pasa a ser estrategia climática. Y si la inteligencia artificial puede ayudarnos a ubicar cada copa donde más enfría, tal vez el mapa del calor urbano empiece a cambiar calle por calle.