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Ecocidio: la naturaleza, víctima olvidada de la guerra en Ucrania

La invasión de Rusia en suelo ucraniano lleva ya tres meses, dejando una destrucción masiva a nivel medioambiental. Un completo informe detalla qué está sucediendo con los distintos tipos de contaminación, la radiación nuclear, y los incendios y la deforestación.

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Un hombre intenta apagar el incendio de una casa tras un ataque ruso en Kharkiv, Ucrania. FELIPE DANA/AP

La invasión del territorio ucraniano por parte de las tropas rusas lleva ya tres meses. Los bombardeos, la cantidad de muertos, así como el calvario de más de una cuarta parte de la población que se vio obligada a abandonar sus hogares, ha acaparado con justa razón la atención del mundo entero.

Pero mucho menos se habla del daño masivo y la destrucción de ecosistemas que se está llevando a cabo en Ucrania, lo que se conoce como ecocidio.

Desde que empezó la invasión, la organización ecologista ucraniana Ecoaction está recopilando en un mapa interactivo los más de 200 hechos que podrían suponer un ecocidio o crimen ecológico. Su objetivo es que sirvan de prueba para llevar a Rusia a la Corte Penal Internacional, aunque reconocen que es "difícil" juzgar este tipo de crímenes. En declaraciones al medio español RTVE, Yevhenia Zasiadko, miembro de Ecoaction, afirmó que "queremos que Rusia pague un precio por ello y que sirva para que no vuelva a cometer estas acciones en un futuro contra Ucrania o contra otros países".

En un completo informe elaborado por RTVE de España, se analiza en detalle el tipo, cantidad y magnitud de daños producidos al medioambiente a causa de la guerra actual en el territorio de Ucrania. Veamos algunos de los puntos más destacados.

Contaminación en Ucrania: aire, suelo y agua

El este de Ucrania, la zona más afectada actualmente por la guerra, es el corazón industrial del país. En el Donbás había antes del inicio de la invasión 4.500 compañías potencialmente peligrosas para el medio ambiente, según un informe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Entre ellas, minas, refinerías, depósitos de combustible, plantas metalúrgicas o químicas, muchas de ellas convertidas en el principal objetivo de los ataques rusos para reducir la capacidad de resistencia de Kiev.

La OSCE advierte de que la "principal amenaza" para el medioambiente en situaciones de conflicto es el impacto de los combates sobre plantas industriales, lo que puede liberar a la atmósfera, a los suelos y a las reservas de agua cercanas una cantidad de sustancias tóxicas todavía incalculable.

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Explosión en la ciudad de Kiev.

Además del este industrial, los ataques se concentran en el sur rural. El país, granero de cereales del mundo, se enfrenta a la infiltración de los tóxicos que dejan los ataques y comprometen una cosecha de la que dependen millones de personas para sobrevivir.

Según Heorhiy Veremiychyk, de la organización Centro Ecológico Nacional de Ucrania, el mayor riesgo de los ataques es su impacto en ríos y acuíferos, que ya han dejado sin agua a 1,4 millones de personas en el este del país y a 4,6 millones con acceso limitado en el resto de Ucrania, según Unicef. "Será un problema que llevará años porque hay que buscar nuevas fuentes de agua potable", advierte.

El latente peligro nuclear en Ucrania

El miedo a un desastre nuclear sigue muy presente en un país todavía herido por la catástrofe de Chernóbil en 1986.

El gran "sarcófago" que custodia al reactor accidentado se ha mantenido intacto a pesar de los ataques, pero el tráfico de soldados y vehículos militares rusos por las inmediaciones ha hecho aumentar los niveles de radiación beta y gamma, según las autoridades ucranianas.

El peligro no es solo que una bomba afecte a los reactores de una central nuclear, sino que se pueda cortar el suministro eléctrico, como ha ocurrido en varias ocasiones en Chernóbil durante las primeras semanas de guerra. "Si una explosión afecta al suministro eléctrico de la central y lo bloquea por completo, la instalación estaría en riesgo. Es muy poco probable, pero puede ocurrir. Eso fue lo que pasó en Fukushima: resistió un terremoto de 9,1, pero se quedó sin electricidad y hubo el accidente que todos conocemos", explica Francisco Calvino, profesor de Ingeniería Nuclear de la Univesitat Politècnica de Catalunya.

Otro riesgo adicional es que el personal que trabaja en estas plantas, "está trabajando muchas horas bajo estrés y bajo las condiciones de una ocupación militar, lo que hace aumentar la inseguridad", según indica Doug Weir, director de la organización británica Conflict and Environment Observatory.

Incendios y deforestación

Los incendios que causa la caída de una bomba pueden extenderse sobre grandes extensiones del boscoso territorio ucraniano. Con los datos captados por el satélite Copernicus, se puede observar que los incendios forestales que se han registrado en el país desde el 24 de febrero, cuando empezó la guerra, se han concentrado en las zonas más castigadas por los combates, como el noroeste de Kiev.

Los incendios no son el único peligro que está diezmando los bosques desde que empezó la guerra. El uso masivo de madera para el Ejército está provocando una gran deforestación, así como también por parte de la población desplazada, que ante la escasez de electricidad o combustible recurren a la tala de árboles para calentarse.